RSS

Archivo de la etiqueta: familia

Imagen

POSGRADO UNIVERSITARIO : DIPLOMATURA EN INTEGRACIÓN SOCIO-EDUCATIVA CON APORTES DE LAS NEUROCIENCIAS

DIPLOMATURA  UBP OCTUBRE (2)

Anuncios
 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Palabras andantes de la vida cotidiana

Palabras andantes de la vida cotidiana.

vía Palabras andantes de la vida cotidiana.

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

LA REVOLUCIÓN DE LA ESPERANZA.

LA REVOLUCIÓN DE LA ESPERANZA.

933963_518073354920013_819953815_nHace algunos días revolviendo libros en una pequeña librería de la ciudad de Córdoba, me topé con La Revolución de la Esperanza – Hacia una tecnología humanizada –  de Erich Fromm.

El título ya es bastante sugerente, y uno se pregunta:   se puede seguir escribiendo sobre la esperanza en esta época?. ¿Por qué  hay que humanizar la tecnología? ;¿ qué  se nos fue de las manos? .

Inevitablemente  nos viene  la imagen de algunas novelas o ensayos de “ciencia Ficción”, como las de Un mundo feliz de  A.  Huxley, o 1984, de Orwell, y legendarias  películas como Tiempos Modernos o Metrópolis.

Fromm plantea un tema muy polémico por estos días,  relacionado  a la trampa en que caemos los integrantes de esta sociedad de consumo, respecto a la necesidad (un poco interna, y otro poco creada por los medios), de poseer bienes materiales, y por otro lado, la permanente queja e insatisfacción en que estamos sumidos.

Esta contradicción que se hace más evidente en los adultos, esta angustia existencial del querer tener, y una vez logrado, seguir  experimentando la herida abierta de que algo, igual me sigue faltando y que nada  colma, ese estado de insatisfacción permanente, esa queja constante de aburrimiento, de no saber qué hacer, de no tener ganas, que tanto nos molesta en el discurso y actitudes de los niños y adolescentes de hoy, en realidad, es una semillita que hemos sembrado los adultos. Recordemos, que somos su mejor y su peor espejo.

“La creciente insatisfacción con nuestra actual forma de vida, con su pasividad y su silencioso aburrimiento, su abolición de la vida privada y su despersonalización, aunada al ansia de una existencia dichosa y significativa, que responda a esas necesidades especificas desarrolladas por el hombre durante los últimos milenios de su historia y que lo hacen diferente tanto del animal como de la maquina computadora. Esta tendencia es muy fuerte porque la clase opulenta de la población ha gustado ya de la plena satisfacción material y ha descubierto que el paraíso del consumidor no da la felicidad que promete.  El pobre, dice Fromm, desde luego no ha tenido  oportunidad alguna de descubrirlo, excepto observando la falta de alegría de aquellos que “poseen todo lo que un hombre podría desear”.

Hasta las ideologías y los conceptos han perdido mucho de su atractivo, asi como los clises tradicionales de “izquierda”  y “derecha” o “comunismo” y “capitalismo” han perdido su significado.

“Los individuos buscan una nueva orientación, una nueva filosofía, que tenga por centro la prioridad de la vida – física y espiritual – y no la prioridad de la muerte.”

Cuando los papás nos consultan por un niño entre los 5 y los 11 años que no quiere ir a la primaria, que no quiere estudiar ni hacer tareas que tengan que ver con aprender cosas nuevas, que ni siquiera se motiva en ir a la escuela, como lugar de reunión y socialización con otros chicos, nos preocupa más, que el encontrarnos con algún trastorno de lenguaje, o dificultades en las matemáticas.  Saben por qué?, Porque la motivación , la alegría de vivir , la alegría de conocer  , de dominar la lectura y el cálculo  para acceder a todo un universo de conocimientos, y  aventuras,  no se enseña, por lo menos con los métodos de educación y reeducación tradicionales.

