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Archivo de la etiqueta: Psicología

CONGRESO NACIONAL DE PSICOPEDAGOGIA: La Psicopedagogía en el discurso contemporáneo.

LA PSICOPEDAGOGÍA EN EL DISCURSO CONTEMPORÁNEO: NUEVAS PERSPECTIVAS.

    afiche congreso psicopedagogia la rioja

Conferencias, Talleres , Pósters

Disertantes:
– Dr. Jorge Agüero Analista Miembro de Escuela de Orientación Lacaniana de Córdoba ( AME ).
– Lic. Haydee Echeverría, Directora de la Carrera de Psicopedagogía de La Universidad Nacional de San Martin- Escuela de Humanidades. Integrante del Equipo de Maduración y Desarrollo Hospital Garraham Bs.As
– Lic. Jorge Garaventa, Fundador y director del centro de Psicología y Psicopedagogía Clínica de Mar deL Plata.
– Lic. Silvia Pérez Fonticiella, Directora de la Diplomatura en integración socioeducativa de la Universidad Blas Pascal. Directora IINUAR.
– Lic. Carlos Gaitán, consultor de la Fundación Desafío, Ex Presidente de la FAP
– Dr. Marcos Andrada, investigador del Conicet y Docente de UNLAR.
– Lic. Mario Valdez, Especialista en Neuropsicología del lenguaje y co-director del IINUAR (Equipo Interdisciplinario de investigaciones y capacitación en Neuropsicología, Psicopedagogía, Sociología Clínica y Neurociencia Cognitiva)

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“EL JARDIN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN” Orientación Vocacional Ocupacional en Adultos Mayores

 

“EL JARDIN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN” Orientación Vocacional Ocupacional en Adultos Mayores.

 

 

 

 

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LA SOCIOLOGÍA EN LOS TIEMPOS DEL INDIVIDUO

LA SOCIOLOGÍA EN LOS TIEMPOS DEL INDIVIDUO

Entrevista al sociólogo Darío Martucelli

 

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ADOLESCENTES CON DEPRESIÓN Y ESTRÉS

ADOLESCENTES CON DEPRESIÓN Y ESTRÉS

Las exigencias académicas y la necesidad de sentirse aceptados son algunos de los factores que más influyen en el desarrollo de estos trastornos

En la adolescencia, problemas psicológicos como la depresión o el estrés no siempre se manifiestan con las señales características en los adultos. En muchas ocasiones, la depresión queda enmascarada bajo otros síntomas, como agresividad o irritabilidad. Por este motivo, se aconseja a los padres que estén atentos a los cambios de humor de sus hijos y fomenten la comunicación con ellos.

  • La depresión y el estrés son dos de los problemas de salud más importantes en la actualidad. Y los adolescentes, inmersos en una etapa de cambios cruciales, también los sufren: uno de cada cinco padece sus consecuencias. El estrés es la respuesta automática y natural del cuerpo ante las situaciones que resultan amenazadoras o desafiantes. El entorno está en constante cambio y hay que adaptarse de manera continua. Sin embargo, cuando el estrés es excesivo pueden desarrollarse problemas psicológicos, como trastornos de ansiedad o depresión.

Señales habituales

Entre las señales del estrés habituales en esta franja de edad figuran taquicardias, aumento de la agresividad, abuso de sustancias tóxicas, como el alcohol o las drogas, y el desarrollo de alguna enfermedad física. Como destaca Esther Calvete, profesora de psicología de la Universidad de Deusto, “el estrés responde a una situación de desajuste vital”. Esta situación que lo genera es muy variada: un examen en el instituto, discusiones con los amigos o la separación de los padres. Cuando el estrés es intenso, según las peculiaridades de cada individuo, pueden surgir síntomas de diversa naturaleza: ansiedad, depresión o conducta agresiva, entre otras.

Los síntomas de la depresión en los más jóvenes pueden ser diferentes a los manifestados por adultos. No es sencillo diagnosticar una depresión durante la adolescencia, ya que en esta etapa son habituales los altibajos en el estado de ánimo. Además, indicios tan típicos de la depresión como tristeza, problemas para dormir o falta de autoestima pueden estar enmascarados por una conducta desobediente, discusiones frecuentes, consumo de drogas, etc.

