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DAR Y RECIBIR SON LO MISMO.

DAR Y RECIBIR SON LO MISMO.

“…todo regalo verdadero es recíproco. El que da no se priva de lo que da. Dar y recibir son lo mismo” Jorge Luis borges. La Cifra 1981.
Borges sabía muy bien de lo que hablaba, porque el acto de dar, trasciende la entrega de un objeto, un acto, una palabra, cuando doy, estoy poniendo en juego una actitud de vida, una forma de sentir y valorar al otro y a mi mismo, cuando doy, doy una parte de mi , y recibo en una parte del otro, una cosmovisión del mundo, nanopartículas de su yo; dar no es un acto de pérdida o privación es una acto donde el otro y yo nos construimos juntos. Siliva P. F.

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La noche cíclica Jorge Luis Borges

La noche cíclica                                Jorge Luis  Borges

Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
Los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
Los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.

En edades futuras oprimirá el centauro
Con el casco solípedo el pecho del lapita;
Cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita
Noche de su palacio fétido el minotauro.

Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.
La mano que esto escribe renacerá del mismo
Vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.
(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa.)

No sé si volveremos en un ciclo segundo
Como vuelven las cifras de una fracción periódica;
Pero sé que una oscura rotación pitagórica
Noche a noche me deja en un lugar del mundo.

Que es de los arrabales. Una esquina remota
Que puede ser del norte, del sur o del oeste,
Pero que tiene siempre una tapia celeste,
Una higuera sombría y una vereda rota.

Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres
Trae el amor o el oro, a mí apenas me deja
Esta rosa apagada, esta vana madeja
pe calles que repiten los pretéritos nombres

De mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez…
Noiñbres en que retumban (ya secretas) las dianas,
Las repúblicas, los caballos y las mañanas,
Las felices victorias, las muertes militares.

Las plazas agravadas por la noche sin dueño
Son los patios profundos de un árido palacio
Y las calles unánimes que engendran el espacio
Son corredores de vago miedo y de sueño.

Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
Vuelve a mi carne humana la eternidad constante
Y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:
«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras…»

Jorge Luis Borges – De «El otro, el mismo», en Obra poética

 

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BORGES – EL JARDÌN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN

BORGES  -  EL JARDÌN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN

Jorge Luis Borges
(1899–1986)

EL JARDÍN DE SENDEROS QUE SE BIFURCAN
(El jardín de senderos que se bifurcan (1941;
Ficciones, 1944)
A Victoria Ocampo