La alegría de vivir,  compartir y saciar la curiosidad del niño y el adolescente, se contagia.

Siiiii,  ….se contagia !    Se trasmite con el ejemplo, no con el discurso, con la pasión con que nuestro hijo nos ve resolver un problema, escuchar atentamente una conversación, leer un libro, pedir disculpas cuando nos equivocamos, ser solidarios con nuestros semejantes,  discrepar con respeto en una discusión con los amigos.

Es un importante “virus” que deberíamos inocular los adultos próximos al niño:  padres, docentes, amigos, desde las primeras etapas de su vida.

Hace algunos días,  una mamá me contaba fascinada de su última adquisición tecnológica,  un columpio digital. Tú colocas al chico, me explicaba,  dentro de una bolsa de tela con orificios para que cuelguen las piernitas del bebé, aprietas un botón y el columpio hamaca automáticamente al niño a diferentes velocidades, acompañado si quieres de música funcional, solo apretando  otro botón,…y como broche de oro, lo podes disponer justo frente a la TV y allí, el niño estará siendo mecido, arrumacado , y cantado por su mama electrónica, viendo las mejores secuencias de dibujitos con personajes de formas nada humanas que se lanzan unos sobre otros violentamente, que gritan  estrepitosamente, teniendo que  salvar al mundo de algún villano o de la amenaza de una explosión nuclear.

LA CULTURA ICÓNICA.

Ya lo he planteado en otros artículos publicados, que la cultura icónica en la que se mueven los niños y adolescentes de hoy, acaba por transformar sus gustos, sus hábitos perceptivos e incluso sus procesos mentales, convirtiendo en obsoletas e ineficaces muchas de las formas de comunicación utilizadas tradicionalmente.

Esas modificaciones perceptivas, afectan no solo a la aceleración  en la estimulación sensorial, sino también a la exigencia de la calidad de los estímulos, y esto nos lleva a caer abruptamente en el consumo,  – cada vez demandamos más y mejor imagen – , mejor calidad de sonidos, nuevos  equipos de audio y nuevas computadoras se vuelven rápidamente “antiguas”.

Ya lo señalamos en “El discreto encanto de la seducción audiovisual”,  artículo, publicado en este Semanario: resultados de  investigaciones recientes nos han aportado información, acerca de los riesgos que tiene el pasar muchas horas frente a la Tv para niños y adolescentes, en especial, como altera sus niveles de atención, la  regulación de la conducta y compromete sus aprendizajes.

LECHE Y MIEL.

Fromm nos enseñaba, en su hermoso libro “El Arte de Amar”,  que La mayoría de las madres son capaces de dar “leche”, pero sólo unas pocas pueden dar “miel” también.

Que significa esto?

Fromm decía:   “Para estar en condiciones de dar miel, una madre debe ser no sólo una “buena madre”, sino una persona feliz -y no son muchas las que logran alcanzar esa meta-.

No hay peligro de exagerar el efecto sobre el niño. El amor de la madre a la vida es tan contagioso como su ansiedad.

Ambas actitudes ejercen un profundo efecto sobre la personalidad total del niño; indudablemente, es posible distinguir, entre los niños -y los adultos- los que sólo recibieron “leche” y los que recibieron “leche y miel”.

Yo me pregunto y les pregunto, parafraseando a un conocido periodista, se necesita algo más que sentido común, para darnos cuenta que no es lo mismo, ayudar a crecer a un bebé y a un niño desprovisto del contacto humano, de unos brazos que lo abracen y acunen cálidamente, de unas manos que mesan suavemente su cuna o su columpio, o de la privación de la melodía inconfundible de la voz materna o paterna cantando una canción de cuna….

Esta experiencia humana, es irrepetible y nos marca para siempre. Si me preguntan dónde está la génesis de las ganas de vivir, de la esperanza, de la confianza en que vivir vale la pena, que desarrolla un ser humano,  les diría que está ahí, en esas primeras experiencias e interacciones entre un bebé y su madre o su padre. Experiencias que nos marcan para toda la vida, que modelan nuestras actitudes, nuestra predisposición a ser espectadores o actores en el escenario humano, y que se cristalizan en recuerdos.

