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ANÁLISIS DEL FRACASO ESCOLAR – Flavia Terigi


fracaso escolar

 

 

 

 

 

 

 

Ref: Revista Ibero-americana de Educación – N* 50 – Abril 2009

El fracaso escolar desde la perspectiva psicoeducativa: hacia una reconceptualización situacional

Flavia Terigi *

* Profesora de la UBA y de la Universidad Nacional de General Sarmiento (ungs), Argentina.

SÍNTESIS: En este trabajo se presenta la función que la escuela ha tenido históricamente en relación con el fracaso escolar. Asimismo, se plantea el problema de interpretación del fracaso escolar como un problema psicoeducativo y se propone una reconceptualización del riesgo educativo en términos de las relaciones que se establecen entre distintos grupos de sujetos y las condiciones usuales de la escolarización. Se presentan críticas teóricas al modelo patológico individual del fracaso escolar formuladas desde perspectivas interaccionistas y situacionales, y se muestra cómo cambia la lectura del fracaso cuando se incorpora al análisis la consideración de las prácticas escolares como prácticas culturales específicas, creadoras de regímenes peculiares de actividad, a las que, entre otras particularidades, se las analiza como prácticas especializadas en localizar desempeños diferenciales y, también, como prácticas que introducen cursos específicos en el desarrollo. Como aporte final a la discusión del problema del fracaso escolar, se sistematiza la definición del riesgo educativo, ya no en términos de propiedades subjetivas sino como resultado de interacciones con atributos de la actividad escolar, tal y como está organizada en el sistema escolar.
Palabras clave: fracaso escolar; problema psicoeducativo; riesgo educativo; prácticas culturales.

1.   Caracterización inicial del problema

Es sabido que la incorporación masiva de los niños a la escuela se realizó en un marco institucional específico, al que conocemos genéricamente como «escuela moderna», y que reúne ciertos rasgos, entre ellos la simultaneidad, la presencialidad, un cronosistema que fija regímenes de tiempo escolar, la descontextualización de las experiencias de aprendizaje, la heteronomía de quienes se incorporan en calidad de alumnos, etc. Estos rasgos son contingentes y, si bien el desarrollo ya más que centenario de la escuela moderna ha contribuido a solidificarlos, esta solidez no debería conducirnos a considerarla como contexto natural de aprendizaje y desarrollo.

Creada la escuela moderna, se advirtió tempranamente la presencia de niños que no aprendían según lo esperado. El fracaso escolar es un fenómeno contemporáneo de la escolarización masiva y, si analizamos el dispositivo escolar como sistema de actividad, según la perspectiva de Engeström (Engëstrom y Kallinen, 1988; Cole y Engeström, 2001), posiblemente sea funcional a algunas de las finalidades de la escolarización. Este aserto puede resultar algo desagradable a quienes vemos en la escuela un lugar de cumplimiento de derechos. Recordemos que, según propone el antes autor mencionado, lo que da identidad a una actividad, lo que da sentido a las numerosas acciones que se despliegan en el sistema de actividad, es su objeto. Desde el punto de vista de su objeto, una revisión básica de la literatura muestra a la escolarización como un conjunto de prácticas que responde a objetos antitéticos: ciudadanización, humanización mediante el acceso a contenidos culturales específicos, parking o moratoria del ingreso de la población joven al mercado de trabajo, inculcación de la dominación. Hay en esos diferentes objetos una fuente de contradicciones que son, según Engeström, las que dan funcionamiento evolutivo a un sistema de actividad.

Lo cierto es que este sistema de actividad que es el dispositivo escolar ha producido a lo largo del siglo xx enormes avances en la escolarización de grandes sectores de la población durante un período cada vez más prolongado de sus vidas (Esteve, 2006). Al mismo tiempo, es necesario señalar que cada nuevo esfuerzo por ampliar la escolarización ha producido nuevos contingentes de niños, adolescentes y jóvenes:

  • Que no ingresan a la escuela.
  • Que ingresando no permanecen.
  • Que permaneciendo no aprenden en los ritmos y de las formas en que lo espera la escuela.
  • Que aprendiendo en los ritmos y de las formas en que lo espera la escuela acceden a contenidos de baja relevancia, por lo que ven comprometida su trayectoria escolar posterior debido a los condicionamientos que ello produce sobre sus aprendizajes ulteriores.

El fenómeno usualmente denominado fracaso escolar se refiere generalmente a la segunda y la tercera de estas situaciones. Sobre ello hay cierto acuerdo referencial: cuando se habla de fracaso escolar, se habla de desgranamiento, de repitencia, de bajo rendimiento, de dificultades de aprendizaje, de sobreedad. Se habla también de logros diferenciales según género, según sector social, según etnia, etcétera.

Pero este acuerdo referencial sobre a qué llamamos «fracaso escolar» no implica un acuerdo sobre el modo de conceptualizarlo e interpretarlo, cuestión que constituye el corazón de este trabajo: cómo ha sido interpretado el fracaso escolar y qué lecturas podemos hacer en la actualidad. En particular, nos interesa considerar qué ha aportado a aquella interpretación y qué puede aportar a las lecturas contemporáneas el conocimiento psicoeducativo2. Propondremos una conceptualización del fracaso escolar que coloque el problema en una relación: la que se da entre los sujetos y las condiciones en que tiene lugar su escolarización.

¿Por qué poner atención en el conocimiento psicoeducativo? Porque la psicología educacional ha operado como ciencia estratégica en la fase de institucionalización del dispositivo escolar moderno. Distintos análisis (por ejemplo Guillain, 1990) destacan sus contribuciones a la identificación y eventual segregación de quienes experimentan dificultades para aprender en la escuela: un marco teórico, un cuerpo de especialistas, un conjunto elaborado de técnicas, dispositivos institucionales. También porque, a partir de los años sesenta, la didáctica buscó en la psicología bases para la fundamentación científica de la enseñanza, y el aplicacionismo caracterizó las relaciones entre psicología y educación (Coll, 1990). Finalmente, porque en la actualidad es nuevamente la psicología, junto con la psiquiatría, la disciplina requerida para explicar las dificultades de aprendizaje de los niños y adolescentes que no se ajustan a las expectativas escolares (Zelmanovich, 2006)3.

No querríamos iniciar el análisis de los modos de interpretar el fracaso escolar sin cuestionar también, siquiera brevemente, el acuerdo referencial, incorporando al cuadro de situación el fracaso de los que no fracasan, referido a ese número creciente de alumnos que, si bien finaliza los niveles escolares, realizó aprendizajes de baja relevancia que ponen en cuestión su posibilidad de seguir estudiando tanto dentro como fuera del sistema (Terigi y Wolman, 2007)4.

2.   Sobre la interpretación temprana del fracaso escolar: el modelo patológico individual

Pasando del acuerdo referencial a la interpretación del fenómeno, también aquí encontramos algunos acuerdos: se acepta que si los niños y adolescentes no ingresan a la escuela, y que si realizando un recorrido escolar completo no acceden a aprendizajes relevantes, los problemas deben buscarse en las condiciones de escolarización. Pero qué es lo que ocurre si la escuela ofrece la vacante o plaza escolar, si sostiene la escolaridad, si enseña, y aun bajo esas condiciones los sujetos no aprenden como se espera, repiten, o tarde o temprano abandonan… Nos ha tomado más tiempo y mucho debate aceptar que muchas de estas formas del fracaso también se relacionan con las condiciones de la escolarización.

Frente a la masividad del fracaso la interpretación podría haber volcado la sospecha sobre la escuela. Rasgos esenciales de la organización pedagógica de la institución, como la simultaneidad, la pre­sencialidad, la descontextualización, podrían haber sido puestas bajo observación. Sin embargo, la sospecha se volcó sobre los sujetos y el fracaso fue interpretado durante mucho tiempo desde un modelo patológico individual.

A este modelo contribuyó el conocimiento psicológico, un tipo específico de conocimiento psicológico: una psicología individual, con una metodología individualista y, por consiguiente, escisionista (Castorina, 2005). El uso temprano de las pruebas de inteligencia, que se remonta a las primeras décadas del siglo xx, puede tomarse como un exponente del vigor de aquel modelo: las pruebas debían suministrar evidencia científica de un desarrollo intelectual del sujeto que explicaría sus dificultades para aprender en la escuela. De todos modos la cuestión no se reduce a la mensura de la inteligencia del sujeto, pues junto con ella hay que ubicar también el desarrollo de los cuadros «dis»: dis-calculia, dis-lexia, etc., y toda la nosografía de las dificultades de aprendizaje que no cesa de crecer año a año. Bajo este modelo patológico individual, en la medida en que se fue produciendo la incorporación de los psicólogos y otros profesionales «psi» a la escuela, su acción se fue sesgando hacia modalidades de intervención centradas en un abordaje de tipo clínico individual, con escasa relación con quienes –los maestros5– desarrollan las prácticas de enseñanza en cuyo seno se visibilizaba la dificultad de aprendizaje, focalizándose de forma casi excluyente en el sujeto en dificultad. Hay condiciones institucionales que explican esta modalidad solitaria de trabajo (Menin, 2004), pero precisamente estas condiciones son tales debido al supuesto que estructura el diseño organizacional de los sistemas de detección, diagnóstico y derivación: el fracaso escolar como problema individual a atender clínicamente.

3.   Fracaso escolar, relaciones disciplinares y prácticas instituidas en psicología y educación

El modelo patológico individual como interpretación temprana del fracaso escolar se comprende mejor si introducimos los hechos connotados a fines del siglo xix y principios del xx en la relación entre psicología y educación en las fases iniciales del sistema escolar moderno. Es importante diferenciar entre psicología y educación dos planos de relación: el de las relaciones disciplinares y el de las prácticas instituidas6.

El problema del fracaso escolar se plantea inicialmente en el plano de las prácticas educativas. Aquí, el modelo homogeneizador experimentó tempranamente grandes dificultades para escolarizar exitosamente grupos específicos de sujetos. En estas circunstancias, la educación apeló a la psicología para contar con parámetros de normalidad que le permitieran explicar por qué no aprendían quienes no aprendían, identificando en los sujetos (los alumnos con escolarizaciones fallidas) los atributos que habrían de explicar la dificultad. La utilización de procedimientos psicológicos para legitimar decisiones escolares –como la clasificación de sujetos según resultados de tests o la fundamentación de procesos de segregación escolar en base a cuadros patológicos– constituye una forma de relación entre prácticas educativas y prácticas psicológicas en la que las segundas vienen a dar respuesta a vacíos en la educación como campo disciplinar frente a problemas surgidos de las propias prácticas educativas.

Estas relaciones entre prácticas educativas y psicológicas se relacionan con estados determinados del conocimiento disciplinar en cada uno de estos campos. Por el lado de la educación, tenemos un campo en situación de pluri-disciplinariedad externa (Gimeno Sacristán, 1988), que llevaba a buscar fuera de los límites de las disciplinas educativas los fundamentos científicos de las decisiones. La psicología fue convocada desde la educación como ciencia de fundamentos; una psicología de base científica se consideró durante cierto tiempo una base excluyente para la pedagogía y, más adelante, para la didáctica (Coll, 1990). Hay un problema evidente en el hecho de que las relaciones entre psicología y educación se hayan planteado de manera directa, descuidando la consideración de los límites entre las disciplinas y la especificidad de sus respectivos objetos. Pero hay un segundo problema en el hecho de que la psicología a la que se apela está formateada en sus saberes disciplinares y en sus prácticas específicas por la escisión sujeto-situación que fue característica de la psicología educacional de la primera mitad del siglo xx. Bajo estas condiciones, la relación psicología-educación conduce a una lectura de las diferencias en el desempeño escolar como deficiencias medibles sobre la base de una matriz evolutiva lineal (Gould, 1997; Baquero, 2000).