EN LA PÁGINA 242 de la Historia de la Guerrra Europea de Lidell Hart, se lee que una ofensiva de trece divisiones británicas (apoyadas por mil cuatrocientas piezas de artillería) contra la línea Serre-Montauban había sido planeada para el 24 de julio de 1916 y debió postergarse hasta la mañana del día 29. Las lluvias torrenciales (anota el capitán Lidell Hart) provocaron esa demora —nada significativa, por cierto. La siguiente declaración, dictada, releída y firmada por el doctor Yu Tsun, antiguo catedrático de inglés en laHochschule de Tsingtao, arroja una insospechada luz sobre el caso. Faltan las dos páginas iniciales.
“… y colgué el tubo. Inmediatamente después, reconocí la voz que había contestado en alemán. Era la del capitán Richard Madden. Madden, en el departamento de Viktor Runeberg, quería decir el fin de nuestros afanes y —pero eso parecía muy secundario, o debería parecérmelo— también de nuestras vidas. Quería decir que Runeberg había sido arrestado o asesinado[1]. Antes que declinara el sol de ese día, yo correría la misma suerte. Madden era implacable. Mejor dicho, estaba obligado a ser implacable. Irlandés a las órdenes de Inglaterra, hombre acusado de tibieza y tal vez de traición ¿cómo no iba a brazar y agradecer este milagroso favor: el descubirmiento, la captura, quizá la muerte de dos agentes del Imperio Alemán? Subí a mi cuarto; absurdamente cerré la puerta con llave y me tiré de espaldas en la estrecha cama de hierro. En la ventana estaban los tejados de siempre y el sol nublado de las seis. Me pareció increíble que es día sin premoniciones ni símbolos fuera el de mi muerte implacable. A pesar de mi padre muerto, a pesar de haber sido un niño en un simétrico jardín de Hai Feng ¿yo, ahora, iba a morir? Después reflexioné que todas las cosas le suceden a uno precisamente, precisamente ahora. Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente me pasa me pasa a mí… El casi intolerable recuerdo del rostro acaballado de Madden abolió esas divagaciones. En mitad de mi odio y de mi terror (ahora no me importa hablar de terror: ahora que he burlado a Richard Madden, ahora que mi gasrganta anhela la cuerda) pensé que ese guerrero tumultuoso y sin duda feliz no sospechaba que yo poseía el Secreto. El nombre del preciso lugar del nuevo parque de artillería británico sobre el Ancre.Un pájaro rayó el cielo gris y ciegamente lo traduje en un aeroplano y a ese aeroplano en mucho (en el cielo francés) aniquilando el parque de artillería con bombas verticales. Si mi boca, antes que la dehiciera un balazo, pudiera gritar ese nombre de modo que los oyeran en Alemania… Mi voz humana era muy pobre. ¿Cómo hacerla llegar al oído del Jefe? Al oído de aquel hombre enfermo y odioso, que no sabía de Runeberg y de mí sino que estábamos en Staffordshire y que en vano esperaba noticias nuestras en su árida oficina de Berlín, examinando infinitamente periódicos… Dije en voz alta: Debo huir. Me incorporé sin ruido, en una inútil perfección de silencio, como si Madden ya estuviera acechándome. Algo -tal vez la mera ostentación de probar que mis recursos eran nulos—me hizo revisar mis bolsillos. Encontré lo que sabía que iba a encontrar. El reloj norteamericano, la cadena de níquel y la moneda cuadrangular, el llavero con las comprometedoras llaves inútiles del departamento de Runeberg, la libreta, un carta que resolví destruir inmediatamente (y que no destruí), el falso pasaporte, una corona, dos chelines y unos peniques, el lápiz rojo-azul, el pañuelo, el revólver con una bala. Absurdamente lo empuñé y sopesé para darme valor. Vagamente pensé que un pistoletazo puede oírse muy lejos. En diez minutos mi plan estaba maduro. La guía telefónica me dio el nombre de la única persona capaz de transmitir la noticia: viviía n un suburbio de Fenton, a menos de media hora de tren.
Soy un hombre cobarde. Ahora lo digo, ahora que he llevado a término un plan que nadie no calificará de arriesgado. Yo sé que fue terrible su ejecución. No lo hice por Alemania, no. Nada me importa un país bárbaro, que me ha obligado a la abyección de ser un espía. Además, yo sé de un hombre de Inglaterra —un hombre modesto— que para mí no es menos que Goethe. Arriba de una hora no hablé con él, pero durante una hora fue Goethe… Lo hice, porque yosentía que el Jefe tenía en poco a los de mi raza -a los innumerables antepasados que confluyen en mí. Yo quería probarle que un amarillo podía salvar a sus ejércitos. Además, yo debía huir del capitán. Sus manos y su voz podían golpear en cualquier momento a mi puerta. Me vestí sin ruido, me dije adiós en el espejo, bajé, escudriñé la calle tranquila y salí. La estación no distaba mucho de casa, pero juzgué preferible tomar un coche. Argüí que así corría menos peligro de ser reconocido; el hecho es que en la calle desierta me sentía visible y vulnerable, infinitamente. Recurdo que le dije al cochero que se detuviera un poco antes de la entrada central. Bajé con lentitud voluntaria y casi penosa; iba a la aldea de Ashgove, pero saqué un pasaje para una estación más lejana. El tren salía dentro de muy pocos minutos, a las ocho y cincuenta. Me apresuré: el próximo saldría a las nueve y media. No había casi nadie en el andén. Recorrí los coches: recuerdo a unos labradores, una enlutada, un joven que leía con fervor los Anales de Tácito, un sodado herido y feliz. Los coches arrancaron al fin. Un hombre que reconocí corrió en vano hasta el límite del andén. Era el capitán Richard Madden. Aniquilado, trémulo, me encogí en la otra punta del sillón, lejos del temido cristal.
De esa aniquilación pasé a una felicidad casi abyecta. Me dije que estaba empeñado mi duelo y que yo había ganado el primer asalto, al burlar, siquiera por cuarenta minutos, siquiera por un favor del azar, el ataque de mi adversario. Argüi que no era mínima, ya que sin esa diferencia preciosa que el horario de trenes me deparaba, yo estaría en la cárcel, o muerto. Argüí (no menos sofísticamente) que mi felicidad cobarde probaba que yo era hombre capaz de llevar a buen término la aventura. De esa debilidad saqué fuerzas que no me abandonaron. Preveo que el hombre se resignarña cada día a empresas más atroces; pronto no habrá sino guerreros y bandoleros; les doy este consejo: El ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado. Así procedí yo, mentras mis ojos de hombre ya muerto registraban la fluencia de aquel día que era tal vez el último, y la difusión de la noche. El tren corría con dulzura, entre fresnos. Se detuvo, casi en medio del campo. Nadie gritó el nombre de la estación. ¿Ashgrove? les pregunté a unos chicos en el andén.Ashgrove, contestaron. Bajé.
Una lámpara ilustraba el andén, pero las caras de los niños quedaban en la zona de la sombra. Uno me interrogó: ¿Usted va a casa del doctor Stephen Albert?. Sin aguardar contestación, otro dijo: La case queda lejos de aquí, pero usted no se perderá si toma ese camino a la izquierda y en cada encrucijada del camino dobla a la izquierda. Les arrojé una moneda (la última), bajé unos escalones de piedra y entré en el solitario camino. Éste, lentamente, bajaba. Era de tierra elemental, arriba se confundían las ramas, la luna baja y circular parecía acompañarme. Por un instante, pensé que Richard Madden había penetrado de algún modo mi desesperado propósito. Muy pronto comprendí que eeso era imposible. El consejo de siempre doblar a la izquierda me recordó que tal era el procedimiento común para descubrir el patio central de ciertos laberintos. Algo entiendo de laberintos: no en vano soy bisnieto de aquel Ts’ui Pên, que fue gobernador de Yunnan y que renunció al poder temporal para escribir una novela que fuera todavía más populosa que el Hung Lu Meng y para edificar un laberinto en el que se perdieran todos los hombres. Trece años dedicó a esas heterogéneas fatigas, pero la mano de un forastero lo asesinó y su novela era insensata y nadie encontró el laberinto. Bajo árboles ingleses medité en ese laberinto perdido: lo imaginé inviolado y perfecto en la cumbre secreta de una montaña, lo imaginé borrado por arrozales o debajo del agua, lo imaginé infinito, no ya de quioscos ochavados y de sendas que vuelven, sino de ríos y provincias y reinos… Pensé en un laberintode laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros. Absorto en esas ilusorias imágenes , olvidé mi destino de perseguido. Me sentí, por un tiempo indeterminado, percibidor abstracto del mundo. El vago y vivo campo, la luna, los restos de la tarde, obraron en mí; asimismo el declive que eliminaba cualquier posibilidad de cansancio. La tarde era íntima, infinita.El camino bajaba y se bifurcaba, entre las ya confusas praderas. Una música aguda y como silábica se aproximaba y se alejaba en el vaivén del viento, empañada de hojas y de distancia. Pensé que un hombre puede ser enemigo de otros hombres, de otros momentos de otros hombres, pero no de un país: no de luciérnagas, palabras, jardines,cursos de agua, ponientes. Llegué, así, a un alto portín herrumbrado. Entre las rejas descifré una alameda y una especie de pabellón. Comprendí, de pronto, dos cosas, la primera trivial, la segunda casi increíble: la música venía del pabellón, la música era china. Por eso, yo la había aceptado con plenitud, sin prestarle atención. No recuerdo si había una campana o un timbre o si llamé golpeando las manos. El chisporroteo de la música prosiguió.
Pero del fondo de la íntima casa un farol se acercaba: un farol que rayaban y a ratos anulaban los troncos, un farol de papel, que tenía la forma de los tambores y el color de la luna. Lo traía un hombre alto. No vi su rostro, porque me cegaba la luz. Abrió el portón y dijo lentamente en mi idioma:
—Veo que el piadoso Hsi P’êng se empeña en corregir mi soledad. ¿Usted sin duda querrá ver el jardín?
Reconocí el nombre de uno e nuestros cónsules y repetí desconcertado:
—¿El jardín?
—El jardín de los senderos que se bifurcan-
Algo se agitó en mi recuerdo y pronuncié con incomprensible seguridad:
—El jardín e mi antepasado Ts’ui Pên.
—¿Su antepasado? ¿Su ilustre antepasado? Adelante.
El húmedo sendero zigzagueaba como los de mi infancia. Llegamos a una biblioteca de libros orientales y occidentales. Reconocí, encuadernados en seda amarilla, algunos tomos manuscritos de la Enciclopedia Perdida que dirigió el Tercer Emperador e la Dinastía Luminosa y que no se dio nunca a la imprenta. El disco del gramófono giraba junto a un fénix de bronce. Recuerdo también un jarrón de la familia rosa y otro, anterior de muchos siglos, de ese color azul que nuestros antepasados copiaron de los alfareros de Persia…
Stephen Albert me observaba, sonriente. Era (ya lo dije) muy alto, de rasgos afilados, de ojos grises y barba gris. Algo de sacerdote había en él y también de marino; después me refirió que había sido misionero en Tientsin “antes de aspirar a sinólogo”.
Nos sentamos; yo en un largo y bajo diván; él de espaldas a la ventana y a un alto reloj circular. Computé que antes de una hora no llegaría mi perseguidor, Richard Madden. Mi determinación irrevocable podía esperar.
—Asombroso destino el de Ts’ui Pên —dijo Stephen Albert—. Gobernador de us provincia natal, docto en astronomía, en astrología y enm la interpretación infatigable de los libros canónicos, ajedrecista, famoso poeta y calígrafo: todo lo abandonó para componer un libro y un laberinto. Renunció a los placeres de la opresión, de la justicia, del numeroso lecho, de los banquetes y aun de la erudición y se enclaustró durante trece años en el Pabellón de la Límpida Soledad. A su muerte, los herederos no encontraron sino manuscritos caóticos. La familia, como acaso no ignora, quiso adjudicarlos al fuego; pero su albacea —un monje taoísta o budista— insistió en la publicación.
—Los de la sangre de Ts’ui Pên -repliqué— seguimos execrando a ese moje. Esa publicación fue insensata. El libro es un acervo indeciso de borradores contradictorio. Lo he examinado alguna vez: en el tercer capítulo muere el héroe, en el cuarto está vivo. En cuanto a la otra empresa de Ts’ui Pên, a su Laberinto…
—Aquí está el Laberinto -dijo indicándome un alto escritorio laqueado.
—¡Un laberinto de marfil! -exclamé-. Un laberinto mínimo…
—Un laberinto de símbolos -corrigió-. Un invisible laberinto de tiempo. A mí, bárbaro inglés, me ha sido deparado revelar ese misterio diáfano. Al cabo de más de cien años, los pormenores son irrecuperables, pero no es difícil conjeturar lo que sucedió. Ts’ui Pên diría una vez: Me retiro a escribir un libro. Y otra: Me retiro a construir un laberinto. Todos imaginaron dos obras; nadie pensó que libro y laberinto eran un solo objeto. El Pabellón de la Límpida Soledad se erguía en el centro de un jardín tal vez intrincado; el hecho puede haber sugerido a los hombres un laberinto físico. Ts’ui Pên murió; nadie, en las dilatadas tierras que fueron suyas, dio con el laberinto. Dos circunstancias me dieron la recta solución del problema. Una: la curiosa leyenda de que Ts’ui Pên se había propuesto un laberinto que fuera estrictamente infinito. Otra: un fragmento de una carta que descubrí.
Albert se levantó. Me dio, por unos instantes, la espalda; abrió un cajón del áureo y renegrido escritorio. Volvió con un papel antes carmesí; ahora rosado y tenue y cuadriculado. Era justo el renombre caligráfico de Ts’ui Pên. Leí con incomprensión y fervor estas palabras que con minucioso pincel redactó un hombre de mi sangre: Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan. Devolví en silencio la hoja. Albert prosiguió:
—Antes de exhumar esta carta, yo me había preguntado de qué manera un libro puede ser infinito. No conjeturé otro procedimiento que el de un volumen cíclico, circular. Un volumen cuya última página fuera idéntica a la primera, con posibilidad de continuar indefinidamente. Recordé también esa noche que está en el centro de Las 1001 Noches, cuando la reina Shahrazad (por una mágica distracción del copista) se pone a referir textualmente la historia de Las 1001 Noches, con riesgo de llegar otra vez a la noche en que la refiere, y así hasta lo infinito. Imaginé también una obra platónica, hereditaria, transmitida de padre a hijo, en la que cada nuevo individuo agregara un capítulo o corrigiera con piadoso cuidado la página de sus mayores. Esas conjeturas me distrajeron; pero ninguna me parecía corresponder, siquiera de un modo remoto, a los contradictorios capítulos de Tsúi Pên. En esa perplejidad, me remitieron de Oxford el manuscrito que usted ha examinado.Me detuve, como es natural, en la frase: Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan. Casi en el acto comprendí; el jardín de los senderos que se bifurcan era la novela caótica; la frase varios porvenires (no a todos) me sugirió la imagen de la bifurcación en el tiempo, no en el espacio. La relectura general de la obra confirmó esa teoría. En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan. De ahí las contradicciones de la novela. Fang, digamos, tiene un secreto; un desconocido llama a su puerta; Fang resuelve matarlo. Naturalmente, hay varios desenlaces posibles: Fang puede matar al intruso, el intruso puede matar a Fang, ambos pueden salvarse, ambos pueden morir, etcétera. En la obra de Ts’ui Pên, todos los desenlaces ocurren; cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones.Alguna vez, los senderos de ese laberinto convergen; por ejemplo, usted llega a esta casa, pero en uno de los pasados posibles usted es mi enemigo, en otro mi amigo. Si se resigna usted a mi pronunciación incurable, leeremos unas páginas.
Su rostro, en el vívido círculo de la lámpara, era sin duda el de un anciano, pero con algo inquebrantable y aun inmortal. Leyó con lenta precisión dos redacciones de un mismo capítulo épico. En la primera un ejército marcha hacia una batalla a través de una montaña desierta; el horror de las piedras y de la sombra le hace menospreciar la vida y logra con facilidad la victoria; en la segunda, el mismo ejército atraviesa un palacio en el que hay una fiesta; la resplandeciente batalla le parece una continuación de la fiesta y logran la victoria. Yo oía con decente veneración esas viejas ficciones, acaso menos admirables que el hecho de que las hubiera ideado mi sangre y de que un hombre de un imperio remoto me las restituyera, en el curso de un desesperada aventura, en una isla occidental. Recuerdo las palabras finales, repetidas en cada redacción como un mandamiento secreto: Así combatieron los héroes, tranquilo eñ admirable corazón, violenta la espada, resignados a matar y morir.
Desde ese instante, sentí a mi alrededor y en mi oscuro cuerpo una invisible, intangible pululación. No la pululación de los divergentes, paralelos y finalmente coalescentes ejércitos, sino una agitación más inaccesible, más íntima y que ellos de algún modo prefiguraban. Stephen Albert prosiguió:
— No creo que su ilustre antepasado jugara ociosamente a las variaciones. No juzgo verosímil que sacrificara trece años a la infinita ejecución de un experimento retórico. En su país, la novela es un género subalterno; en aquel tiempo era un género despreciable. Ts’ui Pên fue un novelista genial, preo también fue un hombre de letras que sin duda no se consideró un mero novelista. El testimonio de sus contemporáneos proclama —y harto lo confirma su vida— sus aficiones metafísicas, místicas. La controversia filosófica usurpa buena parte de su novela. Sé que de todos los problemas, ninguno lo inquietó y lo trabajó como el abismal problema del tiempo. Ahora bien, ése es el único problema que no figura en las páginas del Jatdín. Ni siquiera usa la palabra que quiere decir tiempo. ¿Cómo se explica usted esa voluntaria omisión?
Propuse varias soluciones; todas, insuficientes. Las discutimos; al fin, Stephen Albert me dijo:
—En una adivinanza cuyo tema es el ajedrez ¿cuál es la única palabra prohibida?
Refelxioné un momento y repuse:
—La palabra ajedrez.
—Precisamente -dijo Albert-, El jardín de los senderos que se bifurcan es una enorme adivinanza, o parábola, cuyo tema es el espacio; esa causa recóndita le prohíbe la mención de su nombre. Omitir siempre una palabra, recurrir a metáforas ineptas y a perífrasis evidentes, es quizá el modo más enfático de indicarla. Es el modo tortuoso que prefirió, en cadda uno de los meandros de su infatigable novela, el oblicuo Ts’ui Pên. He confrontado centenares de manuscritos, he corregido los errores que la negligencia de los copistas ha introducido, he conjeturado el plan de ese caos, he restablecido, he creído restablecer, el orden primordial, he traducido la obra entera: me consta que no emplea una sola vez la palabra tiempo. La explicación es obvia:El jardín de los senderos que se bifurcan es una imágen incompleta, pero no falsa, del universo tal como lo concebía Ts’ui Pên. A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todasla posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravezar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma.
—En todos —articulé no sin un temblor— yo agradezco y venero su recreación del jardín de Ts’ui Pên.
—No en todos -murmuró con una sonrisa-. El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros. En uno de ellos soy su enemigo.
Volví a sentir esa pululación de que hablé. Me pareció que el húmedo jardín que rodeaba la casa estaba saturado hasta lo infinito de invisbles personas. Esas personas eran Albert y yo, secretos, atareados y multiformes en otras dimensiones de tiempo. Alcé los ojos y la tenue pesadilla se disipó. En el amarillo y negro jardín había un solo hombre; pero ese hombre era fuerte como una estatua, pero ese hombre avanzaba por el sendero y era el capitán Richard Madden.
—El porvenir ya existe —respondí—, pero yo soy su amigo. ¿Puedo examinar de nuevo la carta?
Albert se levantó. Alto, abrió el cajón del alto escritorio; me dio por un momento la espalda. Yo había preparado el revólver. Disparé con sumo cuidado: Albert se desplomó sin una queja, inmediatamente. Yo juro que su muerte fue instantánea: una fulminación.
Lo demás es irreal, insignificante. Madden irrumpió, me arrestó. He sido condenado a la horca. Abominablemente he vencido: he comunicado a Berlín el secreto nombre de la ciudad que deben atacar. Ayer la bombardearon; lo leí en los mismos periódicos que propusierona Inglaterra el enigma de que el sabio sinólogo Stephen Albert muriera asesinado por un desconocido, Yu Tsun. El Jefe ha descifrado ese enigma. Sabe que mi problema era indicar (a través del estrépito de la guerra) la ciudad que se llama Albert y que no hallé otro medio que matar a una persona con ese nombre. No sabe (nadie puede saber) mi innumerable contrición y cansancio.