En estos casos, explica Calvete, los adultos pueden interpretar que el problema del joven es de una naturaleza distinta a la depresión, pese a que un diagnóstico correcto es el paso previo necesario para una intervención adecuada. El adolescente puede mostrarse triste y apático, aunque en ocasiones manifiesta irritabilidad y reacciona de manera brusca hacia las demás personas. “Estos cambios emocionales se acompañan de pensamientos negativos o falta de autoestima, se siente rechazado o sin esperanza de que las cosas mejoren. En ocasiones, los pensamientos incluyen ideas de suicidio”, añade la experta.

Sentirse aceptado

El papel de la familia consiste en ayudar a que su hijo tenga un auto-concepto de sí mismo equilibrado y una autoestima positiva

Durante la adolescencia, ser aceptado por los demás se convierte en una necesidad psicológica fundamental. Esta necesidad de aceptación tan intensa “se debe a los estereotipos y valores que caracterizan la cultura occidental”, considera Calvete. A las chicas se les enseña, en mayor medida, que es importante agradar a los demás, lo que implica tener un aspecto físico que guste. Algunas comienzan a deprimirse a raíz de comentarios negativos sobre su aspecto físico. En muchos casos, cuando se tiene la creencia de “necesito ser aceptada por los demás, sería horrible que me rechazaran…”, cada vez que se enfrenta a una crítica o al rechazo por parte de los demás lo pasa muy mal. Si estas situaciones se repiten de forma prolongada, pueden desarrollarse los síntomas depresivos.

Un joven que tiene problemas para que le acepten cambiará algunas de sus conductas. La psicóloga Sílvia Sumell afirma que algunas señales son indicativas de que un adolescente tiene problemas para que le acepten socialmente, como el hecho de que “nunca o muy pocas veces quede con alguien, no le llamen, no se conecte a ninguna red social como Facebook, tenga problemas con los compañeros de clase (peleas) o con los profesores (contesta mal, es desafiante, etc.), no le apetece quedar con nadie, se aburre o está más irritable que de costumbre, tiene alteraciones del sueño o del apetito, o empeora su rendimiento académico”.

De la misma manera, algunos estudios señalan que a partir de los 13 ó 14 años aumentan los casos de depresión de una forma muy acusada. Este incremento se prolonga durante toda la adolescencia. Las chicas se deprimen con más frecuencia que los chicos: al final de la adolescencia, la tasa de depresión del sexo femenino es el doble que la del masculino.

Presión académica, depresión y estrés

Una de las principales causas de depresión en la adolescencia es la exigencia por obtener buenas notas. Alicia López de Fez, psicóloga en Valencia, señala que los adolescentes se quejan de la presión académica, ya que llegan a la consulta con un gran sentimiento de inseguridad y con poca confianza en sus posibilidades. En las sesiones, ganan autoconfianza y las quejas por la carga de los estudios dejan de ser tales de manera progresiva. Si se ajustan las metas a los recursos, si se establecen metas realistas, la presión académica percibida es menor y la frustración, también.

Las quejas sobre la cantidad excesiva de deberes, exámenes o trabajos que entregar y muy poco tiempo son habituales. No obstante, Sumell afirma que “no hay una presión académica generalizada, sino que los jóvenes con problemas añadidos suelen percibirlo así y, a consecuencia, su rendimiento académico queda afectado”.

Esta presión no sólo es responsabilidad de los padres. Los expertos coinciden en que hay una presión social que empuja a ser cada vez más y más competitivos. Quienes no tienen una vocación clara o están desmotivados con los estudios, pueden sufrir más. “Acuden a la consulta jóvenes sin vocación ni hábito de estudio que sobreestiman sus cualidades y que no son capaces de reconocer que sin fuerza de voluntad y sacrificio no lograrán empezar, o terminar según los casos, sus estudios universitarios”, explica López de Fez.

Por otro lado, una de las principales consecuencias de la actual crisis económica es el futuro laboral que espera a muchos de ellos. La falta de perspectivas en este terreno es un factor estresante en el final de la adolescencia y puede provocar problemas como ansiedad o depresión.

FOMENTAR LA AUTOESTIMA

El auto-concepto es la imagen que se tiene de uno mismo y la autoestima es la medida en que esa imagen gusta o no al propio individuo. La autoestima es positiva si la imagen que tiene una persona de sí misma es positiva. Sílvia Sumell explica que la autoestima se forma a lo largo de la vida según los comentarios que se reciben de los padres y de las experiencias que se viven. “Una de las funciones de las familia es ayudar a que su hijo tenga un auto-concepto de sí mismo equilibrado (adaptado a su realidad) y una autoestima positiva”, indica Sumell.