En contraste, encontramos –también tempranamente– posiciones interaccionistas, posiciones sistémicas (como las denominan Castorina y Baquero, 2005) que cuestionaron estas formas de interpretar las dificultades en el aprendizaje y los procesos de conocimientos.

Recuérdese la importancia de la zdp (zona de desarrollo próximo) vigotskiana como alternativa diagnóstica (en verdad, de pronóstico) a las pruebas de inteligencia, precisamente por el carácter interactivo de la situación de evaluación en la zona, y por el supuesto de que el desempeño del sujeto es relativo también a las formas de intervención de otro (Vigotsky, 1996). Recuérdese también, en otro sentido, la posición interaccionista piagetiana que impide considerar el conocimiento como reductible al sujeto y sus capacidades (García, 2000). Sin embargo, no son estas las perspectivas que fundamentan los saberes psicológicos que ingresan al campo educativo en las etapas iniciales de la escolarización7.

4.   La falacia de abstracción de la situación

Importa recuperar las perspectivas interaccionistas, sistémicas, situacionales, contextualistas8, para producir una crítica teórica –y, con ello, política– al modelo patológico individual del fracaso escolar. En los últimos años, la psicología ha profundizado la perspectiva interaccionista en lo que se conoce como «giro contextualista». Este giro pondera la especificidad del aprendizaje escolar; afirma que el sujeto es incorporado a sistemas de actividad específicos que tienen efectos productivos sobre sus formas de actuación, sobre sus aprendizajes y su desarrollo, e insiste en el carácter situado que deben asumir las investigaciones sobre el aprendizaje escolar. El giro contextualista fue en su momento una novedad en la psicología educacional, debido a los esfuerzos que la investigación psicoeducativa había realizado hasta entonces para estudiar el aprendizaje en contextos simplificados como el de los laboratorios, y para pronosticar potenciales de aprendizaje de los sujetos en función de atributos individuales como el ci, los niveles madurativos, etcétera.

Dentro de la perspectiva situacional, Baquero ha formulado una crítica teórica al modelo patológico individual del fracaso escolar y, en su caso, apoyándose en la tradición vigotskiana, identificó lo que denominó «falacia de abstracción de la situación» (Baquero, 2000), la cual no consiste en desconocer las particularidades de los sujetos, de su situación personal o familiar, sino en abstraer las particularidades de la situación educativa en tanto escolar:

[…] como si pudieran delimitarse las posibilidades de ser educado –esto es de aprender y desarrollarse– de un sujeto sobre la base exclusiva de sus supuestos atributos personales. Recíprocamente, las situaciones educativas son vistas de modo naturalizado o cosificado, como si consistieran realmente en contextos naturales de aprendizaje […] para esta concepción si un sujeto fracasa en sus aprendizajes en el contexto natural para hacerlo, algo ha de estar alterado en su naturaleza de aprendiz, es decir, en su capacidad de aprender, en su posibilidad de ser educado, al fin en su educabilidad (Baquero, 2000, p.11). (Cursivas en el original).

Debido a esta falacia que analiza Baquero, el fracaso escolar termina caracterizado como resultado de un problema que porta el sujeto a título individual, y el fracaso masivo acaba siendo una suma de fracasos individuales, un efecto agregado de los «déficits», «retardos madurativos», «retrasos intelectuales», «dificultades de aprendizaje», etc., que portan individualmente los alumnos.

Consideremos cómo cambia la lectura del fracaso cuando incorporamos al análisis la hipótesis situacional, según la cual las prácticas escolares son prácticas culturales sumamente específicas, creadoras de regímenes de actividad también específicos. Analicemos, por ejemplo, las demandas cognoscitivas de la escuela.

En su famoso trabajo Por qué fracasan tan poco los niños, Rivière (1983) llamó nuestra atención sobre las particularidades de las exigencias que la escuela genera para la actividad cognoscitiva de los sujetos. La escuela propone maneras particulares de funcionamiento cognoscitivo a las que denominamos demandas cognoscitivas9.

Tomemos uno de los muchos ejemplos que ofrece Rivière: la atención a las tareas escolares. La escuela exige del niño una atención mucho más selectiva que la que este empleaba en las exploraciones y juegos pre-escolares, y le pide un filtrado riguroso de la información relevante con respecto a los estímulos que no lo son desde la perspectiva del sistema escolar, aun cuando puedan serlo desde la perspectiva del niño. La capacidad de respuesta a esta demanda atencional ha generado habitualmente un criterio para diferenciar a aquellos niños que se ajustan al dispositivo escolar y los que no (Rivière, 1983), mucho antes de que el add o adhd se convirtiera en la discutible pandemia escolar en que lo han erigido los actuales procedimientos de diagnóstico basados en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (dsm iv).

El cuadro se agrava si recordamos que el nivel inicial funciona educando culturalmente la atención para fines escolares, lo que resulta evidente en la diferencia atencional que se verifica en primer grado entre niños escolarizados / no escolarizados en el nivel inicial.

En el plano cognoscitivo, la escolaridad no se limita a potenciar o habilitar formas de desarrollo previstas en el curso espontáneo del desarrollo de los sujetos, dado que la escolaridad introduce cursos específicos en el desarrollo cognoscitivo; al respecto, es ilustrativo el ejemplo de la atención. Esta producción escolar del desarrollo ontogenético no es en sí misma un problema; el problema se plantea cuando, incurriendo en la falacia de abstracción de la situación de la que nos habla Baquero, se convierte una diferencia producida por la escolarización, en una deficiencia de quienes no han sido escolarizados hasta entonces.

Seguramente es necesario aclarar que no estamos propiciando una mirada reductiva en el sentido de que no existan diferencias efectivas entre los individuos frente a las demandas del trabajo escolar. Lo que estamos diciendo es que estas diferencias resultan producidas por la propia escuela en determinados casos, y que aun en los casos en que no es así, lo que importa es la manera en que las diferencias son delimitadas y significadas por la escuela, con el auxilio de los saberes y las técnicas psicoeducativas. En términos de McDermott:

Obsérvese que no negamos que, por la razón que sea, algunos niños aprenden más lentamente que los otros o de una manera diferente. Se trata solo de que, sin los arreglos sociales que atribuyen importancia a los ritmos diferenciales de aprendizaje, la discapacidad de aprendizaje no existiría (McDermott, 2001).

5.   El momento evaluativo y la producción del fracaso escolar masivo

La investigación desarrollada por McDermott realiza el seguimiento de un mismo sujeto a través de distintos contextos («ambientes», como los denomina), a fin de determinar en qué medida cada contexto organiza la búsqueda y la localización de los desempeños diferenciales. En su análisis, las aulas resultan contextos donde esta organización es más meticulosa, sobrepasada solo por la situación de administración de test; se trata de contextos creados para visibilizar las diferencias, para poner en evidencia la discapacidad, «para poner en evidencia a los alumnos que no hacen las cosas tan bien como los demás» (McDermott, 2001, p. 311).

El aporte de McDermott nos arroja de lleno en el problema de la evaluación. Lo que queremos destacar es que el fracaso escolar masivo, que venimos analizando como efecto de un sistema de actividad, se define en numerosas instancias, en eventos evaluativos en los que un maestro o un profesor deciden que un alumno no aprende o no lo hace en los ritmos y de las formas en que se espera. Es crucial reflexionar sobre el grado hasta el cual el alumno (y su posible destino de fracaso) está expuesto a la comprensión del profesor en ese momento evaluativo. La comprensión del profesor es un atributo de la situación educativa, menos evidente que la presencialidad o la simultaneidad, más sutil, pero también operante. Supongamos la siguiente situación10:

En una tarea de interpretación de números en primer grado de nivel primario, en el contexto de un juego de lotería, un alumno encargado de cantar los números no consigue leer la bolilla que sale del bolillero y que tiene el número 74. El maestro le ofrece leerle algún otro número que ya esté disponible, para lo cual le pregunta si para hacerlo le sirve conocer el nombre de alguno de los números escritos hasta ese momento. Ante una intervención como esta los alumnos pueden señalar diversos números presentes:

El que comparte el nudo11 con el número a interpretar (por ejemplo, 78).

  • La serie de nudos (10, 20, 30…).
  • Otro bidígito que tenga el 4 en la posición de la unidad (por ejemplo, 54).
  • E inclusive un número que sea el que resulta de invertir las cifras del 74 (47).

Estas respuestas manifiestan distintos conocimientos de los alumnos. Qué interpretación pueda dar el maestro a estas respuestas de los alumnos y qué intervenciones pueda realizar después son asuntos que dependen de sus ideas sobre los conocimientos infantiles y sobre el modo en que estos participan en la producción de conocimiento nuevo. Trabajos recientes (por ejemplo Pozo y otros, 2006) dan cuenta de la importancia de conocer mejor las concepciones sobre el aprendizaje que tienen tanto alumnos como profesores y de «cambiar las mentes para cambiar la educación» (Pozo y otros, 2006, p. 11). Por nuestra parte, y en el mismo sentido, queremos llamar la atención sobre el hecho de que la ausencia de criterios psicológicos para evaluar el conocimiento de los alumnos así como la insuficiencia de repertorios de intervenciones para responder a la diversidad de posiciones en torno al conocimiento son condiciones que pueden presentar maestros y profesores que forman parte de la producción del fracaso escolar en la capilaridad del funcionamiento evaluativo del sistema escolar. Frente a una situación como la que hemos presentado, vienen a nuestra mente las palabras de Newman, Griffin y Cole (1991):

El profesor debe hallar un modo de enrolar a todos los niños –todos distintos– de manera que participen en la actividad; así, en cierto sentido, va «adonde están». Los niños hacen lo que les parece que pueden (McDermott, 1976) de la actividad, por lo que, en efecto, están «allí». Pero, si la actividad educativa tiene éxito, tanto el profesor como el alumno actúan como si los niños estuviesen «en otra parte». Esa otra «parte» no es sino donde podrían estar si sus actos son apropiados y si los niños se apropiaran de las actividades y herramientas de los otros que coexisten en la zdp. En cierto sentido, es paradójico: para que sea necesaria una clase sobre la división, por ejemplo, hay que suponer que los niños no pueden hacer divisiones; pero, para que la clase funcione, hay que suponer que ¡cualquier cosa que hagan los niños puede convertirse en una forma de hacer una división! (Newman, Griffin y Cole, 1991, p. 81). (Cursivas en el original, referencia a McDermott en el original).

Volviendo al ejemplo de la situación de la lectura fallida del número 74 y las posibles «pistas» demandadas por los niños, frente a lo que una mirada estática puntuaría como error en todos los casos (después de todo, el niño en cuestión no lee el número que sale del bolillero), una evaluación dinámica de las respuestas del alumno las interpreta no solo como aproximaciones parciales sino como conceptualizaciones sensibles a modos específicos de intervención del maestro.