[1] Hipótesis odiosa y estrafalaria. El espía prusiano Hans Rabener alias Viktor Runeberg agredió con una pistola automática al portador de la orde de arrestro, capitán Richard Madden. Éste, en defensa propia, le causó heridas que determinaron su muerte. (Nota del Editor.)

 

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“EL JARDIN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN” Orientación Vocacional Ocupacional en Adultos Mayores

ORIENTACION VOCACIONAL EN ADULTOS MAYORES

ALGUNAS REFLEXIONES.

“EL JARDÍN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN”

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Prof , Neuropsic. Silvia Pérez Fonticiella

La  vejez.

La vejez se ha olvidado del olvido Y por eso se arrima a la memoria La vejez suele ser obligatoria Y sin embargo es tierna como un nido El corazón afloja su latido Y la sangre da vueltas en su noria De paso se entretiene con la historia y el amor no está insomne ni dormido Lo que falta vivir ya no encandila No importan escaseces ni abundancias El dios que vigilaba no vigila los años van borrando las distancias Y ya que la conciencia está tranquila La vejez guarda dos o tres infancias.

Mario Benedetti.

¿ELIJO EL TEMA O EL TEMA ME ELIJE A MI? El objetivo de este trabajo es el de deslizar una mirada, un tímido esbozo de hacer flexión con algunos conceptos de la disciplina: “Orientación Vocacional Ocupacional”, haciendo foco en los procesos de producción de subjetividad de los adultos mayores y sus posibilidades de elección de caminos vocacionales u ocupacionales. Este trabajo tiene sus antecedentes en un ensayo que realicé el año pasado referido a  “Adultos mayores e Informe Mundial” con el fin de proponer algunas ideas para que los adultos mayores desarrollasen proyectos autogestivos, tendientes a la auto-sustentabilidad en el mediano plazo, previa capacitación acorde a sus intereses y posibilidades. En ese momento, el tema surgió  “conscientemente” como una reacción de rechazo personal a esta popularizada actitud social de “archivar” al viejo en su casa o en establecimientos, o buscarle simplemente actividades recreativas. Pero a partir de lo que me hace obstáculo en el otro, obtengo como beneficio un espacio para pensar con el otro y pensarme-re-pensarme, develando así aquellas  pre-concepciones a través de las cuales, veo y hago hablar al otro de cierta forma. Creo que el titulo “me elije” por mi gran pasión por la literatura de Borges; en este caso me surgió una paráfrasis de su cuento: “El jardín de los senderos que se bifurcan”. En esta obra el autor juega con la física cuántica y la ficción en un laberinto-jardín donde los instantes se bifurcan; al llegar a un instante existen múltiples posibilidades de camino a elegir y el tiempo, puede transcurrir sobre las múltiples opciones que en cada instante emergen. El hombre está acostumbrado a enfrentar diversas alternativas y optar por una, a la vez que elimina las otras, sin embargo el constructor del laberintico jardín,  Ts´ui Pen, opta simultáneamente por todas, creando así diversos porvenires, diversos tiempos que también proliferan y se bifurcan.   INTRODUCCION. Toda representación del mundo impone también visiones sobre el mundo, jerarquiza y ordena contenidos de acuerdo a una ruta epistémica personal, que dará cuenta a su vez de cartografías del deseo; por lo tanto, nunca podrá ser una representación neutra u objetiva. Estamos hechos de manera tal, que comprender o saber es ya un fin en si, que no pide otra justificación. Pero el espíritu humano, por suerte, no se contenta con el placer solipsista de ser el poseedor de un saber encapsulado, sino que comprende para actuar y provocativamente, comprende para transformarse. También debemos considerar que, a diferencia de otras especies,  cada uno de nosotros es sujeto  que se toma como objeto, por lo cual lo que “somos” comprende, en un sentido, ese objeto que vamos a examinar. Lo que somos, después de todo, es también nuestra historia y a partir de ella misma y de los siempre provisorios resultados presentes, damos continuidad a nuestro pensar y a nuestra potencialidad hacia el futuro. Es en este sentido, entendiendo el conocimiento como un entrecruzamiento de cuestiones de diverso orden epistemológico, y desde un posicionamiento hermenéutico,  que nos acercamos a la orientación vocacional ocupacional como  objeto de conocimiento;   es desde ese lugar que intentaremos una aproximación a la heurística del proceso de “hacerse para ser”, entendido como un proceso que dura toda la vida, es decir un sujeto en proceso al modo “kristeviano”, siendo consciente de lo provisoria y acotada que podrá ser mi mirada al respecto. Me gusta pensar la vida de una persona como una danza, en la que múltiples variaciones de movimientos vayan enhebrando volátiles escenas cotidianas que darán soporte material a significantes propios y del Otro, en un peculiar entramado. Entramado singular, inédito, sobre-determinado, en el cual, en  momentos de cambios importantes, de quiebres , de  puntos suspensivos, de paréntesis,  se inscribirán eventos poderosos o significantes vacíos en la gramática del ser, y éste responderá  con todo lo que ha sido y lo que es y ¿por qué no animarnos a decirlo?, también con algo de eso que puede llegar a ser y aún no lo sabe FUNDAMENTOS SOCIO-HISTÓRICOS QUE HACEN CADA VEZ MÁS VISIBLE, EN LA AGENDA MUNDIAL, LA NECESIDAD DE INTERVENCIONES  CON LOS ADULTOS MAYORES. En julio de 1997 se llevó a cabo en Hamburgo la Quinta Conferencia Internacional de Educación de las Personas Adultas, organizada por la UNESCO y en particular por el Instituto de la UNESCO para la Educación, el centro especializado en política e investigación sobre el aprendizaje de personas adultas. La atendieron aproximadamente 1.500 delegados de todas las regiones del mundo, con representantes de 140 estados miembros y alrededor de 400 ONG. Además del trabajo de las comisiones y de las sesiones plenarias que debatieron sobre los documentos oficiales de la Conferencia, La Declaración de Hamburgo y La Agenda para el Futuro, hubo 33 grupos de trabajo organizados en torno a los temas y subtemas de la Conferencia.  “En todo el mundo, tanto en los países industrializados como en los países en vías de desarrollo, está cambiando la estructura de la población; en la actualidad se puede contar con vivir mucho más de lo que se vivía hace 50 años. Como consecuencia, existe una creciente demanda de educación de personas adultas, así como de otros servicios sociales; se ha reconocido que la educación puede jugar un papel vital al permitirle a las personas de edad seguir siendo independientes, mantenerse al tanto de las transformaciones de la sociedad y vivir una vida más plena.” Instituto  UNESCO para la Educación Quinta conferencia internacional de educación de la personas adultas CONFINTEA V, Hamburgo de 1997.       anciano con flores CELEBRACIÓN  DEL NACIMIENTO DE  LA VEJEZ.

Hokusai, el más famoso artista de toda la historia del Japón, cambió de nombre y apellido treinta veces, por sus treinta renacimientos en el arte o en la vida y noventa y tres veces se mudó de casa. Nunca salió de pobre, aunque trabajando desde el amanecer hasta la noche, creó nada menos que treinta mil pinturas y grabados. Sobre su obra escribió: De todo lo que dibujé antes de mis setenta años, no hay nada que valga la pena. A la edad de setenta y dos, finalmente, he aprendido algo sobre la verdadera calidad de los pájaros, animales, insectos y peces y sobre la vital naturaleza de las hierbas y los arboles. Cuando tenga cien años, seré maravilloso.” (Historia tomada de “Espejos”, del escritor Eduardo Galeano)

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 CARACTERÍSTICAS PSICOSOCIALES DE LOS ADULTOS MAYORES.