Esta profesional aconseja, en primer lugar, hacer uso del lenguaje de la autoestima: mejorar la comunicación con el adolescente y, para ello, emplear un lenguaje positivo y evitar acusaciones, ridiculizaciones y comentarios irónicos. Para que los progenitores contribuyan a fomentar una autoestima sana en sus hijos, aconseja:

  • Aceptarles tal y como son.
  • Descubrir qué tienen de especial y decírselo.
  • Tratarles con respecto y afecto.
  • Premiar sus éxitos y sus esfuerzos.
  • Ayudarles a aceptar sus propias limitaciones.
  • Colaborar para que se fijen metas razonables.
  • Ayudarles a conseguir el éxito social porque es básico para ellos.
  • Fomentar su autonomía mediante la confianza y permitirles asumir responsabilidades.
  • Entrenarles para solucionar problemas interpersonales.

mujer pelo barco

 

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Vídeo

LA INDEFENSIÓN APRENDIDA

CrainasnoExodo1_SebastiaoSalgado

 

 

http://www.unitedexplanations.org/2014/03/28/asi-es-como-en-solo-5-minutos-esta-profesora-induce-indefension-aprendida-a-sus-alumnos/

Este video muestra con mucha claridad una experiencia realizada por una profesora para mostrar a sus alumnos en que consiste la indefensión aprendida. Hay que compartirla y reflexionar sobre esto, porque sin duda es un fenómeno que excede las fronteras del aula, es un fenómeno que subliminalmente, inconscientemente se pone en juego en cualquier situación social, en cualquier interacción y no tengo dudas que forma parte de los fenómenos de base de la apatía, de la falta de compromiso social, de la falta de defensa de nuestros derechos básicos.Spf.

 

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LA NEUROSIS DEL ESPACIO SOCIAL.

LA NEUROSIS DEL ESPACIO SOCIAL.

Los destinos individuales, están atravesados siempre por una lógica de la distribución, que tiende a mantener a cierto grupos de individuos en una estructura social estable y jerárquica, y una lógica de la historicidad que lleva al hombre en general, a conformarse con lo que “hereda”, y sólo una circunstancia que lo sacuda muy profundamente, podrá llegar a subvertir lo que siente como destino, y empujarlo a producir un nuevo lugar, a construirse sobre la diferencia. Silvia Pérez Fonticiella.

“Las últimas lluvias cayeron con suavidad sobre los campos rojos y parte de los campos grises de Oklahoma, y no hendieron la tierra llena de cicatrices. Los arados cruzaron una y otra vez por encima de las huellas dejadas por los arroyos. Las últimas lluvias hicieron crecer rápidamente el maíz y salpicaron las orillas de las carreteras de hierbas y maleza, hasta que el gris y el rojo oscuro de los campos empezaron a desaparecer bajo una manta de color verde. A finales de mayo el cielo palideció y las rachas de nubes altas que habían estado colgando tanto tiempo durante la primavera se disiparon. El sol ardió un día tras otro sobre el maíz que crecía hasta que una línea marrón tiñó el borde de las bayonetas verdes. Las nubes aparecieron, luego se trasladaron y después de un tiempo ya no volvieron a asomar. La maleza intentó protegerse oscureciendo su color verde y cesó de extenderse. Una costra cubrió la superficie de la tierra, una costra delgada y dura, y a medida que el cielo palidecía, la tierra palideció también, rosa en el campo rojo y blanca en el campo gris.
En los barrancos abiertos por las aguas, la tierra se deshizo en secos riachuelos de polvo. Las ardillas de tierra y las hormigas león iniciaron pequeñas avalanchas. Y mientras el fiero sol atacaba día tras día, las hojas del maíz joven fueron perdiendo rigidez y tiesura; al principio se inclinaron dibujando una curva, y luego, cuando la armadura central se debilitó, cada hoja se agachó hacia el suelo. Entonces llegó junio y el sol brilló aún más cruelmente. Los bordes marrones de las hojas del maíz se ensancharon y alcanzaron la armadura central. La maleza se agostó y se encogió, volviendo hacia sus raíces. El aire era tenue y el cielo más pálido; y la tierra palideció día a día.”