6.   Relaciones entre riesgo educativo y condiciones de la escolarización12

Hasta aquí hemos acumulado argumentos en debate del modelo patológico individual del fracaso escolar. Retomando la distinción entre el plano disciplinar y el plano de las prácticas instituidas, es importante observar que una cuestión puede estar dirimida de modos diferentes en cada uno de estos planos. En el caso del tema que nos ocupa, mientras que en el plano disciplinar las perspectivas contemporáneas de la psicología educacional muestran una clara tendencia a alejarse progresivamente del individualismo metodológico (que fue funcional al modelo patológico individual) y enfatizan el giro contextualista, esto no significa que en el terreno de las prácticas, tanto psicológicas como educativas, las relaciones estén igualmente redefinidas. En particular, en el campo de las prácticas educativas el modelo patológico individual sigue vigente como la interpretación usual de vastos sectores profesionales frente a las dificultades escolares13.

De allí que nos hayamos propuesto no solo debatir el modelo patológico individual sino producir una reconceptualización del fracaso. Apoyándonos en una mirada interaccionista y situacional sobre el aprendizaje y sobre el fracaso escolar, analizaremos las relaciones entre el llamado «riesgo educativo», considerado por las investigaciones como la antesala del fracaso escolar, y las condiciones de la escolarización.

Bajo la expresión «poblaciones en riesgo educativo» suelen englobarse situaciones muy diversas que necesitan ser diferenciadas14. La (sobre)edad15, por ejemplo, es una condición que presentan muchos alumnos y estudiantes, generalmente por multirrepitencia; esa condición es diferente de la que presentan las adolescentes que son madres, o los chicos en situación de calle. No se trata solo de que sus condiciones sociales son o puedan ser diferentes, la distinción que interesa aquí se refiere al modo en que tales condiciones sociales afectarían su escolarización.

Ello implica caracterizar las poblaciones en riesgo en términos de la interacción entre los sujetos y las condiciones de escolarización; se trata de pensar el «riesgo educativo» no en términos de propiedades subjetivas –individuales o colectivas, de sujetos determinados o de grupos identificados por algún rasgo o condición de vida– sino de atributos de la situación pedagógica tal y como está organizada en nuestro sistema escolar.

Si se avanza en esta línea de análisis, ya no se trata de los niños con sobreedad, como si la sobreedad fuera per se un factor de riesgo educativo: se trata de los niños con sobreedad en la escuela graduada, porque la definición del riesgo en que se encuentran está en estricta relación con los límites que enfrenta la escuela para su escolarización. Estos límites no provienen de la edad de los sujetos, sino de las dificultades para forzar el cronosistema que sostiene la gradualidad en los arreglos institucionales y en las formulaciones didácticas.

Tomemos otro ejemplo: las adolescentes embarazadas, las adolescentes que son madres. Nuevamente, la condición de maternidad no es per se otro factor de riesgo educativo. El embarazo adolescente y la maternidad no comportan en sí mismos ningún impedimento para el aprendizaje; se convierten en factor de riesgo en un sistema escolar donde esta condición vital se ha considerado históricamente incompatible con el proyecto de ser estudiante. Ello sucede en parte por razones ideológicas, pero también por condiciones de escolarización muy concretas, entre ellas, la que supone la presencialidad de la alumna para avanzar en los contenidos correspondientes al año escolar. La población en riesgo es, entonces, la de las adolescentes que son madres en escuelas con régimen académico presencial, porque lo que es riesgoso es el límite de la escuela para avanzar en replanteos didácticos cuando el supuesto de presencialidad continua se rompe.

Lo que estamos discutiendo (una vez más) es el proceso de identificación en el sujeto de condiciones que lo harían pasible de ser educado, con independencia de las condiciones en que tiene lugar la educación. Por el contrario, proponemos pensar el riesgo educativo en que se encuentran los niños, adolescentes y jóvenes en riesgo, no en términos de propiedades subjetivas, sino como resultado de interacciones con atributos de la situación pedagógica tal y como está organizada en nuestro sistema escolar. Bajo estas conceptualizaciones, las caracterizaciones de poblaciones en riesgo son siempre transitorias, pues en la medida en que mejora nuestra capacidad de enseñar, lo que «genera riesgo» deja de producirlo; y son operacionales en tanto son relativas a condiciones de escolarización que deberíamos reformular o por lo menos tensionar.

Si tomamos en serio esta argumentación debemos propiciar el desetiquetamiento de grupos enteros de niños y adolescentes como «poblaciones en riesgo»; acentuar las miradas críticas sobre los sistemas de diagnóstico, derivación y recuperación de niños considerados en dificultad; y visibilizar los procesos de etiquetamiento y segregación que tienen lugar en el sistema escolar frente a la diversidad de saberes y desempeños.

No se trata de minimizar los riesgos en que se encuentra la infancia ni de desconocer las dificultades que encuentran maestros y profesores para enseñar en contextos específicos. Se trata de evitar que el conocimiento psicoeducativo funcione como coartada para convertir en problemas de los alumnos lo que en verdad son límites en la capacidad de los dispositivos de escolarización para dar respuesta a la diversidad de condiciones en que se produce la crianza y la escolarización misma de los sujetos. Y se trata también de plantear como asunto central del análisis político-educativo cuáles son las condiciones del proyecto escolar que deben ser tensionadas, e incluso removidas, para avanzar hacia la plena inclusión educativa.

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1 La autora desea agradecer a Ricardo Baquero sus aportes a la versión inicial de este artículo. El profesor Baquero es titular de la asignatura Psicología Educacional de la licenciatura en Psicología de la Universidad de Buenos Aires (uba), Argentina.

2 Es importante reconocer el carácter impreciso de la formulación «psicoeducativo»: lo que parece menos elusivo es que se coloca en el cruce de dos campos disciplinares y de prácticas diferenciados, como son la psicología y la educación, que sin embargo han tenido y tienen numerosos puntos de contacto. Volveremos sobre este punto.

3 En este artículo se analiza de manera sugerente la situación actual de diagnóstico masivo del desorden por déficit de atención (add y adhd según sus siglas en inglés).

4 En un estudio realizado en un barrio del tercer cordón del conurbano bonaerense (*), en Argentina, Jacinto y Bessega observan respecto de la prolongación de la escolaridad de los jóvenes: «La mayor permanencia en la escuela de los jóvenes es vivida con ambigüedad por ellos mismos y por quienes trabajan con proyectos juveniles en el barrio: todos se alegran de que más jóvenes continúen estudiando pero inmediatamente sostienen que se trata de escuelas de bajo nivel de calidad» (Jacinto y Bessega, 2002, p. 11). Los cuestionamientos alcanzan a formularse en términos de qué tanto habrá de servirles esa escolaridad para seguir estudiando fuera del barrio. (*) Se denomina conurbano bonaerense a una zona conformada por la conurbación paulatina de municipios de la Provincia de Buenos Aires, con alta densidad poblacional –una región que no supera el 1% del total del territorio nacional concentra la cuarta parte de la población total del país–, y que dispuesta a modo de cordones o cinturones concéntricos, rodea a la Ciudad de Buenos Aires.

7 El ingreso posterior de las posiciones interaccionistas –en particular, el de la psicología genética de la Escuela de Ginebra– tiene lugar en una matriz de relaciones entre psicología y educación que no augura la mejor de las consideraciones para los aportes posibles de estas perspectivas interaccionistas en el campo educativo.

8 Estamos advertidos de que estas denominaciones remiten tanto a una perspectiva general superadora del escisionismo como a corrientes específicas que se muestran irreductibles a un denominador común. En este trabajo las agrupamos en el primer sentido.
9 Frente a la posible expresión «demandas cognitivas», preferimos hablar de «demandas cognoscitivas», para evitar reducir el abordaje de las demandas de la escuela a las que pueden identificar los modelos prototípicos de la perspectiva cognitiva, es decir, los modelos computacionales y los del procesamiento de la información (Rivière, 1987).

10 La situación corresponde a una secuencia didáctica dirigida a promover la interpretación de números en primer grado del nivel primario. Fue producida en el Proyecto Anual ubacyt af 41 (Programación Científica 1998-2000) denominado «El aprendizaje del sistema de numeración y la intervención docente en diferentes contextos didácticos», dirigido por Delia Lerner en la Universidad de Buenos Aires, del que la autora participó como investigadora.

11 Los «nudos» son los números redondos, los que corresponden a decenas exactas.
12 Se retoman conceptos expuestos en el panel «Enseñar y aprender en contextos de desigualdad y exclusión social: nuevos retos para la pedagogía», coordinado por Elena Martín en el Seminario Internacional Desigualdad, Fragmentación Social y Educación, organizado por el Instituto Internacional de Planificación de la Educación (iipe) en Buenos Aires, Argentina, en noviembre de 2004.

13 Esto produce un malestar reconocible en maestros y profesores quienes, frente al discurso contemporáneo de un sector profesional –el sector «psi», que involucra a psicólogos, psicopedagogos y, en determinadas circunstancias, a pedagogos– que ha revisado la falacia de abstracción de la situación y argumenta sobre la producción escolar del fracaso, interpretan que estos profesionales desconocen las diferencias que se presentan en la disposición a aprender y el desempeño efectivo de los alumnos, y se repliegan en posiciones refractarias a lo que consideran una desmentida de las dificultades que afrontan para enseñar en contextos difíciles.

14 Los listados abarcan a niños multi-repitentes con sobre edad; adolescentes embarazadas o madres; niños desatentos, que no se concentran, inconstantes; alumnos que trabajan; alumnos migrantes; alumnos migrantes con lengua materna distinta al español (o al idioma de la escuela); adolescentes en situación de adicción; adolescentes y jóvenes en conflicto con la ley; niños que padecen abuso y violencia familiares; adolescentes violentos en la escuela; niños y adolescentes que crecen sin apoyo familiar; niños con necesidades educativas especiales (nótese que, como categoría diferenciada de las anteriores, esta última pone de manifiesto el carácter eufemístico de la expresión).

15 El paréntesis es deliberado. Busca llamar la atención sobre el hecho de que los niños no «tienen sobreedad»: la edad de los niños es interpretada como «sobre», como «exceso», por la escuela.

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Diversidad cultural, desigualdad social y estrategias de políticas educativas

Diversidad cultural, desigualdad social y estrategias de políticas educativas

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UNESCO LOS 4 PILARES DE LA EDUCACIÓN.

UNESCO   LOS 4 PILARES DE LA EDUCACIÓN.

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“EL JARDIN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN” Orientación Vocacional Ocupacional en Adultos Mayores

ORIENTACION VOCACIONAL EN ADULTOS MAYORES

ALGUNAS REFLEXIONES.

“EL JARDÍN DE LOS SENDEROS QUE SE BIFURCAN”

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Prof , Neuropsic. Silvia Pérez Fonticiella

La  vejez.

La vejez se ha olvidado del olvido Y por eso se arrima a la memoria La vejez suele ser obligatoria Y sin embargo es tierna como un nido El corazón afloja su latido Y la sangre da vueltas en su noria De paso se entretiene con la historia y el amor no está insomne ni dormido Lo que falta vivir ya no encandila No importan escaseces ni abundancias El dios que vigilaba no vigila los años van borrando las distancias Y ya que la conciencia está tranquila La vejez guarda dos o tres infancias.

Mario Benedetti.