Cada ser humano procura Integrarse al espíritu de su época, de modo de apropiarse de sus temas, de apropiarse de una pequeña parcela del campo semántico dominante, como forma de poder reconocerse  y reconocer qué tareas concretas tiene por delante. Paulo Freire nos los dice de este modo: “…el hombre va dinamizando su mundo a partir de estas relaciones con él y en él, va creando, recreando; decidiendo. Va temporalizando los espacios geográficos. Hace cultura” En una especie de “juego creador”, el niño devenido en adulto activo, pasa la mayor parte de su vida tejiendo significantes que lo significan, que le hacen sentir útil, que como trabajador lo convierten en paciente demiurgo al servicio de ilusiones ajenas. El tener 20, 50 u 80 años no tiene en sí mismo significación alguna, si es que nadie se la adjudica; por lo tanto se irán produciendo colectiva e individualmente, diferentes sentidos de acuerdo a la historia singular, a lo social-histórico y a la cultura.

 

“…El carácter único del “yo” se esconde, precisamente, en lo que hay de inimaginable en el hombre. Sólo somos capaces de imaginarnos lo que es igual en todas las personas, lo general. El “yo” individual es aquello que se diferencia de lo general, o sea lo que no puede ser adivinado y calculado de antemano, lo que en el otro es necesario descubrir, desvelar, conquistar…”

Milan Kundera.  “La insoportable levedad del ser”

¿QUÉ SUCEDE CON UNA  PERSONA CUANDO DEJAN DE SONAR LOS TIMBRES DEL DESPERTADOR, CUANDO HAY TIEMPO SIN TIEMPO, CUANDO NADIE ADVERTIRÁ SU AUSENCIA EN ALGUNA PARTE DEL ORBE? Se producen alteraciones en  una de las dimensiones neuropsicofisiológicas más relevantes a la hora de analizar las vicisitudes cotidianas del adulto mayor: su cronobiología. Einstein afirmaba que sólo existen dos tiempos: el tiempo psicológico y el tiempo físico. El tiempo psicológico es el que cada uno de nosotros experimenta de forma cotidiana y que tendrá tantas posibilidades de variación como nuestras sensaciones subjetivas. El segundo tiempo depende de los sistemas de referencia de distintos observadores y tiene un límite, que constituye la otra cara de la relatividad einsteiniana: la constante física de la velocidad de la luz. Los fotones, partículas que viajan a la velocidad de la luz, carecen de tiempo, no envejecen. Pero nuestros sistemas de referencia externos, también se han modificado a lo largo de las épocas, lo que provoca una sensación de inquietud o desorientación cosmológica en  nuestra existencia, nuestro universo ya no es el de Ptolomeo, pero también ha dejado de ser el de Copérnico, el de Galileo o el de Newton. Pero el tiempo que más nos interesa, a los efectos de dimensionar lo que le sucede al adulto mayor, es el tiempo interno, ese tiempo en el que deberían converger en algún punto, el tiempo del proyecto y el de la realidad existencial. Algunos  científicos han estudiado este fenómeno del sentido interno del tiempo y han podido señalar que la presencia o ausencia de estímulos, produce variaciones decisivas en nuestra forma de captar el tiempo. De este modo, cuando disponemos de “todo el tiempo”, cosa que sucede en las vacaciones, o cuando ya no estamos insertos en el mercado laboral, el tiempo se vive como un vacío indeterminado. “En mis tiempos, había tiempo …, quizás el tiempo era como las frutas, se regalaba a los vecinos después de verlo madurar. Se compartía en las veredas, entre abanicos y señores…”  Maria Elena Walsh. En otros tiempos…, había tiempo, había padres, había abuelos que sentaban en su regazo a los nietos y les contaban innumerables historias, con las que no sólo se favorecía la fantasía del niño, sino que el propio abuelo podía volver a  sentirse joven y vital siendo, muchas veces, el protagonista de increíbles hazañas. Les puedo asegurar, que un pequeño no olvida jamás los relatos que le cuentan o que les leen sus abuelos; incluso cuando es mayor, se los reproduce a sus propios hijos. Soñar para crear, crear para crecer… El encuentro de la palabra y el gesto con nuestros seres queridos, deja una huella indeleble en todo ser humano, una huella que le hace encontrar posteriormente el placer y la motivación para el diálogo, para la lectura, para la escritura. A medida que la edad avanza, el tiempo parece transcurrir con mayor rapidez. También se han encontrado diferencias, entre la percepción del tiempo en personas que viven en una ciudad, agobiadas por el estrés del síndrome de la prisa, y en personas cuya actividad se desarrolla en el campo o alejadas de la gran urbe. Pero las investigaciones coinciden en que más allá de las diferencias personales respecto a la sensación de velocidad y durabilidad, la generalización apunta a una sensación de que el tiempo ya no está a nuestra disposición, a nuestro alcance, como que constituye una dimensión ajena a nosotros.

Ser moderno es parte de un universo en el que según Marx, todo lo que es sólido se desvanece en el aire.” Marshall Berman No obstante, el adulto mayor queda atrapado en determinados ritmos y velocidades, discursos totalizadores y homogeneizantes, a partir de los cuales su cuerpo se expresa en una dimensión espacial, imposibilitado de acceder también a una dimensión temporal, histórica y deseante.

“En los últimos años, la Abuela se llevaba muy mal con su cuerpo. Su cuerpo, cuerpo de arañita cansada, se negaba a seguirla. -Menos mal que la mente viaja sin boleto….” –decía-

–          El libro de los Abrazos.  Eduardo Galeano

LAS INSTITUCIONES: ESOS LUGARES DE CONTENCIÓN QUE HACEN BORDE EN LOS LÍMITES DE LA MODERNIDAD LÍQUIDA.

René Käes en “Sufrimiento y psicopatología de los vínculos institucionales” sostiene que: “…la institución nos precede nos sitúa y nos inscribe en sus vínculos y sus discursos…. Descubrimos también que nos estructura y que trabamos con ella relaciones que sostienen nuestra identidad.” La naturaleza errática y esencialmente impredecible del cambio contemporáneo, ha modificado la forma de “estar en el mundo”, ya sea porque estamos signados por el síndrome de la prisa, o participar en una red de significantes institucionales y sociales cuyos  discursos, sustentados en enunciados que han dejado de contener aquellas palabras que nos servían de referencias por remitir a solidez, estructura y duración, han sido sustituidos por otros que aluden a la volatilidad, remplazo fácil  y corta vida. En esta línea de pensamiento sobre las instituciones, se me ocurre pensar que si  conceptualizamos a la institución como “sistema de vinculación en el cual el sujeto es parte interviniente y parte constituyente…”, (R. Kaes), podemos considerar que ya desde el primer esbozo de vida intrauterina, en la polifonía de los intercambios madre-hijo, estamos ante un  fenómeno social, pero también institucional inaugural. ¿Qué sucede respecto a las opciones vocacionales y ocupacionales cuando las instituciones se vuelven vulnerables al vértigo paroxístico del cambio de estado, a un tiempo en  el que parece estar siendo absorbido por los agujeros negros de la cotidianidad tecnológica, a una memoria expulsada del cerebro, y como al decir de Marx, todo lo sólido se desvanece en el aire? Es posible que se produzca  un mecanismo de elusión del conflicto que el deseo genera, llevando a una negación y/o sobre-culpabilización  del propio deseo. Los supuestos sociales respecto a su nueva posición de “pasividad”, de dejar su lugar a los jóvenes, de que ya no puede hacer tal o cual cosa, le van devolviendo una imagen, que el propio sujeto “compra”, y a partir de la que aparece un empobrecimiento y reducción del campo de interés  y de sus niveles de actividad. Ante la dificultad para sentirse contenido, (en la medida que la “institución interna” se torna menos sólida), y se manifiesta una suerte de  “arrinconamiento” del deseo, su expresión se va reduciendo  a formas socialmente permitidas, como por ejemplo, producir síntomas somáticos, aislamiento social y otros procesos de declinación “esperados” socialmente. Es así que el imaginario social,  ve con “buenos ojos” que el adulto mayor alimente a las palomas en la plaza, se quede en la casa, haga la comida, vea la telenovela, cuide a los nietos… Pero no tolera fácilmente que esta persona busque alternativas del uso de su tiempo, más acorde a sus necesidades cognitivas y afectivas. La vejez, permite una suerte de “vuelta”, de regreso a casa, una sensación similar a la de Ulises retornando a su amada Ítaca, lo que le habilita para redescubrir el sendero en el que quedaron las huellas de los pasos perdidos de la infancia, la gran magia del regreso hacia sí mismo, de re-introyección de todas esas partes del “self”, que se fueron depositando en los grupos, en las instituciones, por las que ha transitado durante la vida.

EL HOMBRE ANTE LA MUERTE.

Éste es otro tema que me resulta muy relevante, debido al peso que debe tener en el adulto mayor y su elección vocacional ocupacional: ¿Cuáles son las representaciones que la persona tiene de la  muerte? Para encontrar respuesta a esta pregunta, comencé a bucear en las páginas de un libro de Phillippe Ariés: “El hombre ante la muerte”,  esperando continuar la lectura durante el verano, en procura de hallar algunas claves que funcionen como indicadores de ruta para pensar y escribir sobre este tema. Ariés hace un recorrido por las diferentes concepciones de la muerte a lo largo de las épocas y distingue etapas que van desde la muerte domesticada del medioevo a la muerte prohibida y negada de nuestro siglo. Sostiene en su tesis que hay diferentes actitudes que dan cuenta de una cronología de transformación de las representaciones psíquicas y actitudinales, en las que distingue “la muerte domesticada, la propia,  la del otro y la prohibida” A partir de una breve  primera lectura me pregunto: ¿de qué manera el mundo de los muertos a través de las representaciones y significados que se construyen en distintas temporalidades, configura prácticas y elecciones del mundo de los vivos? Con ayuda de los poetas, (como dice Freud), sabemos que es importante poder investigar qué sucede con  las representaciones del sujeto a medida que transcurre el tiempo y enunciamos con Neruda:  “nosotros los de entonces ya no somos los mismos…” Pero justamente, si hay algo muy saludable en nuestra vejez, es el permitirnos parirnos nuevamente, atrevernos a ser un nuevo sujeto, a la manera que Hokusai y sus treinta renacimientos… Cuando leo los escritos de Paulo Freire respecto a la alfabetización de adultos, no puedo dejar de encontrar analogías, entre su forma de abordar los procesos de alfabetización y la forma de rescatar al adulto mayor del exilio socialmente impuesto. Para poder orientar  al adulto mayor en su regreso a la “amada Ítaca” interior, donde está el germen y el potencial para enfrentar una nueva etapa de vida, debemos tener bien clara una postura ética de respeto a su trayectoria de vida y a su deseo. En una entrevista individual o grupal de orientación, bien podríamos aplicar lo que dice  Freire, es necesario el ejercicio de oír y de hablar como formas de expresión. Es preciso escuchar al otro, para apropiarnos de parte de su universo vocabular, entrar en su lógica, en la oquedad de su campo semántico, para que cuando le hablemos,  experimente empatía, pueda sentir nuestro interés y nuestra preocupación por comprender sus inquietudes, sus expectativas, sus temores. Es necesario Inaugurar una experiencia dialogal, intra e inter-generacional, donde la conversación permita que estos sujetos obligados al exilio de la “pasividad”, puedan desarrollar y auto-gestionar una serie de visiones y paradigmas capaces de explorar sus propias experiencias e historia de manera más minuciosa y profunda, de modo de estar preparados para hacer elecciones posibles y responsables que les llevará a disfrutar de una experiencia liberadora.