“Llegó la aurora, pero no el día. En el cielo gris apareció un sol rojo, un débil
círculo que daba poca luz, como en el crepúsculo; y conforme avanzaba el día, el
anochecer se transformó en oscuridad y el viento silbó y lloriqueó sobre el maíz
caído.
Los hombres y las mujeres permanecieron acurrucados en sus casas y para
salir se tapaban la nariz con pañuelos y se protegían los ojos con gafas. La noche
que volvió era una noche negra, porque las estrellas no pudieron atravesar el
polvo para llegar abajo, y las luces de las ventanas no alumbraban más allá de
los mismos patios. El polvo estaba ahora mezclado uniformemente con el aire,
formando una emulsión equilibrada. Las casas estaban cerradas a cal y canto, y
las puertas y ventanas encajadas con trapos, pero el polvo que entró era tan fino
que no se podía ver en el aire, y se asentó como si fuera polen en sillas y mesas,
encima de los platos. La gente se lo sacudía de los hombros. Pequeñas líneas de
polvo eran visibles en los dinteles de las puertas.
A media noche el viento pasó y dejó la tierra en silencio. El aire lleno de
polvo amortiguaba el sonido mejor que la niebla. La gente, tumbada en la cama,
oyó cómo el viento paraba. Se despertaron cuando el impetuoso viento
desapareció. Tumbados en silencio escucharon intensamente la quietud. Luego
cantaron los gallos, un canto amortiguado y las personas se removieron
inquietas en sus camas deseando que llegara la mañana. Sabían que el polvo
tardaría mucho tiempo en dejar el aire y asentarse. Por la mañana el polvo colgó
como una niebla y el sol era de un rojo intenso, igual que sangre joven. Durante
todo ese día y el día siguiente el polvo se fue filtrando desde el cielo. Una manta
uniforme cubrió la tierra. Se asentó en el maíz, se apiló encima de los postes de
las cercas y sobre los alambres, se posó en los tejados y cubrió la maleza y los
árboles.
Las gentes salieron de sus casas y olfatearon el aire cálido y picante y se
cubrieron la nariz defendiéndose de esa atmósfera. Los niños salieron de las
casas, pero no corrieron ni gritaron como hubieran hecho después de la lluvia.
Los hombres, de pie junto a las cercas, contemplaron el maíz echado a perder,
muriendo deprisa ahora, sólo un poco de verde visible tras la película de polvo.
Callaban y se movían apenas. Y las mujeres salieron de las casas para ponerse
junto a sus hombres, para sentir si esta vez ellos se irían abajo. Observaron a
hurtadillas sus semblantes, sabiendo que no tenía importancia que el maíz se
perdiera siempre que otra cosa persistiese. Los niños se quedaron cerca,
dibujando en el polvo con los dedos de los pies desnudos y pusieron sus sentidos
en acción para averiguar si los hombres y las mujeres se vendrían abajo. Miraron
furtivamente los rostros de los adultos, y luego, con esmero, sus dedos dibujaron
líneas en el polvo. Los caballos se acercaron a los abrevaderos y agitaron el agua
con los belfos para apartar el polvo de la superficie. Pasado un rato, los rostros
atentos de los hombres perdieron la expresión de perplejidad y se tornaron duros
y airados, dispuestos a resistir. Entonces las mujeres supieron que estaban
seguras y que sus hombres no se derrumbarían. Luego preguntaron: ¿Qué
vamos a hacer? Y los hombres replicaron: No sé. Pero estaban en buen camino.
Las mujeres supieron que la situación tenía arreglo, y los niños lo supieron
también. Unos y otros supieron en lo más hondo que no había desgracia que no
se pudiera soportar si los hombres estaban enteros. Las mujeres entraron en las
casas para comenzar a trabajar y los niños empezaron a jugar, aunque
cautelosos. A medida que el día avanzaba, el sol fue perdiendo su color rojo.
Resplandeció sobre la tierra cubierta de polvo. Los hombres, sentados a la puerta
de sus casas, juguetearon con palitos y piedras pequeñas; permanecieron
inmóviles sentados, pensando y calculando”
LAS UVAS DE LA IRA Cap.I JOHN STEINBECK.

 

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Cómo realizar la prueba Teberosky para evaluar el proceso de aprendizaje de la lectoescritura

 

 

 

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=== >>    Cómo realizar la prueba Teberosky para evaluar el proceso de aprendizaje de la lectoescritura

 

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