¿ELIJO EL TEMA O EL TEMA ME ELIJE A MI? El objetivo de este trabajo es el de deslizar una mirada, un tímido esbozo de hacer flexión con algunos conceptos de la disciplina: “Orientación Vocacional Ocupacional”, haciendo foco en los procesos de producción de subjetividad de los adultos mayores y sus posibilidades de elección de caminos vocacionales u ocupacionales. Este trabajo tiene sus antecedentes en un ensayo que realicé el año pasado referido a  “Adultos mayores e Informe Mundial” con el fin de proponer algunas ideas para que los adultos mayores desarrollasen proyectos autogestivos, tendientes a la auto-sustentabilidad en el mediano plazo, previa capacitación acorde a sus intereses y posibilidades. En ese momento, el tema surgió  “conscientemente” como una reacción de rechazo personal a esta popularizada actitud social de “archivar” al viejo en su casa o en establecimientos, o buscarle simplemente actividades recreativas. Pero a partir de lo que me hace obstáculo en el otro, obtengo como beneficio un espacio para pensar con el otro y pensarme-re-pensarme, develando así aquellas  pre-concepciones a través de las cuales, veo y hago hablar al otro de cierta forma. Creo que el titulo “me elije” por mi gran pasión por la literatura de Borges; en este caso me surgió una paráfrasis de su cuento: “El jardín de los senderos que se bifurcan”. En esta obra el autor juega con la física cuántica y la ficción en un laberinto-jardín donde los instantes se bifurcan; al llegar a un instante existen múltiples posibilidades de camino a elegir y el tiempo, puede transcurrir sobre las múltiples opciones que en cada instante emergen. El hombre está acostumbrado a enfrentar diversas alternativas y optar por una, a la vez que elimina las otras, sin embargo el constructor del laberintico jardín,  Ts´ui Pen, opta simultáneamente por todas, creando así diversos porvenires, diversos tiempos que también proliferan y se bifurcan.   INTRODUCCION. Toda representación del mundo impone también visiones sobre el mundo, jerarquiza y ordena contenidos de acuerdo a una ruta epistémica personal, que dará cuenta a su vez de cartografías del deseo; por lo tanto, nunca podrá ser una representación neutra u objetiva. Estamos hechos de manera tal, que comprender o saber es ya un fin en si, que no pide otra justificación. Pero el espíritu humano, por suerte, no se contenta con el placer solipsista de ser el poseedor de un saber encapsulado, sino que comprende para actuar y provocativamente, comprende para transformarse. También debemos considerar que, a diferencia de otras especies,  cada uno de nosotros es sujeto  que se toma como objeto, por lo cual lo que “somos” comprende, en un sentido, ese objeto que vamos a examinar. Lo que somos, después de todo, es también nuestra historia y a partir de ella misma y de los siempre provisorios resultados presentes, damos continuidad a nuestro pensar y a nuestra potencialidad hacia el futuro. Es en este sentido, entendiendo el conocimiento como un entrecruzamiento de cuestiones de diverso orden epistemológico, y desde un posicionamiento hermenéutico,  que nos acercamos a la orientación vocacional ocupacional como  objeto de conocimiento;   es desde ese lugar que intentaremos una aproximación a la heurística del proceso de “hacerse para ser”, entendido como un proceso que dura toda la vida, es decir un sujeto en proceso al modo “kristeviano”, siendo consciente de lo provisoria y acotada que podrá ser mi mirada al respecto. Me gusta pensar la vida de una persona como una danza, en la que múltiples variaciones de movimientos vayan enhebrando volátiles escenas cotidianas que darán soporte material a significantes propios y del Otro, en un peculiar entramado. Entramado singular, inédito, sobre-determinado, en el cual, en  momentos de cambios importantes, de quiebres , de  puntos suspensivos, de paréntesis,  se inscribirán eventos poderosos o significantes vacíos en la gramática del ser, y éste responderá  con todo lo que ha sido y lo que es y ¿por qué no animarnos a decirlo?, también con algo de eso que puede llegar a ser y aún no lo sabe FUNDAMENTOS SOCIO-HISTÓRICOS QUE HACEN CADA VEZ MÁS VISIBLE, EN LA AGENDA MUNDIAL, LA NECESIDAD DE INTERVENCIONES  CON LOS ADULTOS MAYORES. En julio de 1997 se llevó a cabo en Hamburgo la Quinta Conferencia Internacional de Educación de las Personas Adultas, organizada por la UNESCO y en particular por el Instituto de la UNESCO para la Educación, el centro especializado en política e investigación sobre el aprendizaje de personas adultas. La atendieron aproximadamente 1.500 delegados de todas las regiones del mundo, con representantes de 140 estados miembros y alrededor de 400 ONG. Además del trabajo de las comisiones y de las sesiones plenarias que debatieron sobre los documentos oficiales de la Conferencia, La Declaración de Hamburgo y La Agenda para el Futuro, hubo 33 grupos de trabajo organizados en torno a los temas y subtemas de la Conferencia.  “En todo el mundo, tanto en los países industrializados como en los países en vías de desarrollo, está cambiando la estructura de la población; en la actualidad se puede contar con vivir mucho más de lo que se vivía hace 50 años. Como consecuencia, existe una creciente demanda de educación de personas adultas, así como de otros servicios sociales; se ha reconocido que la educación puede jugar un papel vital al permitirle a las personas de edad seguir siendo independientes, mantenerse al tanto de las transformaciones de la sociedad y vivir una vida más plena.” Instituto  UNESCO para la Educación Quinta conferencia internacional de educación de la personas adultas CONFINTEA V, Hamburgo de 1997.       anciano con flores CELEBRACIÓN  DEL NACIMIENTO DE  LA VEJEZ.

Hokusai, el más famoso artista de toda la historia del Japón, cambió de nombre y apellido treinta veces, por sus treinta renacimientos en el arte o en la vida y noventa y tres veces se mudó de casa. Nunca salió de pobre, aunque trabajando desde el amanecer hasta la noche, creó nada menos que treinta mil pinturas y grabados. Sobre su obra escribió: De todo lo que dibujé antes de mis setenta años, no hay nada que valga la pena. A la edad de setenta y dos, finalmente, he aprendido algo sobre la verdadera calidad de los pájaros, animales, insectos y peces y sobre la vital naturaleza de las hierbas y los arboles. Cuando tenga cien años, seré maravilloso.” (Historia tomada de “Espejos”, del escritor Eduardo Galeano)

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 CARACTERÍSTICAS PSICOSOCIALES DE LOS ADULTOS MAYORES.

Cada ser humano procura Integrarse al espíritu de su época, de modo de apropiarse de sus temas, de apropiarse de una pequeña parcela del campo semántico dominante, como forma de poder reconocerse  y reconocer qué tareas concretas tiene por delante. Paulo Freire nos los dice de este modo: “…el hombre va dinamizando su mundo a partir de estas relaciones con él y en él, va creando, recreando; decidiendo. Va temporalizando los espacios geográficos. Hace cultura” En una especie de “juego creador”, el niño devenido en adulto activo, pasa la mayor parte de su vida tejiendo significantes que lo significan, que le hacen sentir útil, que como trabajador lo convierten en paciente demiurgo al servicio de ilusiones ajenas. El tener 20, 50 u 80 años no tiene en sí mismo significación alguna, si es que nadie se la adjudica; por lo tanto se irán produciendo colectiva e individualmente, diferentes sentidos de acuerdo a la historia singular, a lo social-histórico y a la cultura.

 

“…El carácter único del “yo” se esconde, precisamente, en lo que hay de inimaginable en el hombre. Sólo somos capaces de imaginarnos lo que es igual en todas las personas, lo general. El “yo” individual es aquello que se diferencia de lo general, o sea lo que no puede ser adivinado y calculado de antemano, lo que en el otro es necesario descubrir, desvelar, conquistar…”

Milan Kundera.  “La insoportable levedad del ser”

¿QUÉ SUCEDE CON UNA  PERSONA CUANDO DEJAN DE SONAR LOS TIMBRES DEL DESPERTADOR, CUANDO HAY TIEMPO SIN TIEMPO, CUANDO NADIE ADVERTIRÁ SU AUSENCIA EN ALGUNA PARTE DEL ORBE? Se producen alteraciones en  una de las dimensiones neuropsicofisiológicas más relevantes a la hora de analizar las vicisitudes cotidianas del adulto mayor: su cronobiología. Einstein afirmaba que sólo existen dos tiempos: el tiempo psicológico y el tiempo físico. El tiempo psicológico es el que cada uno de nosotros experimenta de forma cotidiana y que tendrá tantas posibilidades de variación como nuestras sensaciones subjetivas. El segundo tiempo depende de los sistemas de referencia de distintos observadores y tiene un límite, que constituye la otra cara de la relatividad einsteiniana: la constante física de la velocidad de la luz. Los fotones, partículas que viajan a la velocidad de la luz, carecen de tiempo, no envejecen. Pero nuestros sistemas de referencia externos, también se han modificado a lo largo de las épocas, lo que provoca una sensación de inquietud o desorientación cosmológica en  nuestra existencia, nuestro universo ya no es el de Ptolomeo, pero también ha dejado de ser el de Copérnico, el de Galileo o el de Newton. Pero el tiempo que más nos interesa, a los efectos de dimensionar lo que le sucede al adulto mayor, es el tiempo interno, ese tiempo en el que deberían converger en algún punto, el tiempo del proyecto y el de la realidad existencial. Algunos  científicos han estudiado este fenómeno del sentido interno del tiempo y han podido señalar que la presencia o ausencia de estímulos, produce variaciones decisivas en nuestra forma de captar el tiempo. De este modo, cuando disponemos de “todo el tiempo”, cosa que sucede en las vacaciones, o cuando ya no estamos insertos en el mercado laboral, el tiempo se vive como un vacío indeterminado. “En mis tiempos, había tiempo …, quizás el tiempo era como las frutas, se regalaba a los vecinos después de verlo madurar. Se compartía en las veredas, entre abanicos y señores…”  Maria Elena Walsh. En otros tiempos…, había tiempo, había padres, había abuelos que sentaban en su regazo a los nietos y les contaban innumerables historias, con las que no sólo se favorecía la fantasía del niño, sino que el propio abuelo podía volver a  sentirse joven y vital siendo, muchas veces, el protagonista de increíbles hazañas. Les puedo asegurar, que un pequeño no olvida jamás los relatos que le cuentan o que les leen sus abuelos; incluso cuando es mayor, se los reproduce a sus propios hijos. Soñar para crear, crear para crecer… El encuentro de la palabra y el gesto con nuestros seres queridos, deja una huella indeleble en todo ser humano, una huella que le hace encontrar posteriormente el placer y la motivación para el diálogo, para la lectura, para la escritura. A medida que la edad avanza, el tiempo parece transcurrir con mayor rapidez. También se han encontrado diferencias, entre la percepción del tiempo en personas que viven en una ciudad, agobiadas por el estrés del síndrome de la prisa, y en personas cuya actividad se desarrolla en el campo o alejadas de la gran urbe. Pero las investigaciones coinciden en que más allá de las diferencias personales respecto a la sensación de velocidad y durabilidad, la generalización apunta a una sensación de que el tiempo ya no está a nuestra disposición, a nuestro alcance, como que constituye una dimensión ajena a nosotros.

Ser moderno es parte de un universo en el que según Marx, todo lo que es sólido se desvanece en el aire.” Marshall Berman No obstante, el adulto mayor queda atrapado en determinados ritmos y velocidades, discursos totalizadores y homogeneizantes, a partir de los cuales su cuerpo se expresa en una dimensión espacial, imposibilitado de acceder también a una dimensión temporal, histórica y deseante.