¿Y qué es Recordar?… como nos señala el escritor uruguayo Eduardo Galeano, recordar viene del latín “re- cordis”, y quiere decir, volver a pasar por el corazón…

Silvia Pérez Fonticiella

CONSULTORA EN NEUROCIENCIAS

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

LA IMPORTANCIA DEL “GRUPO DE PARES”, PARA LOS ADOLESCENTES.

 Si realizamos una cartografía del pensamiento social clásico y contemporáneo, puede afirmarse que el ser humano no es un ser social por naturaleza, es decir, no nace social sino que “se hace”. A partir del nacimiento y mediante el proceso de socialización, adquiere la “herencia social”; este proceso es fundamental, pues a través de sus mecanismos, la sociedad produce y reproduce de manera continua su propia existencia. Podría decirse que la sociedad “fabrica sus miembros”.

Este proceso, tan bien estudiado por los sociólogos, se ve reforzado por los estudios científicos en el campo de la biología, en los que hay fuerte evidencia de que las modificaciones epigenéticas son transgeneracionales, según se ha podido constatar en muchas especies.

¿Qué significa esto?; significa que hay factores ambientales que modifican el DNA y que pueden ser transmitidos a la próxima generación. Estas investigaciones reflotarían la vieja idea, tan cuestionada a Lamarck, respecto a que determinadas características adquiridas durante la vida, son transmitidas por la herencia.

Lamarck propuso que la gran variedad de organismos, que en aquel tiempo se aceptaba, eran formas estáticas creadas por Dios, habían evolucionado desde formas simples; postulando que los protagonistas de esa evolución habían sido los propios organismos por su capacidad de adaptarse al ambiente: los cambios en ese ambiente generaban nuevas necesidades en los organismos y esas nuevas necesidades conllevaría una modificación de los mismos que sería heredable.

Bien, la moderna microbiología y la genética están encontrando cada vez más hallazgos, respecto a que Lamarck tenía razón.

Podemos hipotetizar entonces que nuestros sistemas sensoriales, nuestros valores, nuestros afectos, además de nuestros sistemas cognitivos, se  van “reprogramando” a partir del vertiginoso ritmo de vida que impone la sociedad global actual: una intensa y cotidiana exposición a la tecnología, el derrumbamiento de la solidez de nuestras instituciones de referencia y otras modificaciones que inevitablemente, se producen desde afuera hacia adentro, es decir de la sociedad hacia el individuo. Estas modificaciones adaptativas se incorporan a nuestro programa genético, lo reprograman y así, es transmitido a las siguientes generaciones.

Si tomamos conciencia de estos fenómenos que aportan las investigaciones científicas, deberemos hacernos cargo del tipo de vida que llevamos, de las elecciones que hacemos, de los valores que preservamos y de las acciones que llevamos a cabo, porque nuestras conductas y decisiones, serán una herencia para el “próximo” ser humano.

Sabemos bien que el medio en el que nacemos, condiciona las posibilidades de acceso a los bienes sociales, (educación, trabajo, ingresos, poder, prestigio, etc), situación que modelará, en parte,  nuestras oportunidades futuras.

Pero también sabemos que cada uno de nosotros puede ser un actor, un productor activo de símbolos y signos, los que utilizaremos para interpretar la realidad, para crear nuevas respuestas a esa realidad, siempre de acuerdo a los significados otorgados a cada situación.

 Desde el nacimiento, los humanos transitamos por diferentes “agencias de socialización”; el mundo social se nos presenta como algo inevitable. El niño pequeño no puede eludir a sus significantes primarios, que cubrirán sus necesidades pero que también le impondrán, tácitamente o no, pautas de conducta, hábitos, modos de ver el mundo; también lo cargarán de determinadas expectativas, lo codificarán con su lenguaje y más aún, con sus propios significantes.