UN JARDÍN SEMBRADO DE  INTERROGANTES…

El crecimiento de personas de edad, en la población, produce un impacto social, cultural, biológico y psicológico, que impacta en la subjetividad, en el imaginario, modifica y obliga a desarrollar nuevas dinámicas sociales, culturales, simbólicas y formas de intercambio económico.

¿Estamos preparados para enfrentar esta realidad?

La preocupación por los temas de la vejez, ha tomado diversas posiciones a través del tiempo.  Propongo aquí algunas referencias del libro “De Senectute”, o también traducido como Catón el Viejo o De la Vejez, que Marco Tulio Cicerón escribió aproximadamente en el siglo II a.c. para ver que muchas de las inquietudes, muchos de los conceptos que nos sirven de marco teórico para pensar la vejez y su “orientación” no son prerrogativas de nuestra época. “Hay que prepararse para la vejez…”, dice Catón, a través de Cicerón… “…conviene leer epitafios, lo cual, además de ejercitar la memoria, renueva el recuerdo de los muertos” Según Cicerón, esto permite rememorar personalidades y acontecimientos significativos, para que no se desvanezca la memoria social y cultural. “La pérdida de la memoria  se evita ejercitándola…” Cicerón explica que, en realidad, ni el viejo ni nadie recuerdan y aprenden cosas que no le despierten algún interés. Cicerón pone en boca de Catón muchos argumentos que provienen de la tradición griega, en especial de Platón y expone por ejemplo que la culpa que la vejez sea ingrata, no tiene que ver con ella misma, sino en las costumbres, en cómo se ha vivido; señala que si alguien ha cultivado la virtud, si ha sido moderado, si ha tenido una vida “bien llevada” , no debiera tener mayores quejas o penas. Silvio Rodríguez nos canta: “yo me muero como viví…” en su canción El Necio. En su obra, Cicerón, hace muchas recomendaciones de cómo se debe “vivir” la vejez, de priorizar las ocupaciones que hacen trabajar la mente más que el cuerpo, ejercitar la memoria con determinados ejercicios y da muchos ejemplos para argumentar que la vejez no es sinónimo de detención de actividades. Admite que  se modifica, tal vez , el tipo de área que se puede hacer o cómo hacerla en función de la disminución de la fuerza física, por ejemplo, pero brinda un panorama muy optimista acerca de la nueva identidad que puede construir el anciano. Podríamos hacer una lectura tal de “De Senectute”, que nos invitaría a jugar diciendo que Cicerón, fue el primer orientador vocacional ocupacional de los adultos mayores… Articulando el discurso griego y nuestros marcos teóricos podemos afirmar que: Se envejece como se ha vivido, según la clase social a la que se pertenezca, según el género y las condiciones del trabajo desempeñado.  b9bcb0833fcfcf19d97cfbb39c57af08

 

¿CÓMO ENTENDER LO QUE HABLA EN EL OTRO?

 

Orientar  o Des-orientar?

 

La vejez, más allá de un cuerpo que comienza a des-andar, a producir una suerte de disortografía conductual, es esencialmente la construcción de un imaginario social, que es el gran productor de significados sobre los que cada uno hace construcciones de lo que es ser viejo. Estas construcciones van configurando estereotipos que fundan discursos con una fuerte impronta valorativa, que se vuelven imperativos y categóricos para determinadas épocas y co-construyen nuestra subjetividad. Bohoslavsky, en su obra “Teoría, técnica e ideología”, (1974), afirmaba que la elección vocacional esta necesariamente sobredeterminada por la familia, la estructura educacional y los medios masivos de comunicación, de tal manera que es posible afirmar que más que elegir, el sujeto es “elegido” por la cultura.”  (Apuntes de cátedra OVO Prof. Peralta UBP)

“Es preciso construir modelos que develen la articulación entre el sistema social que constituye a los hombres y los sujetos que los soportan, lo mantienen pero también lo transforman”

Bohoslavsky 1974.

Al adulto mayor, codificado por estos discursos y estereotipos dominantes, no le resulta fácil modificar esa “orientación”, influido por las presiones internas como externas, que en su mayor parte son inconscientes, para desempeñar el “trabajo de viejo” Es en este sentido que me animo a pensar que una primera intervención posible, podría tener que ver con des-orientar, para luego  acompañar al sujeto a  re-escribirse. En una época de recesión de los vínculos interpersonales, es necesario animarlo a bordear territorios fronterizos donde la emergencia de una alteridad amenazante se transforme en compañera de ruta,  para construir la alternativa de un real posible. Ayudarlo a enfrentar el vacío necesario que producen los duelos, esa fragmentación necesaria que hace que el sujeto se enfrente a una oquedad abisal poblada de fragmentos de un pasado y un presente, y  comenzar  a alisar esas  hojas amarillas de la bitácora de su vida y animarse a bocetar, a ensayar nuevas formas de escritura. “Todo el que quiere nacer tiene que destruir un mundo…”   Herman Hesse,Demian”  

La vejez, más allá de las señales del cuerpo,

es fundamentalmente la construcción de un imaginario social específico que da significados y construye valores acerca de lo que significa ser un adulto mayor o estar en la senectud,

o ser un viejo o un anciano.

Nelson Mandela.

    ALGUNOS AUTORES Y CONCEPTOS QUE ME  AYUDAN  A BOCETAR IDEAS… LA  “RELACIONALIDAD DEL YO”. D.

Winnicott aporta algunos conceptos que desarrolla a partir de la obra de Melanie Klein y que parecen importantes para tener en cuenta a la hora de orientar a los adultos mayores. Me refiero a la capacidad de estar solo,  y al término acuñado por Winnicott que es “relacionalidad del yo”. Siguiendo a Klein, Winnicott señala:  “…la capacidad de estar solo depende de la existencia de un objeto bueno en la realidad psíquica. El pecho o pene internos buenos, o las buenas relaciones internas están lo suficientemente bien emplazados y defendidos como para que el individuo se sienta confiado acerca del presente y el futuro.” D.W.Winnicott. “Los Procesos de Maduración y el ambiente facilitador” Plantea Winnicott que la capacidad para estar solo es un fenómeno sumamente refinado, que tiene como base una paradoja, “se trata de la experiencia de estar solo mientras alguien más esta presente” Siguiendo al autor, considero esta capacidad como muy relevante para indagar en el adulto mayor a orientar, pues “la capacidad para estar solo es casi un sinónimo de la madurez emocional”    

LA GRAMÁTICA DEL SUJETO. Tanto Ricoeur como Kristeva, emplean la teoría de la narración-ficción para hablar sobre el sujeto; específicamente, cómo el sujeto se construye a través de la narración. El sujeto, entendido como un texto, se autoconstruye en la medida que se va narrando…, ¿Hay acaso una gramática de la subjetividad en proceso?;  figuras topológicas, sintaxis, procesos de semiosis, que van negociando significados pero que ceden inevitablemente a la seducción de las cartografías bocetadas por el huidizo deseo… ¿Qué rol cumpliría el psicólogo, el orientador, en este caso un compañero de ruta para descifrarse a uno mismo?   Acudiendo a una experiencia personal, contaré que un día, camino al Jardín maternal al que concurría  mi hija Florencia, de 4 años, ella me interrogó: -Mamá, ¿existimos en realidad o simplemente somos un cuento que alguien está contando  y cuando se acabe nos morimos…?” Ese “alguien” que Florencia menciona como el lector o el contador de cuentos que da marco material o virtual a una historia… ¿lo podremos relacionar con el deseo que escribe en invisibles y encriptadas caligrafías la hoja de ruta del sujeto? Las carencias, las disfuncionalidades de los vínculos tempranos, van modelando el psiquismo de tal forma, que podríamos pensar que dejan “huecos”, como agujeros negros que absorben la energía que el sujeto podría canalizar a través de la creatividad, la energía que podría sublimar y queda enquistada en esas estructuras, encapsulada como un reservorio  energético… Entonces me pregunto: Ese reservorio energético, ¿se podrá volver a utilizar en alguna otra etapa y circunstancias de la vida? Hasta hace poco, pensábamos que los agujeros negros, tragaban la materia cósmica de su rededor y nunca más la liberaban. Hace pocos días, buceando  en publicaciones de astronomía, leí que un gran agujero negro “traga-galaxias”, escupió literalmente un “quásar”; no pude evitar relacionarlo con algunas de mis ideas o metáforas explicativas acerca del aparato psíquico, más exactamente, de los agujeros negros del inconsciente y acudió en mi ayuda Julia Kristeva. Ella considera que el desarrollo de la actividad representativa del sujeto, implica un fenómeno de “revuelta”, que es una posibilidad de posicionarse subjetivamente recreando y re editando situaciones productivas…

“…como soy de formación lingüística me dedique primero a entender el significado de la palabra que tiene origen sánscrito y quiere decir: pasar hacia atrás y volver hacia el futuro”

“A diferencia de las certezas y las creencias, la revuelta permanente e ese cuestionamiento de sí mismo, del todo y de la nada, que evidentemente, ya no tiene lugar o razón de ser”

J. Kristeva. El provenir de la revuelta. 1998.

Haciendo flexión con este término y concepto de Kristeva, podemos pensar que para que se produzca esta re-vuelta, el sujeto debería poder “viajar” a  través de su historia libidinal, buscando algo así como “puntos de restauración del sistema”, instancias en las que “funcionó bien”, para poder tomar de allí los significantes, la energía necesaria para construirse una nueva identidad al modo como construían las antiguas civilizaciones sus ciudades: la nueva sobre los cimientos de la vieja. ¿Podremos, en determinadas situaciones, obtener “material” para re-construirnos de esos “agujeros negros” del inconsciente? Esto le permitiría transformarse, crearse acorde a sus necesidades actuales, pero sin dejar de reconocerse.  

LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA VEJEZ.

Algunas ideas para pensar el Malestar. ¿Qué peso específico tienen las configuraciones mediáticas, la publicidad, el consumismo desaforado de nuestra época, en la identidad vocacional y ocupacional del anciano? La sociedad transformó al viejo, de sujeto a objeto social de cuidado y protección. Sin embargo, esto no quiere decir que así se respeten más su derechos y se cubran sus necesidades, sino que pienso que está operando un paradigma del encierro, al que podemos pensarlo junto con Foucault; así como en la modernidad a los huérfanos, a la infancia y a los enfermos mentales, parecería que a los viejos se los encierra en esa doble modalidad de crueldad y cuidado. Si repensamos el tema bajo la mirada de Foucault, en realidad hay dos grandes modelos que son, según él, maneras de ejercer el poder y que han primado en diferentes épocas; estos son: El modelo de la lepra y el modelo de la peste. Estos fueron aplicados a determinados grupos sociales: los locos, los enfermos, los criminales, los desviados, los niños, los pobres. Como Foucault lo señala, el gran modelo que primó hasta el siglo XVIII, fue el de las prácticas de exclusión, de descalificación, exilio, rechazo, privación, negación, desconocimiento, (modelo basado en la exclusión de los leprosos en la Edad Media). En cambio a partir de siglo XVIII, el otro modelo que se fue gestando y consolidando de manera más sutil, es el que menciona Foucault en “Los anormales”, basado en el modelo de la peste, que no trata de expulsar, sino de establecer, fijar, dar su lugar, asignar sitios, definir presencias, sin rechazo, sino inclusión. Plantea Foucault que pasamos, con este último modelo, a la invención de una nueva tecnología positiva del poder. ”La reacción a la peste es una reacción positiva; una reacción de inclusión, observación, formación de saber, multiplicación de los efectos de poder a partir de la acumulación de la observación y el saber. Pasamos de una tecnología del poder que expulsa, excluye, prohíbe, margina y reprime, a un poder que es por fin un poder positivo, un poder que fabrica, que observa, un poder que sabe y se multiplica a partir de sus propios efectos.” Las prácticas sociales y los discursos que se instituyen a partir de estas tecnologías,  influyen en el imaginario social creando nuevas categorías para re-ubicar a las personas. Por lo tanto, el “constructo vejez” es una construcción social  que  está inscripta en  un modelo hegemónico de juventud, que ha generado determinados estereotipos y valoraciones que tiñen ideológicamente nuestras prácticas. Como señala el Lic, Sergio Rascovan: “el contexto es parte del propio texto de la elección, por ende un elemento fundante en ella.” Pero por suerte…. “los viejos “   se resisten!!

Abuelos.  

Para muchos pueblos del África negra, los antepasados son los espíritus que están vivos en el árbol que crece junto a tu casa o en la vaca que pasta en el campo. El bisabuelo de tu tatarabuelo es ahora aquel arroyo que serpentea en la montaña. Y también tu ancestro puede ser cualquier espíritu que quiera acompañarte en tu viaje en el mundo, aunque no haya sido nunca pariente ni conocido. La familia no tiene fronteras… …explica Soboufu Somé , del pueblo Dagara:  “nuestros niños tienen muchas madres y muchos padres. Tantos como ellos quieran” “y los espíritus ancestrales, los que te ayudan a caminar son los muchos abuelos que cada uno tiene. Tantos como quieras”

Espejos. Eduardo Galeano.

  VOCACIÓN Y VERDAD.

“La vocación es un conjunto de procesos psicológicos que una persona concreta moviliza en relación al mundo profesional en el que pretende incardinarse o en el que ya está instalado. Lo vocacional se centra en el individuo como persona completa con proyectos de vida individualizados (…) y resume la historia personal conjugándola o superando las connotaciones y limitaciones sociales o de otro tipo, del mundo ocupacional”

La ocupación o profesión, incluye grupos de trabajos, organizaciones, empresas, actividades pero además una preparación previa para la misma. Cita de Rivas, en  “Descubrir el camino” –  Marina Müller. “Los orientadores somos acompañantes, co-pensadores, agentes movilizadores que brindamos un contexto de reflexión y actividades que dan espacio y tiempo para replantear los conflictos, las crisis de identidad  y de ideales, las problemáticas sociales, educativas y laborales.  “El eje o foco de nuestra tarea es acompañar el aprendizaje de los consultantes sobre si mismo y sobre la realidad ocupacional para construir un proyecto personal de inserción laboral.”

Descubrir el camino. Marina Müller.

DECIR LA VERDAD ACERCA DE UNO MISMO…

Foucault justificaba la importancia del tema de la sexualidad al afirmar que “a diferencia de la mayor parte de estos otros grandes sistemas de interdicciones, el que concierne a la sexualidad ha sido emparejado con la obligación de decir la verdad acerca de uno mismo a través de la sexualidad, este acoplamiento singular entre la prohibición de hacer y la obligación de decir, que será un problema cuya historia Foucault va a perseguir desde la antigua Grecia. Decir la verdad acerca de uno mismo a través de la sexualidad, “ …ese acoplamiento singular entre la prohibición de hacer y la obligación de decir…”; ¿acaso esto no tiene que ver con  elecciones,  con intereses, con un proyecto de vida, con la historia personal que se pone en juego en toda elección vocacional u ocupacional, con el orientador y su rol de “acompañar el aprendizaje de los consultantes sobre sí mismos”? Siguiendo a Foucault, podemos pensar que las intervenciones en orientación vocacional y ocupacional también tendrían que ver con “técnicas” hermenéuticas. En su Curso 1981-1982 en el College de France, titulado “la hermenéutica del sujeto”, Foucault desarrolla magistralmente una noción griega que indica como “muy compleja y rica” , con una larga vigencia en la cultura griega, que es la de “epimeleia heautou”, señalando que la traduce mas o menos como “inquietud de si”, “el hecho de ocuparse de uno mismo” . Esta noción Foucault la trabajará buscando la relación con la prescripción délfica “gnothi seauton” o “conócete a ti mismo”  tal vez más conocida en nuestra cultura por las referencias de Sócrates. Profundizar en este tema, excede el tiempo y el trabajo que estoy realizando, por lo cual, sintetizaré que ideas me surgen a partir de la lectura  de Foucault: Foucault se plantea interrogantes respecto a por qué  elige estas  dos nociones griegas, y a través de las jornadas de trabajo en su cátedra encuentra relaciones entre ellas, pero especialmente, rastreando en la antigüedad grecolatina la noción de “la inquietud de si”, ve qué puede construir… “un corpus que defina una manera de ser, una actitud,  formas de reflexión, practicas que hacen de ella una especie de fenómeno extremadamente importante, no sólo en la historia de las representaciones, no sólo en la historia de las ideas o las teorías, sino en la historia misma de la subjetividad o, si lo prefieren, en la historia de las prácticas de la subjetividad” En la Howinson Lecture, Foucault va a reclamar la especificidad propia de las “tecnologías de uno mismo” , que él complementando la clasificación de Habermas define como: “técnicas de producción, de significación y de dominación”.

“aquellas técnicas que permite a los individuos efectuar un cierto número de operaciones en sus propios cuerpos, en sus almas, en sus pensamientos, en sus conductas y ello de un modo tal que los transforme a si mismos, que los modifique, con el fin de alcanzar un cierto estado de perfección, o de felicidad, o de pureza o de poder sobrenatural, etc. etc. Permítaseme que llame a ese tipo de técnicas, las técnicas o tecnologías de uno mismo (the self)”.

En el comienzo de “ Tecnologías del “self””, plantea:

“mi objetivo no eran simplemente los actos permitidos y prohibidos, sino los sentimientos representados, los pensamientos, los deseos que pudieran ser experimentados, los impulsos que llevaban a buscar dentro de si cualquier sentimiento oculto, cualquier movimiento del alma, cualquier deseo disfrazado bajo formas ilusorias”

Articular estos conceptos trabajados por Foucault en lo que tiene que ver con encontrar la verdad de uno mismo, ocuparse de “la inquietud de si, como conceptos que nos permitan investigar y , analizar las practicas de la subjetividad, tal vez nos podrían servir también como “caja de herramientas” , como “tecnologías “ al estilo de este autor, para tener otra perspectiva desde donde pensar nuestras intervenciones en orientación vocacional ocupacional.  

PARADIGMA DEL ENVEJECIMIENTO ACTIVO.

Dentro de este paradigma me parece que tiene un rol muy importante la actitud preventiva, la implementación de políticas y prácticas que otorguen importancia a las propuestas de capacitación, recreación y estudios de post-grado, dirigidas a la familia, los cuidadores, los profesionales que trabajan con los adultos mayores…

El abandono, el maltrato y la violencia contra las personas de edad.

La violencia contra los adultos mayores pueden adoptar muchas formas y se producen en todas los ámbitos sociales, económicos, étnicos y geográficos. Entre los factores de riesgo que llevan al maltrato de los adultos mayores figuran el aislamiento social, la imagen que se tiene de las personas de edad en la sociedad y el deterioro de los lazos entre las generaciones. Pero en particular y en relación con el posicionamiento que adopta la familia del adulto mayor o el que puede adoptar un profesional consultado, me interesa tomar estas palabras de la Dra Silvia Bleichmar para pensar: “La indiferencia, el desinterés ante la palabra del otro, son también formas de crueldad y de violencia que se ejercen de manera menos visible que la cachetada o la paliza” A estas formas de violentación subjetiva que menciona Silvia Bleichmar, agregaría, que también el detentar el saber y el poder de decidir sobre el curso de vida de un adulto mayor, sea el actor la familia o un profesional también es una forma de violencia simbólica des-subjetivante. Pero tampoco debemos dejar de lado, los modelos propuestos por la sociedad a través de los medios, y otros “aparatos ideológicos”.