“En los últimos años, la Abuela se llevaba muy mal con su cuerpo. Su cuerpo, cuerpo de arañita cansada, se negaba a seguirla. -Menos mal que la mente viaja sin boleto….” –decía-

–          El libro de los Abrazos.  Eduardo Galeano

LAS INSTITUCIONES: ESOS LUGARES DE CONTENCIÓN QUE HACEN BORDE EN LOS LÍMITES DE LA MODERNIDAD LÍQUIDA.

René Käes en “Sufrimiento y psicopatología de los vínculos institucionales” sostiene que: “…la institución nos precede nos sitúa y nos inscribe en sus vínculos y sus discursos…. Descubrimos también que nos estructura y que trabamos con ella relaciones que sostienen nuestra identidad.” La naturaleza errática y esencialmente impredecible del cambio contemporáneo, ha modificado la forma de “estar en el mundo”, ya sea porque estamos signados por el síndrome de la prisa, o participar en una red de significantes institucionales y sociales cuyos  discursos, sustentados en enunciados que han dejado de contener aquellas palabras que nos servían de referencias por remitir a solidez, estructura y duración, han sido sustituidos por otros que aluden a la volatilidad, remplazo fácil  y corta vida. En esta línea de pensamiento sobre las instituciones, se me ocurre pensar que si  conceptualizamos a la institución como “sistema de vinculación en el cual el sujeto es parte interviniente y parte constituyente…”, (R. Kaes), podemos considerar que ya desde el primer esbozo de vida intrauterina, en la polifonía de los intercambios madre-hijo, estamos ante un  fenómeno social, pero también institucional inaugural. ¿Qué sucede respecto a las opciones vocacionales y ocupacionales cuando las instituciones se vuelven vulnerables al vértigo paroxístico del cambio de estado, a un tiempo en  el que parece estar siendo absorbido por los agujeros negros de la cotidianidad tecnológica, a una memoria expulsada del cerebro, y como al decir de Marx, todo lo sólido se desvanece en el aire? Es posible que se produzca  un mecanismo de elusión del conflicto que el deseo genera, llevando a una negación y/o sobre-culpabilización  del propio deseo. Los supuestos sociales respecto a su nueva posición de “pasividad”, de dejar su lugar a los jóvenes, de que ya no puede hacer tal o cual cosa, le van devolviendo una imagen, que el propio sujeto “compra”, y a partir de la que aparece un empobrecimiento y reducción del campo de interés  y de sus niveles de actividad. Ante la dificultad para sentirse contenido, (en la medida que la “institución interna” se torna menos sólida), y se manifiesta una suerte de  “arrinconamiento” del deseo, su expresión se va reduciendo  a formas socialmente permitidas, como por ejemplo, producir síntomas somáticos, aislamiento social y otros procesos de declinación “esperados” socialmente. Es así que el imaginario social,  ve con “buenos ojos” que el adulto mayor alimente a las palomas en la plaza, se quede en la casa, haga la comida, vea la telenovela, cuide a los nietos… Pero no tolera fácilmente que esta persona busque alternativas del uso de su tiempo, más acorde a sus necesidades cognitivas y afectivas. La vejez, permite una suerte de “vuelta”, de regreso a casa, una sensación similar a la de Ulises retornando a su amada Ítaca, lo que le habilita para redescubrir el sendero en el que quedaron las huellas de los pasos perdidos de la infancia, la gran magia del regreso hacia sí mismo, de re-introyección de todas esas partes del “self”, que se fueron depositando en los grupos, en las instituciones, por las que ha transitado durante la vida.

EL HOMBRE ANTE LA MUERTE.

Éste es otro tema que me resulta muy relevante, debido al peso que debe tener en el adulto mayor y su elección vocacional ocupacional: ¿Cuáles son las representaciones que la persona tiene de la  muerte? Para encontrar respuesta a esta pregunta, comencé a bucear en las páginas de un libro de Phillippe Ariés: “El hombre ante la muerte”,  esperando continuar la lectura durante el verano, en procura de hallar algunas claves que funcionen como indicadores de ruta para pensar y escribir sobre este tema. Ariés hace un recorrido por las diferentes concepciones de la muerte a lo largo de las épocas y distingue etapas que van desde la muerte domesticada del medioevo a la muerte prohibida y negada de nuestro siglo. Sostiene en su tesis que hay diferentes actitudes que dan cuenta de una cronología de transformación de las representaciones psíquicas y actitudinales, en las que distingue “la muerte domesticada, la propia,  la del otro y la prohibida” A partir de una breve  primera lectura me pregunto: ¿de qué manera el mundo de los muertos a través de las representaciones y significados que se construyen en distintas temporalidades, configura prácticas y elecciones del mundo de los vivos? Con ayuda de los poetas, (como dice Freud), sabemos que es importante poder investigar qué sucede con  las representaciones del sujeto a medida que transcurre el tiempo y enunciamos con Neruda:  “nosotros los de entonces ya no somos los mismos…” Pero justamente, si hay algo muy saludable en nuestra vejez, es el permitirnos parirnos nuevamente, atrevernos a ser un nuevo sujeto, a la manera que Hokusai y sus treinta renacimientos… Cuando leo los escritos de Paulo Freire respecto a la alfabetización de adultos, no puedo dejar de encontrar analogías, entre su forma de abordar los procesos de alfabetización y la forma de rescatar al adulto mayor del exilio socialmente impuesto. Para poder orientar  al adulto mayor en su regreso a la “amada Ítaca” interior, donde está el germen y el potencial para enfrentar una nueva etapa de vida, debemos tener bien clara una postura ética de respeto a su trayectoria de vida y a su deseo. En una entrevista individual o grupal de orientación, bien podríamos aplicar lo que dice  Freire, es necesario el ejercicio de oír y de hablar como formas de expresión. Es preciso escuchar al otro, para apropiarnos de parte de su universo vocabular, entrar en su lógica, en la oquedad de su campo semántico, para que cuando le hablemos,  experimente empatía, pueda sentir nuestro interés y nuestra preocupación por comprender sus inquietudes, sus expectativas, sus temores. Es necesario Inaugurar una experiencia dialogal, intra e inter-generacional, donde la conversación permita que estos sujetos obligados al exilio de la “pasividad”, puedan desarrollar y auto-gestionar una serie de visiones y paradigmas capaces de explorar sus propias experiencias e historia de manera más minuciosa y profunda, de modo de estar preparados para hacer elecciones posibles y responsables que les llevará a disfrutar de una experiencia liberadora.

UN JARDÍN SEMBRADO DE  INTERROGANTES…

El crecimiento de personas de edad, en la población, produce un impacto social, cultural, biológico y psicológico, que impacta en la subjetividad, en el imaginario, modifica y obliga a desarrollar nuevas dinámicas sociales, culturales, simbólicas y formas de intercambio económico.

¿Estamos preparados para enfrentar esta realidad?

La preocupación por los temas de la vejez, ha tomado diversas posiciones a través del tiempo.  Propongo aquí algunas referencias del libro “De Senectute”, o también traducido como Catón el Viejo o De la Vejez, que Marco Tulio Cicerón escribió aproximadamente en el siglo II a.c. para ver que muchas de las inquietudes, muchos de los conceptos que nos sirven de marco teórico para pensar la vejez y su “orientación” no son prerrogativas de nuestra época. “Hay que prepararse para la vejez…”, dice Catón, a través de Cicerón… “…conviene leer epitafios, lo cual, además de ejercitar la memoria, renueva el recuerdo de los muertos” Según Cicerón, esto permite rememorar personalidades y acontecimientos significativos, para que no se desvanezca la memoria social y cultural. “La pérdida de la memoria  se evita ejercitándola…” Cicerón explica que, en realidad, ni el viejo ni nadie recuerdan y aprenden cosas que no le despierten algún interés. Cicerón pone en boca de Catón muchos argumentos que provienen de la tradición griega, en especial de Platón y expone por ejemplo que la culpa que la vejez sea ingrata, no tiene que ver con ella misma, sino en las costumbres, en cómo se ha vivido; señala que si alguien ha cultivado la virtud, si ha sido moderado, si ha tenido una vida “bien llevada” , no debiera tener mayores quejas o penas. Silvio Rodríguez nos canta: “yo me muero como viví…” en su canción El Necio. En su obra, Cicerón, hace muchas recomendaciones de cómo se debe “vivir” la vejez, de priorizar las ocupaciones que hacen trabajar la mente más que el cuerpo, ejercitar la memoria con determinados ejercicios y da muchos ejemplos para argumentar que la vejez no es sinónimo de detención de actividades. Admite que  se modifica, tal vez , el tipo de área que se puede hacer o cómo hacerla en función de la disminución de la fuerza física, por ejemplo, pero brinda un panorama muy optimista acerca de la nueva identidad que puede construir el anciano. Podríamos hacer una lectura tal de “De Senectute”, que nos invitaría a jugar diciendo que Cicerón, fue el primer orientador vocacional ocupacional de los adultos mayores… Articulando el discurso griego y nuestros marcos teóricos podemos afirmar que: Se envejece como se ha vivido, según la clase social a la que se pertenezca, según el género y las condiciones del trabajo desempeñado.  b9bcb0833fcfcf19d97cfbb39c57af08

 

¿CÓMO ENTENDER LO QUE HABLA EN EL OTRO?

 

Orientar  o Des-orientar?

 

La vejez, más allá de un cuerpo que comienza a des-andar, a producir una suerte de disortografía conductual, es esencialmente la construcción de un imaginario social, que es el gran productor de significados sobre los que cada uno hace construcciones de lo que es ser viejo. Estas construcciones van configurando estereotipos que fundan discursos con una fuerte impronta valorativa, que se vuelven imperativos y categóricos para determinadas épocas y co-construyen nuestra subjetividad. Bohoslavsky, en su obra “Teoría, técnica e ideología”, (1974), afirmaba que la elección vocacional esta necesariamente sobredeterminada por la familia, la estructura educacional y los medios masivos de comunicación, de tal manera que es posible afirmar que más que elegir, el sujeto es “elegido” por la cultura.”  (Apuntes de cátedra OVO Prof. Peralta UBP)

“Es preciso construir modelos que develen la articulación entre el sistema social que constituye a los hombres y los sujetos que los soportan, lo mantienen pero también lo transforman”

Bohoslavsky 1974.

Al adulto mayor, codificado por estos discursos y estereotipos dominantes, no le resulta fácil modificar esa “orientación”, influido por las presiones internas como externas, que en su mayor parte son inconscientes, para desempeñar el “trabajo de viejo” Es en este sentido que me animo a pensar que una primera intervención posible, podría tener que ver con des-orientar, para luego  acompañar al sujeto a  re-escribirse. En una época de recesión de los vínculos interpersonales, es necesario animarlo a bordear territorios fronterizos donde la emergencia de una alteridad amenazante se transforme en compañera de ruta,  para construir la alternativa de un real posible. Ayudarlo a enfrentar el vacío necesario que producen los duelos, esa fragmentación necesaria que hace que el sujeto se enfrente a una oquedad abisal poblada de fragmentos de un pasado y un presente, y  comenzar  a alisar esas  hojas amarillas de la bitácora de su vida y animarse a bocetar, a ensayar nuevas formas de escritura. “Todo el que quiere nacer tiene que destruir un mundo…”   Herman Hesse,Demian”  

La vejez, más allá de las señales del cuerpo,

es fundamentalmente la construcción de un imaginario social específico que da significados y construye valores acerca de lo que significa ser un adulto mayor o estar en la senectud,

o ser un viejo o un anciano.