En la actualidad asistimos a un fenómeno social al que podríamos llamar: “La des-institucionalización de la sociedad”. Cada vez son menos los individuos que responden a un modelo institucional de valores homogéneos, por lo cual el proceso de socialización de un individuo se va estableciendo “en pedazos”, como señala la socióloga Van Haecht (1999); esta situación se produce debido a que en esta realidad, el individuo no es “fabricado”  a partir de una sola agencia de producción social. Los investigadores clásicos  coinciden en señalar, como principales agencias de socialización, a la familia, la escuela, la iglesia, los grupos de pares y los medios masivos de comunicación.

Me interesa hoy reflexionar sobre una de estas “agencias”, como lo es el grupo de amigos o de pares. Hablamos de pares, pues son grupos de personas que comparten algunas similitudes, como la edad, actitudes hacia los adultos o figuras de autoridad, grado de desarrollo académico, bandas de música, una jerga común o ecolecto, entre otras.

Cuando el niño crece, casi en forma accidental empieza a integrarse a grupos de pares , ya sea en el barrio, en la escuela, en el club, y paulatinamente sus interacciones y participaciones en grupos se hacen más selectivas, teniendo en cuenta intereses comunes, actividades, afinidades personales…

Estos grupos atraen a los chicos, porque su estructura es bien diferente de la que presentan las otras “agencias de socialización”. Carecen de organización formal y de funciones manifiestas fijadas desde afuera, pueden tener carácter temporario y se centran en intereses inmediatos.

En sus grupos de pares, crean sus propias pautas culturales y hasta formas de comunicación, una especie de para-lenguaje, que no es generalmente comprendido por los adultos, cumpliendo justamente la función de excluirlos de este espacio que quieren sentir propio, no invadido por ellos. Estas conductas no son exclusividad de las generaciones actuales, han existido siempre con las  variaciones propias de cada contexto, y dentro del marco de permisividad de cada época y sociedad.

Pero no debemos subestimar el papel importantísimo que juega el grupo de pares en la formación axiológica y ética, del adolescente, etapa en la que se convierte en la mayor fuente de referencia.

Gran parte de la orientación del adolescente hacia el futuro, la valoración que hace del mundo de los adultos, sus actitudes, valores, metas y normas de la familia y de la escuela, sus vínculos con padres y hermanos, están condicionados por el grupo o los grupos de amigos de referencia.

El individuo se sumerge allí en  formatos de aprendizaje que no encontrará en otros ámbitos y que dejarán huellas en su cosmovisión del mundo y en sus modelos vinculares, entre otras dimensiones.

¿Qué tienen esos grupos que impactan tanto y llevan, incluso, a enfrentar al adolescente con su familia y docentes?

Algunas respuestas, tienen que ver justamente con las características estructurales de estos grupos, que hacen de ellos un campo de experiencias de relaciones más igualitarias; en general, el sujeto ejerce los mismos roles que los otros y hasta puede llegar a tener cierto liderazgo, fenómenos que marcan en general claras pautas diferenciales con la estaticidad de posiciones que puede ocupar dentro del núcleo familiar y la escuela.

El manejo del tiempo, la vestimenta, conductas relacionadas con el  género, con el sexo, con el juego, con las preferencias musicales, con los ídolos, con la discriminación, tienen formas, pautas, reglas, que son generadas por el propio grupo y con frecuencia, las mismas enfrentan y hasta desafían, aquellas que tratan de imponer la familia y la escuela.

Es característica de la adolescencia una conducta oposicionista, reivindicativa, un “hacerse oír”,  marcando la diferencia de opinión, de formas de vestir,  de actitudes.