 

“EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO”…. NUEVAS FORMAS DE SER “VIEJO”    elegir la fila para la vida     ABRIR ALGUNAS PUERTAS….

 

Toda práctica humana es un fenómeno social que no sólo socializa saberes, teje redes vinculares, diseña formas organizacionales y distribuye capital cultural, sino que además, es co-productora de subjetividad. Los ancianos están buscando nuevas formas de “ser viejo” y dentro de ellas se está generando una identidad contra-caducidad que está emergiendo fuertemente frente a los profesionales y recién estamos pensando qué hacer con esto…. Enuncia Marina Müller, respecto a la tarea del orientador vocacional: “…abrir algunas puertas para que cada cual encuentre algunas pistas para recorrer “un camino con corazón”, su propio camino protagónico, en le cual el trabajo y la ocupación de cada cual, en apertura a los otros seres humanos lleguen a ser espacios de creación personal y social”.       “Descubrir el camino”, 2004 Dice  Foucault, algo que sintetiza de alguna manera mi inquietud y mi curiosidad volcada en este trabajo: “Mi trabajo es abrir ventanas donde había muros…” Este trabajo intentó ser un espacio donde plantear interrogantes, ensayar reflexiones, articular marcos teóricos y pensamientos, tal vez un primer boceto de ideas que me inspiren a profundizar, para seguir aprendiendo y conociendo, y sobre todo para seguir interrogándome, porque tener siempre una pregunta, es una forma de asegurarme que estoy viva e inacabada, como exclama Paulo Freire: “¡Qué suerte tengo de ser un sujeto inacabado, incompleto, porque esa experiencia me lleva a buscar, es el motor esencial del conocimiento”    

ANEXO.

ALGUNAS IDEAS QUE SE ME OCURRIERON PARA TRABAJAR EN GRUPO CON LOS ADULTOS MAYORES Y QUE PUEDEN SERVIR COMO ESTRATEGIAS DE RELEVAMIENTO DE INFORMACION QUE COMPLEMENTEN LAS TÉCNICAS Y ENTREVISTAS SISTEMATIZADAS DE ORIENTACION VOCACIONAL Y OCUPACIONAL  o TALLERES DE PREPARACIÓN PARA QUE LOS ADULTOS MAYORES PUEDAN HACER SUS ELECCIONES.

 

POBLACION OBJETIVO: Adultos mayores a partir de 65 años.

OBJETIVOS GENERALES Promover formación de grupos de adultos mayores que logren emprendimientos económicos autogestivos y autosustentables.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS. Promover la restitución de una imagen de adulto mayor que se ha retirado del sistema activo de trabajo, como un sujeto que ha cambiado de posición y que tiene potencialidades para asumir nuevos roles en el cambiante mundo moderno. Promover instancias de capacitación, así como de expresión y esparcimiento adecuadas a los tiempos y posibilidades de los grupos de adultos mayores con los que se trabajen. Promover la construcción de nuevas trayectorias de estudios y de trabajos acorde a las circunstancias y posibilidades de esos adultos mayores. Promover, acompañar en la búsqueda y  construcción de una nueva identidad personal, profesional, y laboral para personas que ya se han retirado del sistema formal de empleo.  

ENCUENTRO PARA CONOCERNOS. Contar algunas cosas de la vida cada uno, como: quién es, cuántos años tiene, qué hace, con quién vive, qué le gusta y qu+e le disgusta… Es importante, también, fijar un encuadre para las reuniones, lugar, hora, día y frecuencia semanal. Intercambiar datos personales, dirección teléfono, email, promover la solidaridad y colaboración entre ellos..

Taller de expresión: “Sueños compartidos”:  1 + 1 = 3 Escribir una narración.

Escribir, como forma de dejar una huella, un testimonio de su presencia en el aquí y ahora, y en el después. Escribir permite al sujeto reencontrarse con pedazos propios, escudriñar el archivo de la memoria, enfrentarse a una visión de paralaje entre dos escenas, la que manifiestamente recuerda, la que han cuestionado en el tiempo sus creencias y percepciones y la que realmente fue. Pero permitirnos soñar,  …conectarnos con ese  universo simbólico que nos sirva de tabla de surf para atravesar las olas del espacio-tiempo…. La narración apunta a que cada uno exponga lo siguiente: A) Que sueños cree que aún le falta cumplir y cómo cree que podría lograr realizarlos? b) Con que herramientas cuenta en la actualidad para cumplir esos sueños ¿ c) Cuales son las ventaja de la edad adulTa y como puede darle un uso positivo? 2da etapa. Lectura y debate de lo escrito por cada uno y análisis de los contenidos. 3era etapa Elaborar entre todos un plan para llevar a cabo el mayor sueño de cada uno y explicar por qué es posible. 4ta etapa. Con los escritos de todos elaborar un escrito sobre las posibilidades de la 3era edad y publicarlo en alguna revista barrial con el nombre del grupo. Observar en que medida el adulto mayor se reconoce, se posiciona como autor.

TALLER DE EXPRESIÓN: “Sueños compartidos: en la calle codo a codo somos mucho más que dos…”

1era etapa. Leer cada uno en clase y en voz alta un cuento de autor conocido. 2da etapa. Debatir sobre cada cuento para lograr la correcta comprensión de su lenguaje literal y figurado. 3era etapa. Trabajar en la prosodia y dramatización gestual de la lectura de esos cuentos (declamación). 4ta etapa. Trabajar con eL sentido de pertenencia y apasionamiento de ese grupo de cuentos. 5ta etapa. Organizarse en grupos de dos y establecer asistir a geriátricos y hospitales para leer esos cuentos apropiados en su esencia.

TALLER DE EXPRESION “ Sueños compartidos: “Conozco al ser humano, me conozco”

Los adultos mayores poseen habilidades y procesos positivos intrínsecos a su proceso de envejecimiento como la participación y experiencia, y su potencial para desarrollarse, sus conocimientos previos, y su motivación. Es importante apoyarnos en estas fortalezas para fomentar una imagen mas atractiva de la tercera edad, sobre la que sentar las bases de que un mayor desarrollo personal es posible. Analizar algunos de los problemas filosóficos contemporáneos, que tienen sus raíces en antiguos pensadores, permite visualizar un continuum histórico que permite relacionar los mismos a la propia vida de cada uno, y ayudar a entender mejor, nuestra posición dentro del entramado social. 1era etapa. Comenzar con la lectura de textos de filosofía para principiantes. 2da etapa. Debatir sobre lo leído y agregar opiniones propias de cada tema 3era etapa. En que ayuda la filosofía a la vida? 4ta etapa. Cada uno debe traer información de un filósofo y sus aportes. Cada integrante dará una clase sobre su filósofo elegido y someterá el tema a debate.

TALLER DE EXPRESION : “Sueños compartidos: “Cantar de los cantares”

1era etapa. Se eligen tres canciones populares y cada cual copia en su cuaderno la letra de la canción. 2da etapa. Se escuchan las tres canciones y todos deben cantar leyendo la letra de su cuaderno. 3era etapa. Cada cual cierra su cuaderno y repite el texto de las letras de memoria. Si se olvida, los demás le apuntan para poder continuar 4ta etapa. A cuaderno cerrado todos cantan las canciones de a una estrofa cada uno y se empalma con el siguiente (coordinación, memoria y trabajo en equipo). Se promueve la enseñanza de estrategias de aprendizaje metacognitivas, para favorecer el desarrollo de los procesos cognitivos

TALLER DE EXPRESIÓN “Sueños compartidos “soy un ser social”

TALLER DE DESARROLLO DE ESTRATEGIAS AUTOSUSTENTABLES..

Tener en cuenta las contribuciones que pueden hacer los adultos mayores a la familia y a la comunidad, por sus saberes previos, su experiencia, su formación académica en algunos casos y ejercicio de alguna profesión y oficio. Creo que además de que se generen ONG´s  u Organismos estatales que se hagan cargo del adulto mayor, en general como lo hacen hasta ahora, de generarle espacios para reunirse, para recreación y manualidades y aprendizaje de manejo de PC o idiomas, se debe promover la creación de unidades que tengan profesionales especializados respecto al adulto mayor, y que los ayuden a gestionar, sus demandas de aprendizaje diverso, asi como demandas de capacitación y orientación para gestionar sus propios emprendimientos autosustentables.  

“Una mezcla sutil de creencia, saber e imaginación, construye delante de nuestros ojos la imagen, sin cesar modificada, de lo posible. Es a esta imagen con la que confrontamos nuestros deseos y nuestros temores. Sobre este posible, modelamos nuestro comportamiento y nuestras acciones. En un sentido, muchas actividades humanas, las artes, las ciencias, las técnicas, la política, no son sino maneras particulares, cada una con sus propias reglas de jugar el juego de los posibles.”

Francis Jacob, Premio Nóbel Medicina/Fisiología 1965.

Silvia Pérez Fonticiella.

Consultora en Neurociencias

Neuropsicología Psicopedagogía

Diciembre 2012.

BIBLIOGRAFIA.

APUNTES DE CÁTEDRA OVO. PROF. DR VALENTÍN PERALTA. Universidad Blas Pascal

ARIES P EL HOMBRE ANTE LA MUERTE

CICERÓN M. T.  DE SENECTUTE.

FOUCAULT, M  TECNOLOGIAS DEL YO. PAIDOS. 2008

FOUCAULT, M  LA HERMENÉUTICA DEL SUJETO. FCE. 2001.

FOUCAULT, M  LOS ANORMALES. FCE.

FOUCAULT, M  HISTORIA DE LA SEXUALIDAD. Tomo I. Siglo Veintiuno Editores.

FREIRE, P  EL GRITO MANSO. Siglo Veintiuno Editores.

GALEANO, E  ESPEJOS  2007

KRISTEVA, J. EL SUJETO EN PROCESO.

MULLER, M.  DESCUBRIR EL CAMINO. ED. BONUM 2004.

PEREZ FONTICIELLA, S. LAS INSTITUCIONES EN LOS BORDES DE LA MODERNIDAD LIQUIDA.  www.iinnuar.wordpress.com Ensayo Cátedra Psicopedagogía Institucional

PEREZ FONTICIELLA, S CELEBRACIÓN DE LA VEJEZ. Ensayo Cátedra Psicopedagogía II.