Nelson Mandela.

    ALGUNOS AUTORES Y CONCEPTOS QUE ME  AYUDAN  A BOCETAR IDEAS… LA  “RELACIONALIDAD DEL YO”. D.

Winnicott aporta algunos conceptos que desarrolla a partir de la obra de Melanie Klein y que parecen importantes para tener en cuenta a la hora de orientar a los adultos mayores. Me refiero a la capacidad de estar solo,  y al término acuñado por Winnicott que es “relacionalidad del yo”. Siguiendo a Klein, Winnicott señala:  “…la capacidad de estar solo depende de la existencia de un objeto bueno en la realidad psíquica. El pecho o pene internos buenos, o las buenas relaciones internas están lo suficientemente bien emplazados y defendidos como para que el individuo se sienta confiado acerca del presente y el futuro.” D.W.Winnicott. “Los Procesos de Maduración y el ambiente facilitador” Plantea Winnicott que la capacidad para estar solo es un fenómeno sumamente refinado, que tiene como base una paradoja, “se trata de la experiencia de estar solo mientras alguien más esta presente” Siguiendo al autor, considero esta capacidad como muy relevante para indagar en el adulto mayor a orientar, pues “la capacidad para estar solo es casi un sinónimo de la madurez emocional”    

LA GRAMÁTICA DEL SUJETO. Tanto Ricoeur como Kristeva, emplean la teoría de la narración-ficción para hablar sobre el sujeto; específicamente, cómo el sujeto se construye a través de la narración. El sujeto, entendido como un texto, se autoconstruye en la medida que se va narrando…, ¿Hay acaso una gramática de la subjetividad en proceso?;  figuras topológicas, sintaxis, procesos de semiosis, que van negociando significados pero que ceden inevitablemente a la seducción de las cartografías bocetadas por el huidizo deseo… ¿Qué rol cumpliría el psicólogo, el orientador, en este caso un compañero de ruta para descifrarse a uno mismo?   Acudiendo a una experiencia personal, contaré que un día, camino al Jardín maternal al que concurría  mi hija Florencia, de 4 años, ella me interrogó: -Mamá, ¿existimos en realidad o simplemente somos un cuento que alguien está contando  y cuando se acabe nos morimos…?” Ese “alguien” que Florencia menciona como el lector o el contador de cuentos que da marco material o virtual a una historia… ¿lo podremos relacionar con el deseo que escribe en invisibles y encriptadas caligrafías la hoja de ruta del sujeto? Las carencias, las disfuncionalidades de los vínculos tempranos, van modelando el psiquismo de tal forma, que podríamos pensar que dejan “huecos”, como agujeros negros que absorben la energía que el sujeto podría canalizar a través de la creatividad, la energía que podría sublimar y queda enquistada en esas estructuras, encapsulada como un reservorio  energético… Entonces me pregunto: Ese reservorio energético, ¿se podrá volver a utilizar en alguna otra etapa y circunstancias de la vida? Hasta hace poco, pensábamos que los agujeros negros, tragaban la materia cósmica de su rededor y nunca más la liberaban. Hace pocos días, buceando  en publicaciones de astronomía, leí que un gran agujero negro “traga-galaxias”, escupió literalmente un “quásar”; no pude evitar relacionarlo con algunas de mis ideas o metáforas explicativas acerca del aparato psíquico, más exactamente, de los agujeros negros del inconsciente y acudió en mi ayuda Julia Kristeva. Ella considera que el desarrollo de la actividad representativa del sujeto, implica un fenómeno de “revuelta”, que es una posibilidad de posicionarse subjetivamente recreando y re editando situaciones productivas…

“…como soy de formación lingüística me dedique primero a entender el significado de la palabra que tiene origen sánscrito y quiere decir: pasar hacia atrás y volver hacia el futuro”

“A diferencia de las certezas y las creencias, la revuelta permanente e ese cuestionamiento de sí mismo, del todo y de la nada, que evidentemente, ya no tiene lugar o razón de ser”

J. Kristeva. El provenir de la revuelta. 1998.

Haciendo flexión con este término y concepto de Kristeva, podemos pensar que para que se produzca esta re-vuelta, el sujeto debería poder “viajar” a  través de su historia libidinal, buscando algo así como “puntos de restauración del sistema”, instancias en las que “funcionó bien”, para poder tomar de allí los significantes, la energía necesaria para construirse una nueva identidad al modo como construían las antiguas civilizaciones sus ciudades: la nueva sobre los cimientos de la vieja. ¿Podremos, en determinadas situaciones, obtener “material” para re-construirnos de esos “agujeros negros” del inconsciente? Esto le permitiría transformarse, crearse acorde a sus necesidades actuales, pero sin dejar de reconocerse.  

LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA VEJEZ.

Algunas ideas para pensar el Malestar. ¿Qué peso específico tienen las configuraciones mediáticas, la publicidad, el consumismo desaforado de nuestra época, en la identidad vocacional y ocupacional del anciano? La sociedad transformó al viejo, de sujeto a objeto social de cuidado y protección. Sin embargo, esto no quiere decir que así se respeten más su derechos y se cubran sus necesidades, sino que pienso que está operando un paradigma del encierro, al que podemos pensarlo junto con Foucault; así como en la modernidad a los huérfanos, a la infancia y a los enfermos mentales, parecería que a los viejos se los encierra en esa doble modalidad de crueldad y cuidado. Si repensamos el tema bajo la mirada de Foucault, en realidad hay dos grandes modelos que son, según él, maneras de ejercer el poder y que han primado en diferentes épocas; estos son: El modelo de la lepra y el modelo de la peste. Estos fueron aplicados a determinados grupos sociales: los locos, los enfermos, los criminales, los desviados, los niños, los pobres. Como Foucault lo señala, el gran modelo que primó hasta el siglo XVIII, fue el de las prácticas de exclusión, de descalificación, exilio, rechazo, privación, negación, desconocimiento, (modelo basado en la exclusión de los leprosos en la Edad Media). En cambio a partir de siglo XVIII, el otro modelo que se fue gestando y consolidando de manera más sutil, es el que menciona Foucault en “Los anormales”, basado en el modelo de la peste, que no trata de expulsar, sino de establecer, fijar, dar su lugar, asignar sitios, definir presencias, sin rechazo, sino inclusión. Plantea Foucault que pasamos, con este último modelo, a la invención de una nueva tecnología positiva del poder. ”La reacción a la peste es una reacción positiva; una reacción de inclusión, observación, formación de saber, multiplicación de los efectos de poder a partir de la acumulación de la observación y el saber. Pasamos de una tecnología del poder que expulsa, excluye, prohíbe, margina y reprime, a un poder que es por fin un poder positivo, un poder que fabrica, que observa, un poder que sabe y se multiplica a partir de sus propios efectos.” Las prácticas sociales y los discursos que se instituyen a partir de estas tecnologías,  influyen en el imaginario social creando nuevas categorías para re-ubicar a las personas. Por lo tanto, el “constructo vejez” es una construcción social  que  está inscripta en  un modelo hegemónico de juventud, que ha generado determinados estereotipos y valoraciones que tiñen ideológicamente nuestras prácticas. Como señala el Lic, Sergio Rascovan: “el contexto es parte del propio texto de la elección, por ende un elemento fundante en ella.” Pero por suerte…. “los viejos “   se resisten!!

Abuelos.  

Para muchos pueblos del África negra, los antepasados son los espíritus que están vivos en el árbol que crece junto a tu casa o en la vaca que pasta en el campo. El bisabuelo de tu tatarabuelo es ahora aquel arroyo que serpentea en la montaña. Y también tu ancestro puede ser cualquier espíritu que quiera acompañarte en tu viaje en el mundo, aunque no haya sido nunca pariente ni conocido. La familia no tiene fronteras… …explica Soboufu Somé , del pueblo Dagara:  “nuestros niños tienen muchas madres y muchos padres. Tantos como ellos quieran” “y los espíritus ancestrales, los que te ayudan a caminar son los muchos abuelos que cada uno tiene. Tantos como quieras”

Espejos. Eduardo Galeano.

  VOCACIÓN Y VERDAD.

“La vocación es un conjunto de procesos psicológicos que una persona concreta moviliza en relación al mundo profesional en el que pretende incardinarse o en el que ya está instalado. Lo vocacional se centra en el individuo como persona completa con proyectos de vida individualizados (…) y resume la historia personal conjugándola o superando las connotaciones y limitaciones sociales o de otro tipo, del mundo ocupacional”

La ocupación o profesión, incluye grupos de trabajos, organizaciones, empresas, actividades pero además una preparación previa para la misma. Cita de Rivas, en  “Descubrir el camino” –  Marina Müller. “Los orientadores somos acompañantes, co-pensadores, agentes movilizadores que brindamos un contexto de reflexión y actividades que dan espacio y tiempo para replantear los conflictos, las crisis de identidad  y de ideales, las problemáticas sociales, educativas y laborales.  “El eje o foco de nuestra tarea es acompañar el aprendizaje de los consultantes sobre si mismo y sobre la realidad ocupacional para construir un proyecto personal de inserción laboral.”

Descubrir el camino. Marina Müller.

DECIR LA VERDAD ACERCA DE UNO MISMO…

Foucault justificaba la importancia del tema de la sexualidad al afirmar que “a diferencia de la mayor parte de estos otros grandes sistemas de interdicciones, el que concierne a la sexualidad ha sido emparejado con la obligación de decir la verdad acerca de uno mismo a través de la sexualidad, este acoplamiento singular entre la prohibición de hacer y la obligación de decir, que será un problema cuya historia Foucault va a perseguir desde la antigua Grecia. Decir la verdad acerca de uno mismo a través de la sexualidad, “ …ese acoplamiento singular entre la prohibición de hacer y la obligación de decir…”; ¿acaso esto no tiene que ver con  elecciones,  con intereses, con un proyecto de vida, con la historia personal que se pone en juego en toda elección vocacional u ocupacional, con el orientador y su rol de “acompañar el aprendizaje de los consultantes sobre sí mismos”? Siguiendo a Foucault, podemos pensar que las intervenciones en orientación vocacional y ocupacional también tendrían que ver con “técnicas” hermenéuticas. En su Curso 1981-1982 en el College de France, titulado “la hermenéutica del sujeto”, Foucault desarrolla magistralmente una noción griega que indica como “muy compleja y rica” , con una larga vigencia en la cultura griega, que es la de “epimeleia heautou”, señalando que la traduce mas o menos como “inquietud de si”, “el hecho de ocuparse de uno mismo” . Esta noción Foucault la trabajará buscando la relación con la prescripción délfica “gnothi seauton” o “conócete a ti mismo”  tal vez más conocida en nuestra cultura por las referencias de Sócrates. Profundizar en este tema, excede el tiempo y el trabajo que estoy realizando, por lo cual, sintetizaré que ideas me surgen a partir de la lectura  de Foucault: Foucault se plantea interrogantes respecto a por qué  elige estas  dos nociones griegas, y a través de las jornadas de trabajo en su cátedra encuentra relaciones entre ellas, pero especialmente, rastreando en la antigüedad grecolatina la noción de “la inquietud de si”, ve qué puede construir… “un corpus que defina una manera de ser, una actitud,  formas de reflexión, practicas que hacen de ella una especie de fenómeno extremadamente importante, no sólo en la historia de las representaciones, no sólo en la historia de las ideas o las teorías, sino en la historia misma de la subjetividad o, si lo prefieren, en la historia de las prácticas de la subjetividad” En la Howinson Lecture, Foucault va a reclamar la especificidad propia de las “tecnologías de uno mismo” , que él complementando la clasificación de Habermas define como: “técnicas de producción, de significación y de dominación”.