En general, los “ídolos” que eligen los jóvenes y que toman como figuras significativas a imitar, representan valores muy opuestos a los modelos identificatorios que proporcionan el entorno familiar y escolar. Estos grupos también proveen de modelos de satisfacción, frustración y penalización. El sujeto debe aprender a medir las consecuencias de sus acciones en entornos no tan permisivos como puede ser, en general, la familia; debe también aprender a seleccionar formas de respuesta a situaciones, a modular sus afectos, en especial su agresividad,  a disfrutar compartiendo y a elaborar las pérdidas.

Decían los griegos, que es necesario el tiempo de “hacerse”, para ser; cada persona que nace tiene un largo camino por delante, para construirse; el hacerse un lugar en los grupos de pares, son espacios necesarios para el sujeto, que no deben eludirse, pues representan para el niño, para el joven, una simulación, un ensayo de lo que será su participación en la vida social ampliada.

Prof. Neuropsicóloga Silvia Pérez Fonticiella

Consultora en Neurociencias.

Bibliografía de consulta.

Bauman, Zygmunt. Modernidad Líquida.

Berger y Luckman. La construcción social de la realidad

Brígido, Ana Ma. Manual de Sociología de la Educación.

Pérez Fonticiella, Silvia. Las Instituciones en los bordes de la modernidad líquida.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Los Abuelos tenían razón….

Con frecuencia, llegan al consultorio padres preocupados porque observan que a sus hijos, les cuesta o les  toma mucho tiempo hacer la tareas escolares. Ante esta situación, ellos plantean que quisieran ayudarlos pero que les resulta difícil, ya sea porque han cambiado los métodos y el propio hijo le cuestiona que así no es como le enseñó su Seño, o porque los padres  no tienen tiempo para dedicarle, porque hay otros hijos mas pequeños que atender, entre otras razones expuestas. De pronto, siempre buscando entre mis libros palabras inspiradoras, apareció la de un compatriota que tiene una larga trayectoria docente y que considera imprescindible que cada familia sea protagonista en la construcción de la inteligencia de sus hijos. De ese libro, del Maestro uruguayo Alfredo Gadino quiero compartir con uds. algunas reflexiones…

¿Los  Abuelos  tenían  razón?

Cuando tengo un ratito libre y miro los cuadernos de mi hijo, pienso en cuanto ha cambiado lo que se aprende en la escuela. Si me quedo con él cuando hace los deberes y lo veo tropezar, quisiera ayudarlo, pero entre lo que me olvidé y lo que a mi me enseñaron de una manera distinta, yo mismo no sé por dónde empezar. Aunque no lo diga, resuelvo que estos temas de conocimientos queden para la escuela, mientras en casa nos ocupamos de otros aspectos: la salud del hijo, sus afectos, sus costumbres, los valores morales que va formando. “En eso, que es tan importante, si,  que la familia educa” me afirmo.

Si por casualidad el abuelo llega a oír esta reflexión seguramente protestará: “En otros tiempos si, que la familia educaba a los jóvenes. Ahora, en cambio, los padres nunca están…”

¿La familia actual, educa o no a los hijos?

¿Los padres de hoy no podemos ayudar a nuestros hijos a saber  más, a conocer mejor?

Los abuelos dicen que antes se educaba mejor.

Para llegar a una conclusión sobre este tema, lo mejor es que busquemos las características que tenían antes las familias, digamos por ejemplo un grupo familiar de sesenta o setenta años atrás, cuando los abuelos eran niños, para compararlo con la vida familiar tal como se desarrolla hoy y así, encontrar las diferencias, los cambios que hubo.

Es una buena ocasión para rebuscar en uno de esos cajones del armario que rara vez se abre, hasta encontrar alguna antigua fotografía de aquella época que por fin encontramos; nos llamó la atención una foto, fechada en …1920.!!