PEREZ FONTICIELLA, S ¿SOMOS CADA VEZ MÁS INTELIGENTES? DISCUSIÓN DEL CAMBIO DE PARADIGMA CONGNITIVO DEL WISC IV RESPECTO A WISC III. http://www.iinnuar.wordpress.com.

WINNICOTT, D.W.  LOS PROCESOS DE MADURACION Y EL AMBIENTE FACILITADOR.PAIDOS. 2011.  

 

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ANÁLISIS NEUROPSICOPEDAGÓGICO DE LA NOVELA:

“SECRETOS DE Familia” de Graciela Beatriz Cabal.

“Re-cordis: volver a pasar por el corazón”.

Eduardo Galeano.

Las frescas vivencias de la niña que sobrevive en la escritora adulta, producen una suerte de alquimia que transforma  lo biográfico en asunto literario impersonal y trascendente a través del tratamiento artístico que la autora le confiere. Son relatos donde la animación y autenticidad de lo evocado —seres, hechos, situaciones, paisajes—; es decir, lo verdadero de la realidad vivida, lo cotidiano de los recuerdos infantiles, se combina con la imaginación y fantasía de los primeros años de vida.

La pequeña es portavoz del imaginario social respecto a temas como la moral, las buenas costumbres, las expectativas sobre ser mujer o ser varón, el bien y el mal, lo visible y lo oculto que se teje detrás de la puerta de una casa, del hogar.

Las primeras impresiones que trasmite la autora-niña, parecen fragmentos, una suerte de patchwork de recuerdos, de escenas de la vida familiar, de la vida privada, que van apareciendo como flashes en su memoria.

Luego, la narración se va haciendo más cercana, mas fluida, menos fragmentaria, los relatos de las escenas se prolongan más en el tiempo y eso nos permite acercarnos un poco más a la ventana de la vida cotidiana de Gracielita.

A lo largo del relato, vemos cómo la niña va creciendo y desarrollando, cada vez, mayores habilidades motrices y discursivas, que van dando cuenta de un buen nivel intelectual, y una adecuada estimulación y canalización de sus intereses.

La matriz primigenia madre- niño-padre, (Alicia Fernández), se ha conformado adecuadamente, ya que la niña adquiere cada vez mayor autonomía, y se observa su proceso de aprehensión del mundo, desde posturas más intuitivas hasta otras que denotan mayor grado de maduración e incorporación de la lógica de las operaciones concretas, con buenas miras hacia  la abstracción.

Podemos pensar este momento de su desarrollo, desde las conceptualizaciones de Piaget, (asimilación- acomodación), desde las de Castorina, (epistemología genética), y desde las de Alicia Fernandez, (matriz vincular), donde la inteligencia se autoconstruye inter-accionalmente ).

Pensamos con Alicia Fernández, de qué modo se construyen los aprendizajes en el relato.

En este colectivo social, el saber está en manos de los adultos; son ellos los que saben ser y saben hacer, y se prestan como modelo a imitar y portadores del “saber a enseñar”.

Son ellos los que detentan el poder de trasmitir, de compartir los saberes, o de ocultarlos. Los que ejercen el poder, a través del disciplinamiento, y sus diversas formas sutiles de encauzamiento de trayectorias teñidas  del temor a Dios. Todo esto, va entretejiendo el entramado subjetivo-socio-cultural y alimentando el (súper-yo) y las estructuras congnitivo-emocionales que irán desarrollando sus mecanismos auto-regulatorios.

Nosotros, los de entonces… ya no somos los mismos”.

Pablo Neurda.

La niña realiza gran parte de sus aprendizajes escolares dentro del seno del hogar, pero también hay aprendizajes en el contexto escolar y extraescolar, con una fuerte impronta afectiva y significatividad en su maduración, que imprimen huellas en su personalidad, y se resignifican al interior del núcleo familiar, produciendo algunas transformaciones a los modelos paternos.

Esos padres, que han recibido su propia “codificación”, (al modo que lo conceptualiza Bleichmar), y han hecho su proceso de des-simbolización de la matriz primigenia, hasta encontrar su propia modalidad de aprendizaje, su propia manera de “estar-en-el mundo”, ya no son los mismos después de haber tenido a Gracielita. Todo hijo produce de alguna forma, en menor o en mayor grado, una especie de “ruptura epistemológica”, con las cosmovisiones, teorías y modelos de los padres, que inevitablemente, los llevarán a re-encontrarse con nuevas significaciones y hará re-significar su propia matriz vincular significante.

No obstante, siguiendo a Alicia Fernandez, a pesar de los “secretos de familia”, no observamos en la niña una modalidad de aprendizaje sintomática, pues no hay inhibición por parte de ella de su avidez por conocer; por el contrario, el deseo y la motivación del conocer y el aprender, su tendencia epistemofílica, es sumamente notoria.

Sin duda, esta modalidad activa, esta adaptación inteligente de Gracielita, se ve favorecida tanto por la actitud de los padres como de la abuela, quienes procuran ir respondiendo a sus preguntas paulatinamente a medida que crece.

Se observa además, que la persistencia en las preguntas de la niña, hace posible el promover en los adultos la capacidad para buscar respuestas en la medida de sus posibilidades, y también para ser tolerantes respecto a las atribuciones simbólicas de significado que hace la pequeña, a sus procesos de asimilación a sus esquemas internos, (Piaget, Castorina), ante su necesidad de explicar los sucesos del mundo que la rodea.

La niña, en su proceso de internalizacion de los instrumentos culturales, va transcurriendo diferentes etapas evolutivas en la construcción de su subjetividad, desde esa subjetividad que tiene como punto de partida el encuentro fundante en el otro y con el otro. Ese otro que se ofrece como mediador entre el yo y la cultura, y que al igual que el sujeto cognoscente, se transforma en el mismo acto de interacción, (Vigotsky, Castorina).

“Nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos”

E. Galeano

El texto contiene muchas expresiones costumbristas, prejuicios, refranes, mitos, ideas propias de la cosmogonía infantil, del pensamiento mágico de los años precoces.

Los recuerdos de la niña, su mirada catalogadora y curiosa, nos permite asomarnos al micro-mundo de lo privado de la vida familiar, exponiendo, corriendo el velo de las apariencias que esforzadamente mantienen el estatus quo.

“¿Dónde están los cajones con los indios muertos?”

G. Cabal

Graciela nos lleva de la mano a correr con su perro Coco, nos hace novia de Cachito y Cholito, nos hace recorrer el  famoso panteón familiar, nos incomoda  con sus preguntas, pero…, ¿Dónde están enterrados los indios?, y nos hace partícipes de sus peores “pecados” no confesados.

El relato nos contagia el ritmo hiperactivo de la niñez de pueblo, nos imbuye de una tibia inocencia por momentos, de la polaridad entre lo buenísimo y lo malísimo, y nos hace deslizar por los bordes de la transgresión infantil.

“El que quiere nacer tiene que destruir un mundo”

H. Hesse.

La preocupación por el cuerpo, por “hacerse señorita”, la enredan en un devenir de transformaciones, donde  debe reajustar la imagen que tiene de sí misma, enfrentándose a su propio cuerpo que de pronto se le presenta con un aspecto insólito, debido al rápido crecimiento físico.

El discurso de los adultos, que se “cuela” a través de la palabra de la niña, nos deja bucear en un océano de turbulencias, los reproches, las peleas de pareja, las atribuciones de culpas, las agresiones encubiertas a través de la ironía.

Todo el relato es atravesado por una melodía de piano, como si las etapas de desarrollo de la niña, fueran compases, vibrando en el pentagrama de la vida.

La casa, territorio materno, lugar de los afectos, y de los secretos, matriz original de los sueños y los miedos. Escenario de ensayo para la vida del “afuera”, lugar de la transgresión y la reproducción de modelos ancestrales, donde se asumen y se adjudican roles, lugar del Edipo, y la sexualidad infantil, de los amores prohibidos, y los muertos de amor de la abuela.

La escuela, territorio del padre, el lugar donde Gracielita es líder, es dueña de su espacio y su tiempo, y donde descubre aquella trama del mundo que se le oculta en la casa. “- Ya estoy avivada, creo”.

“Cada uno se define para siempre en un solo instante de su vida, un momento en que un hombre se encuentra para siempre consigo mismo” J. L Borges..

Llega el día del acto de fin de cursos, momento fundamental, en el que Gracielita dará un paso hacia un nuevo mundo, el mundo de los adolescentes, ese mundo bisagra entre el niño y el adulto, que provoca tanta angustia, tanto desconcierto. Un mundo al que el niño quiere y no quiere ingresar.

En latín la palabra adolescentia, proviene del verbo adolesco, que no deriva de ad y doleo como se sostuvo bastante tiempo,  haciendo de esta palabra un sinónimo de doler, padecer,  sino de ad y oleo y su incoativo olesco. Este verbo expresa la idea de el crepitar de los fuegos sagrados; los que llevan y transmiten el fuego; el crecer, desarrollarse, desenvolverse la razón, el ardor”. Los romanos, le daban el significado: “el que porta el fuego de la vida nueva”.

La pubertad y la adolescencia son los periodos de la vida que van preparando al niño para enfrentarse a una serie de cambios fisiológicos y psicológicos, que lo irán introduciendo paso a paso en el mundo adulto.

El discurso de la niña, es un discurso de cierre de una etapa, e inaugural de otra.

Graciela, vuelca en él a manera de videogramas de una película, rudimentariamente ensamblados, toda su vida hasta al momento, mezcla personajes y escenas reales, con la Otra escena, la del deseo, la del fantasma.

Su discurso está cargado de irritación, hostilidad y amor, desencanto, sexualidad, temor, admiración, ingenuidad y ternura, y esperanzada incertidumbre por el futuro, que va deslizando cual suaves pinceladas sobre el incesante lienzo de la vida.

Ella sabe, presiente, que en ese lugar donde no sabe, está todo lo aprendido,  todos los libros, todas las palabras, todos los abrazos, todos los deseos de deseos que han cuajado en la encrucijada de su ontogenia y filogenia, y que  ya se le han hecho propios, han anidado en las profundidades de su ser,  donde han estado macerándose tranquilamente con  las voces familiares que serán su base para ir descubriendo el camino donde encontrar su propios significantes.

Silvia Pérez Fonticiella

Neuropsicóloga

 

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