“aquellas técnicas que permite a los individuos efectuar un cierto número de operaciones en sus propios cuerpos, en sus almas, en sus pensamientos, en sus conductas y ello de un modo tal que los transforme a si mismos, que los modifique, con el fin de alcanzar un cierto estado de perfección, o de felicidad, o de pureza o de poder sobrenatural, etc. etc. Permítaseme que llame a ese tipo de técnicas, las técnicas o tecnologías de uno mismo (the self)”.

En el comienzo de “ Tecnologías del “self””, plantea:

“mi objetivo no eran simplemente los actos permitidos y prohibidos, sino los sentimientos representados, los pensamientos, los deseos que pudieran ser experimentados, los impulsos que llevaban a buscar dentro de si cualquier sentimiento oculto, cualquier movimiento del alma, cualquier deseo disfrazado bajo formas ilusorias”

Articular estos conceptos trabajados por Foucault en lo que tiene que ver con encontrar la verdad de uno mismo, ocuparse de “la inquietud de si, como conceptos que nos permitan investigar y , analizar las practicas de la subjetividad, tal vez nos podrían servir también como “caja de herramientas” , como “tecnologías “ al estilo de este autor, para tener otra perspectiva desde donde pensar nuestras intervenciones en orientación vocacional ocupacional.  

PARADIGMA DEL ENVEJECIMIENTO ACTIVO.

Dentro de este paradigma me parece que tiene un rol muy importante la actitud preventiva, la implementación de políticas y prácticas que otorguen importancia a las propuestas de capacitación, recreación y estudios de post-grado, dirigidas a la familia, los cuidadores, los profesionales que trabajan con los adultos mayores…

El abandono, el maltrato y la violencia contra las personas de edad.

La violencia contra los adultos mayores pueden adoptar muchas formas y se producen en todas los ámbitos sociales, económicos, étnicos y geográficos. Entre los factores de riesgo que llevan al maltrato de los adultos mayores figuran el aislamiento social, la imagen que se tiene de las personas de edad en la sociedad y el deterioro de los lazos entre las generaciones. Pero en particular y en relación con el posicionamiento que adopta la familia del adulto mayor o el que puede adoptar un profesional consultado, me interesa tomar estas palabras de la Dra Silvia Bleichmar para pensar: “La indiferencia, el desinterés ante la palabra del otro, son también formas de crueldad y de violencia que se ejercen de manera menos visible que la cachetada o la paliza” A estas formas de violentación subjetiva que menciona Silvia Bleichmar, agregaría, que también el detentar el saber y el poder de decidir sobre el curso de vida de un adulto mayor, sea el actor la familia o un profesional también es una forma de violencia simbólica des-subjetivante. Pero tampoco debemos dejar de lado, los modelos propuestos por la sociedad a través de los medios, y otros “aparatos ideológicos”.

 

“EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO”…. NUEVAS FORMAS DE SER “VIEJO”    elegir la fila para la vida     ABRIR ALGUNAS PUERTAS….

 

Toda práctica humana es un fenómeno social que no sólo socializa saberes, teje redes vinculares, diseña formas organizacionales y distribuye capital cultural, sino que además, es co-productora de subjetividad. Los ancianos están buscando nuevas formas de “ser viejo” y dentro de ellas se está generando una identidad contra-caducidad que está emergiendo fuertemente frente a los profesionales y recién estamos pensando qué hacer con esto…. Enuncia Marina Müller, respecto a la tarea del orientador vocacional: “…abrir algunas puertas para que cada cual encuentre algunas pistas para recorrer “un camino con corazón”, su propio camino protagónico, en le cual el trabajo y la ocupación de cada cual, en apertura a los otros seres humanos lleguen a ser espacios de creación personal y social”.       “Descubrir el camino”, 2004 Dice  Foucault, algo que sintetiza de alguna manera mi inquietud y mi curiosidad volcada en este trabajo: “Mi trabajo es abrir ventanas donde había muros…” Este trabajo intentó ser un espacio donde plantear interrogantes, ensayar reflexiones, articular marcos teóricos y pensamientos, tal vez un primer boceto de ideas que me inspiren a profundizar, para seguir aprendiendo y conociendo, y sobre todo para seguir interrogándome, porque tener siempre una pregunta, es una forma de asegurarme que estoy viva e inacabada, como exclama Paulo Freire: “¡Qué suerte tengo de ser un sujeto inacabado, incompleto, porque esa experiencia me lleva a buscar, es el motor esencial del conocimiento”    

ANEXO.

ALGUNAS IDEAS QUE SE ME OCURRIERON PARA TRABAJAR EN GRUPO CON LOS ADULTOS MAYORES Y QUE PUEDEN SERVIR COMO ESTRATEGIAS DE RELEVAMIENTO DE INFORMACION QUE COMPLEMENTEN LAS TÉCNICAS Y ENTREVISTAS SISTEMATIZADAS DE ORIENTACION VOCACIONAL Y OCUPACIONAL  o TALLERES DE PREPARACIÓN PARA QUE LOS ADULTOS MAYORES PUEDAN HACER SUS ELECCIONES.

 

POBLACION OBJETIVO: Adultos mayores a partir de 65 años.

OBJETIVOS GENERALES Promover formación de grupos de adultos mayores que logren emprendimientos económicos autogestivos y autosustentables.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS. Promover la restitución de una imagen de adulto mayor que se ha retirado del sistema activo de trabajo, como un sujeto que ha cambiado de posición y que tiene potencialidades para asumir nuevos roles en el cambiante mundo moderno. Promover instancias de capacitación, así como de expresión y esparcimiento adecuadas a los tiempos y posibilidades de los grupos de adultos mayores con los que se trabajen. Promover la construcción de nuevas trayectorias de estudios y de trabajos acorde a las circunstancias y posibilidades de esos adultos mayores. Promover, acompañar en la búsqueda y  construcción de una nueva identidad personal, profesional, y laboral para personas que ya se han retirado del sistema formal de empleo.  

ENCUENTRO PARA CONOCERNOS. Contar algunas cosas de la vida cada uno, como: quién es, cuántos años tiene, qué hace, con quién vive, qué le gusta y qu+e le disgusta… Es importante, también, fijar un encuadre para las reuniones, lugar, hora, día y frecuencia semanal. Intercambiar datos personales, dirección teléfono, email, promover la solidaridad y colaboración entre ellos..

Taller de expresión: “Sueños compartidos”:  1 + 1 = 3 Escribir una narración.

Escribir, como forma de dejar una huella, un testimonio de su presencia en el aquí y ahora, y en el después. Escribir permite al sujeto reencontrarse con pedazos propios, escudriñar el archivo de la memoria, enfrentarse a una visión de paralaje entre dos escenas, la que manifiestamente recuerda, la que han cuestionado en el tiempo sus creencias y percepciones y la que realmente fue. Pero permitirnos soñar,  …conectarnos con ese  universo simbólico que nos sirva de tabla de surf para atravesar las olas del espacio-tiempo…. La narración apunta a que cada uno exponga lo siguiente: A) Que sueños cree que aún le falta cumplir y cómo cree que podría lograr realizarlos? b) Con que herramientas cuenta en la actualidad para cumplir esos sueños ¿ c) Cuales son las ventaja de la edad adulTa y como puede darle un uso positivo? 2da etapa. Lectura y debate de lo escrito por cada uno y análisis de los contenidos. 3era etapa Elaborar entre todos un plan para llevar a cabo el mayor sueño de cada uno y explicar por qué es posible. 4ta etapa. Con los escritos de todos elaborar un escrito sobre las posibilidades de la 3era edad y publicarlo en alguna revista barrial con el nombre del grupo. Observar en que medida el adulto mayor se reconoce, se posiciona como autor.

TALLER DE EXPRESIÓN: “Sueños compartidos: en la calle codo a codo somos mucho más que dos…”

1era etapa. Leer cada uno en clase y en voz alta un cuento de autor conocido. 2da etapa. Debatir sobre cada cuento para lograr la correcta comprensión de su lenguaje literal y figurado. 3era etapa. Trabajar en la prosodia y dramatización gestual de la lectura de esos cuentos (declamación). 4ta etapa. Trabajar con eL sentido de pertenencia y apasionamiento de ese grupo de cuentos. 5ta etapa. Organizarse en grupos de dos y establecer asistir a geriátricos y hospitales para leer esos cuentos apropiados en su esencia.

TALLER DE EXPRESION “ Sueños compartidos: “Conozco al ser humano, me conozco”

Los adultos mayores poseen habilidades y procesos positivos intrínsecos a su proceso de envejecimiento como la participación y experiencia, y su potencial para desarrollarse, sus conocimientos previos, y su motivación. Es importante apoyarnos en estas fortalezas para fomentar una imagen mas atractiva de la tercera edad, sobre la que sentar las bases de que un mayor desarrollo personal es posible. Analizar algunos de los problemas filosóficos contemporáneos, que tienen sus raíces en antiguos pensadores, permite visualizar un continuum histórico que permite relacionar los mismos a la propia vida de cada uno, y ayudar a entender mejor, nuestra posición dentro del entramado social. 1era etapa. Comenzar con la lectura de textos de filosofía para principiantes. 2da etapa. Debatir sobre lo leído y agregar opiniones propias de cada tema 3era etapa. En que ayuda la filosofía a la vida? 4ta etapa. Cada uno debe traer información de un filósofo y sus aportes. Cada integrante dará una clase sobre su filósofo elegido y someterá el tema a debate.

TALLER DE EXPRESION : “Sueños compartidos: “Cantar de los cantares”

1era etapa. Se eligen tres canciones populares y cada cual copia en su cuaderno la letra de la canción. 2da etapa. Se escuchan las tres canciones y todos deben cantar leyendo la letra de su cuaderno. 3era etapa. Cada cual cierra su cuaderno y repite el texto de las letras de memoria. Si se olvida, los demás le apuntan para poder continuar 4ta etapa. A cuaderno cerrado todos cantan las canciones de a una estrofa cada uno y se empalma con el siguiente (coordinación, memoria y trabajo en equipo). Se promueve la enseñanza de estrategias de aprendizaje metacognitivas, para favorecer el desarrollo de los procesos cognitivos

TALLER DE EXPRESIÓN “Sueños compartidos “soy un ser social”

TALLER DE DESARROLLO DE ESTRATEGIAS AUTOSUSTENTABLES..

Tener en cuenta las contribuciones que pueden hacer los adultos mayores a la familia y a la comunidad, por sus saberes previos, su experiencia, su formación académica en algunos casos y ejercicio de alguna profesión y oficio. Creo que además de que se generen ONG´s  u Organismos estatales que se hagan cargo del adulto mayor, en general como lo hacen hasta ahora, de generarle espacios para reunirse, para recreación y manualidades y aprendizaje de manejo de PC o idiomas, se debe promover la creación de unidades que tengan profesionales especializados respecto al adulto mayor, y que los ayuden a gestionar, sus demandas de aprendizaje diverso, asi como demandas de capacitación y orientación para gestionar sus propios emprendimientos autosustentables.  

“Una mezcla sutil de creencia, saber e imaginación, construye delante de nuestros ojos la imagen, sin cesar modificada, de lo posible. Es a esta imagen con la que confrontamos nuestros deseos y nuestros temores. Sobre este posible, modelamos nuestro comportamiento y nuestras acciones. En un sentido, muchas actividades humanas, las artes, las ciencias, las técnicas, la política, no son sino maneras particulares, cada una con sus propias reglas de jugar el juego de los posibles.”

Francis Jacob, Premio Nóbel Medicina/Fisiología 1965.

Silvia Pérez Fonticiella.

Consultora en Neurociencias

Neuropsicología Psicopedagogía

Diciembre 2012.

BIBLIOGRAFIA.

APUNTES DE CÁTEDRA OVO. PROF. DR VALENTÍN PERALTA. Universidad Blas Pascal

ARIES P EL HOMBRE ANTE LA MUERTE

CICERÓN M. T.  DE SENECTUTE.

FOUCAULT, M  TECNOLOGIAS DEL YO. PAIDOS. 2008

FOUCAULT, M  LA HERMENÉUTICA DEL SUJETO. FCE. 2001.

FOUCAULT, M  LOS ANORMALES. FCE.

FOUCAULT, M  HISTORIA DE LA SEXUALIDAD. Tomo I. Siglo Veintiuno Editores.

FREIRE, P  EL GRITO MANSO. Siglo Veintiuno Editores.

GALEANO, E  ESPEJOS  2007

KRISTEVA, J. EL SUJETO EN PROCESO.

MULLER, M.  DESCUBRIR EL CAMINO. ED. BONUM 2004.

PEREZ FONTICIELLA, S. LAS INSTITUCIONES EN LOS BORDES DE LA MODERNIDAD LIQUIDA.  www.iinnuar.wordpress.com Ensayo Cátedra Psicopedagogía Institucional

PEREZ FONTICIELLA, S CELEBRACIÓN DE LA VEJEZ. Ensayo Cátedra Psicopedagogía II.

PEREZ FONTICIELLA, S ¿SOMOS CADA VEZ MÁS INTELIGENTES? DISCUSIÓN DEL CAMBIO DE PARADIGMA CONGNITIVO DEL WISC IV RESPECTO A WISC III. http://www.iinnuar.wordpress.com.

WINNICOTT, D.W.  LOS PROCESOS DE MADURACION Y EL AMBIENTE FACILITADOR.PAIDOS. 2011.  

 

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LA IMPORTANCIA DEL “GRUPO DE PARES”, PARA LOS ADOLESCENTES.

 Si realizamos una cartografía del pensamiento social clásico y contemporáneo, puede afirmarse que el ser humano no es un ser social por naturaleza, es decir, no nace social sino que “se hace”. A partir del nacimiento y mediante el proceso de socialización, adquiere la “herencia social”; este proceso es fundamental, pues a través de sus mecanismos, la sociedad produce y reproduce de manera continua su propia existencia. Podría decirse que la sociedad “fabrica sus miembros”.

Este proceso, tan bien estudiado por los sociólogos, se ve reforzado por los estudios científicos en el campo de la biología, en los que hay fuerte evidencia de que las modificaciones epigenéticas son transgeneracionales, según se ha podido constatar en muchas especies.

¿Qué significa esto?; significa que hay factores ambientales que modifican el DNA y que pueden ser transmitidos a la próxima generación. Estas investigaciones reflotarían la vieja idea, tan cuestionada a Lamarck, respecto a que determinadas características adquiridas durante la vida, son transmitidas por la herencia.

Lamarck propuso que la gran variedad de organismos, que en aquel tiempo se aceptaba, eran formas estáticas creadas por Dios, habían evolucionado desde formas simples; postulando que los protagonistas de esa evolución habían sido los propios organismos por su capacidad de adaptarse al ambiente: los cambios en ese ambiente generaban nuevas necesidades en los organismos y esas nuevas necesidades conllevaría una modificación de los mismos que sería heredable.

Bien, la moderna microbiología y la genética están encontrando cada vez más hallazgos, respecto a que Lamarck tenía razón.

Podemos hipotetizar entonces que nuestros sistemas sensoriales, nuestros valores, nuestros afectos, además de nuestros sistemas cognitivos, se  van “reprogramando” a partir del vertiginoso ritmo de vida que impone la sociedad global actual: una intensa y cotidiana exposición a la tecnología, el derrumbamiento de la solidez de nuestras instituciones de referencia y otras modificaciones que inevitablemente, se producen desde afuera hacia adentro, es decir de la sociedad hacia el individuo. Estas modificaciones adaptativas se incorporan a nuestro programa genético, lo reprograman y así, es transmitido a las siguientes generaciones.

Si tomamos conciencia de estos fenómenos que aportan las investigaciones científicas, deberemos hacernos cargo del tipo de vida que llevamos, de las elecciones que hacemos, de los valores que preservamos y de las acciones que llevamos a cabo, porque nuestras conductas y decisiones, serán una herencia para el “próximo” ser humano.

Sabemos bien que el medio en el que nacemos, condiciona las posibilidades de acceso a los bienes sociales, (educación, trabajo, ingresos, poder, prestigio, etc), situación que modelará, en parte,  nuestras oportunidades futuras.

Pero también sabemos que cada uno de nosotros puede ser un actor, un productor activo de símbolos y signos, los que utilizaremos para interpretar la realidad, para crear nuevas respuestas a esa realidad, siempre de acuerdo a los significados otorgados a cada situación.

 Desde el nacimiento, los humanos transitamos por diferentes “agencias de socialización”; el mundo social se nos presenta como algo inevitable. El niño pequeño no puede eludir a sus significantes primarios, que cubrirán sus necesidades pero que también le impondrán, tácitamente o no, pautas de conducta, hábitos, modos de ver el mundo; también lo cargarán de determinadas expectativas, lo codificarán con su lenguaje y más aún, con sus propios significantes.

En la actualidad asistimos a un fenómeno social al que podríamos llamar: “La des-institucionalización de la sociedad”. Cada vez son menos los individuos que responden a un modelo institucional de valores homogéneos, por lo cual el proceso de socialización de un individuo se va estableciendo “en pedazos”, como señala la socióloga Van Haecht (1999); esta situación se produce debido a que en esta realidad, el individuo no es “fabricado”  a partir de una sola agencia de producción social. Los investigadores clásicos  coinciden en señalar, como principales agencias de socialización, a la familia, la escuela, la iglesia, los grupos de pares y los medios masivos de comunicación.

Me interesa hoy reflexionar sobre una de estas “agencias”, como lo es el grupo de amigos o de pares. Hablamos de pares, pues son grupos de personas que comparten algunas similitudes, como la edad, actitudes hacia los adultos o figuras de autoridad, grado de desarrollo académico, bandas de música, una jerga común o ecolecto, entre otras.

Cuando el niño crece, casi en forma accidental empieza a integrarse a grupos de pares , ya sea en el barrio, en la escuela, en el club, y paulatinamente sus interacciones y participaciones en grupos se hacen más selectivas, teniendo en cuenta intereses comunes, actividades, afinidades personales…

Estos grupos atraen a los chicos, porque su estructura es bien diferente de la que presentan las otras “agencias de socialización”. Carecen de organización formal y de funciones manifiestas fijadas desde afuera, pueden tener carácter temporario y se centran en intereses inmediatos.

En sus grupos de pares, crean sus propias pautas culturales y hasta formas de comunicación, una especie de para-lenguaje, que no es generalmente comprendido por los adultos, cumpliendo justamente la función de excluirlos de este espacio que quieren sentir propio, no invadido por ellos. Estas conductas no son exclusividad de las generaciones actuales, han existido siempre con las  variaciones propias de cada contexto, y dentro del marco de permisividad de cada época y sociedad.

Pero no debemos subestimar el papel importantísimo que juega el grupo de pares en la formación axiológica y ética, del adolescente, etapa en la que se convierte en la mayor fuente de referencia.

Gran parte de la orientación del adolescente hacia el futuro, la valoración que hace del mundo de los adultos, sus actitudes, valores, metas y normas de la familia y de la escuela, sus vínculos con padres y hermanos, están condicionados por el grupo o los grupos de amigos de referencia.

El individuo se sumerge allí en  formatos de aprendizaje que no encontrará en otros ámbitos y que dejarán huellas en su cosmovisión del mundo y en sus modelos vinculares, entre otras dimensiones.

¿Qué tienen esos grupos que impactan tanto y llevan, incluso, a enfrentar al adolescente con su familia y docentes?

Algunas respuestas, tienen que ver justamente con las características estructurales de estos grupos, que hacen de ellos un campo de experiencias de relaciones más igualitarias; en general, el sujeto ejerce los mismos roles que los otros y hasta puede llegar a tener cierto liderazgo, fenómenos que marcan en general claras pautas diferenciales con la estaticidad de posiciones que puede ocupar dentro del núcleo familiar y la escuela.

El manejo del tiempo, la vestimenta, conductas relacionadas con el  género, con el sexo, con el juego, con las preferencias musicales, con los ídolos, con la discriminación, tienen formas, pautas, reglas, que son generadas por el propio grupo y con frecuencia, las mismas enfrentan y hasta desafían, aquellas que tratan de imponer la familia y la escuela.

Es característica de la adolescencia una conducta oposicionista, reivindicativa, un “hacerse oír”,  marcando la diferencia de opinión, de formas de vestir,  de actitudes.

En general, los “ídolos” que eligen los jóvenes y que toman como figuras significativas a imitar, representan valores muy opuestos a los modelos identificatorios que proporcionan el entorno familiar y escolar. Estos grupos también proveen de modelos de satisfacción, frustración y penalización. El sujeto debe aprender a medir las consecuencias de sus acciones en entornos no tan permisivos como puede ser, en general, la familia; debe también aprender a seleccionar formas de respuesta a situaciones, a modular sus afectos, en especial su agresividad,  a disfrutar compartiendo y a elaborar las pérdidas.

Decían los griegos, que es necesario el tiempo de “hacerse”, para ser; cada persona que nace tiene un largo camino por delante, para construirse; el hacerse un lugar en los grupos de pares, son espacios necesarios para el sujeto, que no deben eludirse, pues representan para el niño, para el joven, una simulación, un ensayo de lo que será su participación en la vida social ampliada.

Prof. Neuropsicóloga Silvia Pérez Fonticiella

Consultora en Neurociencias.

Bibliografía de consulta.

Bauman, Zygmunt. Modernidad Líquida.

Berger y Luckman. La construcción social de la realidad

Brígido, Ana Ma. Manual de Sociología de la Educación.

Pérez Fonticiella, Silvia. Las Instituciones en los bordes de la modernidad líquida.

 

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LA PEDAGOGÍA Y SUS INVENCIONES

PRESENTACION EN POWER POINT ===>  

LA PEDAGOGÍA Y SUS INVENCIONES

“Toda mirada se produce desde un cierto lugar, que determina lo que se ve, lo que se destaca y lo que se omite, de acuerdo a las pecualiaridades de quien mira.” Pineau, Dussel y Caruso

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