Allí se celebraba un acontecimiento especial: la llegada de un nuevo año. Pero la familia grande no esperaba el comienzo del año para reunirse: en cada cumpleaños, en los bautismos, en los casamientos, las navidades, en circunstancias de enfermedad o muerte, esa ocasión se repetía. Y si no totalmente, una gran parte de la familia se reunía cada domingo. Mientras se degustaba en la mesa la pasta amasada pacientemente por las señoras, mientras en la sobremesa se jugaba a la lotería o más tarde, en la rueda del mate, se comentaban las novedades de la familia, de la ciudad, del mundo, también se compartían las preocupaciones, se analizaban conductas y se buscaban salidas, – entre todos- a los problemas de cada uno.

La familia entera creaba un modelo de conducta para los jóvenes: una actitud basada en la obediencia, en el respeto a la autoridad de los mayores, en la solidaridad,  en el acento religioso de los conceptos morales que se inculcaban.

En esa época la educación infantil estaba regida por normas muy precisas, durante toda la primera infancia los niños permanecían en el hogar, ya que los Jardines de Infantes eran todavía un sueño de algunas educadoras. Después, los niños debían recibir en la escuela, la instrucción que les posibilitara mantenerse o ascender en la escala social.

Ya adolescentes, a los varones les correspondía su formación profesional como aprendices en el taller, el comercio o el escritorio de un pariente; mientras que las niñas, luego de la escuela primaria, debían ser preparadas para cumplir su futuro papel de amas de casa.

Nos interesa destacar que todos los parientes influían en el comportamiento de los niños.

La familia grande era algo así como el conjunto de piezas de un  mismo color del juego de ajedrez, que se mueven en direcciones diversas, que actúan unas y otras con leyes propias, pero dispuestas a enfrentar, apoyándose entre si, el conflicto con el mundo exterior.

Pero la vida, ni antes ni ahora, queda inmóvil como una imagen fija del pasado. El fotógrafo pudo detener por un instante el tiempo para esa familia, pero no más que por un instante, mientras esperaban el fogonazo que producía aquella máquina enorme, cubierta por un paño negro. Pero después del “Ya está”, todo el movimiento se reinició. Los hombres volvieron a sus trabajos en una ciudad en pleno desarrollo industrial y comercial, con permanente actividad portuaria. Los jóvenes se iniciaron en la nueva realidad política que había sustituido las luchas armadas por las discusiones en los clubes partidarios. Las mujeres soñaron con la participación más activa en la sociedad, que estaba posibilitada por el liceo femenino y el empleo en los comercios. El país crecía con nuevas oleadas de inmigrantes, con la formación de sindicatos, la instalación de bancos, creación de facultades en una Universidad cada vez más concurrida. El centro de la capital multiplicó su actividad  comercial, los barrios se llenaron de altas chimeneas industriales, el tranvía eléctrico los recorrió a todos, el carbón tuvo que dejar paso al petróleo, se empezaron a necesitar dactilógrafos, linotipistas, maquinistas de todo tipo; fueron necesarios más agrónomos, contadores, maestros…

La sociedad en su conjunto fue cambiando. Y todos esos cambios repercutieron inevitablemente en la organización de lo que  conformaba el tejido de la sociedad, su célula básica: la familia.

Esos cambios, ¿fueron para bien? No podríamos decirlo. Pero lo que sí sabemos, es que los padres de los niños de hoy no pueden reinstaurar las costumbres del pasado, reproducir las formas de educación que ellos recibieron. Deben crear nuevos modos porque los propios hijos les están pidiendo que los ayuden, ahora, en esta realidad: les están reclamando apoyo para comprender este entorno tan complejo de hoy, para poder construirse como jóvenes mientras construyen un mundo distinto.

 

 

 

Silvia Pérez Fonticiella

Consultora

 

Etiquetas: , , , , , , , , ,

TRASTORNO POR DEFICIT DE ATENCIÓN – PRESENTACIÓN EN POWER POINT

TRASTORNO POR DEFICIT DE ATENCIÓN/HIPERACTIVIDAD   UN RESUMEN

EN ESPECIAL PARA  PADRES  Y DOCENTES.

Haz Clic   AQUÍ para ver la presentación en power point de TDAH


 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

 
A %d blogueros les gusta esto: