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LOS INMIGRANTES EN LA ESCUELA – XENOFOBIA EN LOS PROFESORES – Emilio Tenti Fanfani

10 Mar

LOS INMIGRANTES EN LA ESCUELA: LA XENOFOBIA DE LOS PROFESORES EN ARGENTINA, PERU Y URUGUAY

Por: Emilio Tenti Fanfani (*)

Dimensiones de la exclusión escolar: desigualdad y discriminación

Hay dos dimensiones en el concepto de exclusión escolar. La primera es objetiva porque actúa como una exclusión de hecho. Desde este punto de vista opera como un fenómeno que se puede analizar y medir “como una cosa”. En efecto, uno puede contar cuántos estudiantes permanecen excluidos del sistema escolar o abandonan su escolaridad en un momento dado. La estadística nos ofrece una aritmética de la inclusión y la exclusión escolar en su dimensión objetiva. La investigación sobre las desigualdades en la escuela o, bien, sobre la relación entre las desigualdades sociales y las desigualdades escolares constituye ya un dominio de estudios tradicionales en el campo intelectual de las ciencias sociales.

Pero existe también una segunda dimensión de la exclusión escolar, la cual es más subjetiva y dinámica. Actúa como un proceso por el cual los agentes sociales, situados en sus ambientes específicos tales como la escuela, tienen prácticas de exclusión hacia ciertos sujetos a causa de sus características comunes (grupo étnico, posición en la estructura social, clase, edad, religión, etc.). Esta segunda dimensión de la exclusión social se llama discriminación, notable en la tradición académica norteamericana. El proceso de la discriminación actúa sobre la desigualdad o sobre la exclusión objetiva. Los estudios sobre las desigualdades escolares miden los resultados, mientras que la investigación sobre la discriminación analiza prácticas, interacciones y los agentes con sus representaciones (prejuiciosas), sus actitudes o sus habitus (predisposiciones interiorizadas).

La discriminación es una práctica que se desarrolla en una relación frente a frente, es decir, interpersonal. Si se quiere comprender su lógica de producción es necesario ir más allá de la estadística objetiva generada por la administración del sistema educativo, La investigación sobre la discriminación se sirve generalmente de técnicas y de métodos (encuestas, entrevistas, observación, etc. ) las cuales producen la información sobre las “mentalidades” o las predisposiciones de los agentes, así como de sus interacciones en la vida cotidiana.

Algunas observaciones teóricas

El extranjero es el arquetipo de la figura del outsider. Es el objeto típico del rechazo y la discriminación. El adopta varias formas y modalidades en la historia de las sociedades occidentales. En la mayoría de los casos, experimenta una exclusión basada en el origen étnico o en su nacionalidad que daña el principio del derecho a la igualdad. En la práctica la exclusión puede adoptar una forma más o menos sutil. Se manifiesta por el lenguaje y las actitudes de evasión, pero más directamente aún, por las prohibiciones de acceso a ciertos lugares o a posiciones sociales determinadas, Es necesario evitar la creencia de que la identidad étnica es una cosa que tiene una esencia, es decir, una existencia “en sí misma”. Como todos los hechos sociales, la etnicidad o la nacionalidad es una construcción social: es el producto de las relaciones entre los hombres, como bien dice Eric Hobsbawm, “la etnicidad no es por la que se caracteriza a los grupos humanos, sino por la manera en que los grupos humanos se separan o, bien, se diferencian unos de otros”. Y “el sentido más testimoniado de la etnia -a saber, la presunción de una ascendencia común y de los lazos de sangre entre los miembros del grupo- es por lo menos arbitraria, cuando no una mera ficción, como en las naciones modernas”.

El carácter arbitrario del proceso de construcción de las nacionalidades y de los nacionalismos está muy claramente explicado en esta larga reflexión de Paul Veyne:”…

¿qué es lo que produce la unidad de un pueblo? En cualquier nación la unidad lingüística parece haber sido el factor decisivo, no lo fue en Suiza: la ausencia de unidad religiosa o económica es algunas veces prohibitiva y otras no lo es”.

Determinar el fundamento del sentimiento nacional parece una tentativa desesperada por la diversidad tan grande; la solución no es decir -como si fuera tan fácil- que una nación es una voluntad de vivir juntos, pues en los hechos se puede atribuir la diversidad de conductas humanas, a la libertad de decisión. Esta diversidad se explica más simplemente: ningún recorte nacional podría ser enteramente satisfactorio (las extensiones geográficas de nuestros diferentes intereses no son, de hecho, superpuestos y distintos a los de la calle o a los de nuestro distrito o a los de la humanidad entera).

Por tanto, hace falta tomar una decisión. La elección hecha o aceptada, los intereses que se buscan satisfacer tomarán una importancia más que proporcional; nada más diverso que los fundamentos del sentimiento nacional porque cada nacionalidad se desarrolla sobre intereses parciales. “Los hombres tienen la capacidad de obrar hábilmente con ellos mismos, su conducta no siempre se explica por las causas antecedentes que irían del pasado hacia el porvenir sin retorno”.

Desde esta perspectiva, entonces, subrayamos dos características fundamentales de la etnicidad. En primer lugar, un grupo se da a sí mismo un nombre elegido entre varios para ser distinguido de los otros que tienen también sus propios nombres. En segundo, debe mencionarse que las características específicas que definen a un grupo dividen más de lo que las reúnen. En el proceso de construcción de un grupo se pone por delante la distinción de la comunidad; es decir, se da mayor importancia a los elementos que la distinguen y no a los que la unifican o reúnen. Entre los argentinos, los bolivianos y los peruanos existe una comunidad de lenguaje y religión, pero cuando ésta actúa en la construcción de la nacionalidad, se privilegia lo que divide, es decir, el hecho de ser ciudadanos de diferentes Estados nacionales.

También es importante tener en cuenta que los esfuerzos de un grupo nacional o étnico, para “darse un nombre”, no se realizan en  el vacío social, sino en un espacio que puede ser ocupado por los agentes colectivos con otros intereses. Así, ” darse un nombre” es una expresión de la lucha en la cual un nombre se opone a otro (generalmente peyorativo).

Los datos

Los datos utilizados en este reporte provienen de las encuestas realizadas a muestras de profesores de educación primaria y secundaria (inferior y superior) de tres países de Sudamérica: Argentina, Perú y Uruguay (…)Entre las dimensiones de la ” cultura” de los profesores que deseábamos conocer, una era particularmente delicada. Efectivamente, intentamos saber hasta qué punto los profesores adoptan actitudes negativas o de exclusión hacia ciertos grupos sociales definidos según los criterios étnicos o específicos tales como la enfermedad, la posición en la estructura social, edad, las prácticas sexuales, las ideologías políticas.

Los profesores y la discriminación

Una primera lectura simple de los datos nos muestra que:

  • a) Casi la totalidad de los profesores encuestados tienen un prejuicio negativo por lo menos para uno de los grupos seleccionados.
  • b) Las actitudes negativas contemplan mayoritariamente otros grupos que son definidos por criterios étnicos o nacionales. Los grupos más discriminados son los ex convictos y los drogadictos. Los homosexuales también fueron objeto de rechazo muy marcado en los tres países considerados.
  • c) En los tres países hay un porcentaje muy variable de xenofobia; es decir, tanto al interior de un mismo país (según los grupos de etnias o las nacionalidades referidas) como entre los países analizados.

(…) En el caso de Perú, la probabilidad de encontrar profesores que tienen prejuicios negativos se asocia con el género masculino, de edad avanzada y viviendo en provincia.

El hecho de ser definido como pobre se mueve también en la misma dirección. La intensidad de la discriminación es más fuerte entre los profesores que trabajan en escuelas públicas que aquellos que lo hacen en el sector privado, mientras que en Uruguay ocurre lo contrario: son los profesores de las escuelas privadas los que discriminan más.

En Argentina, así como también en Perú, las actitudes discriminatorias más fuertes se encuentran entre los profesores que habitan en provincia, pero también en los profesores que se declaran “pobres” comparados con sus colegas que no se sienten pobres.

Finalmente, en Uruguay son las mujeres y los profesores que habitan en Montevideo los que presentan un índice de discriminación más fuerte. Los prejuicios son más frecuentes también entre los profesores que declararon haber vivido una experiencia de decadencia social (manifestaron que se encuentran en una situación peor que la que tenían sus padres cuando eran pequeños).

Los profesores y la xenofobia

La discriminación basada en el origen nacional o étnico se presentó en los 3 países analizados, pero en niveles muy diferentes. Perú se distingue de los otros 2 en varios aspectos:

  • a) El porcentaje de los profesores que manifiestan actitudes de xenofobia es muy alto: 38.2% contra 11.2% en Uruguay y 15.3% en Argentina
  • b) Mientras que en Perú la discriminación toca diversos grupos nacionales y étnicos, la mitad de los profesores de Argentina y Uruguay mostraron tener prejuicios negativos para un solo grupo social. En consecuencia, no solamente los profesores peruanos discriminan más, sino que en lo referente a la nacionalidad o a las etnias resultan los más afectados. Casi todos los grupos incluidos en la encuesta registraron porcentajes de rechazo semejantes a Perú, mientras que los resultados de la discriminación de Argentina o Uruguay se concentran en uno o dos grupos

Las nacionalidades más discriminadas

(…) La variedad de los grupos discriminados en Perú amerita una explicación. En efecto, el rechazo de japoneses y asiáticos puede ser relacionado a la actitud fuertemente crítica de la mayoría de ciudadanos frente a la política y a la personalidad misma del antiguo presidente Fujimori, de ascendencia japonesa. La discriminación contra los norteamericanos debe explicarse en el contexto de una actitud generalmente crítica hacia el rol jugado por Estados Unidos en Latinoamérica. Finalmente, la discriminación hacia los chilenos y ecuatorianos tienen sus raíces en la historia de conflictos frecuentes entre Perú y sus vecinos, por razones de fronteras. En Uruguay, pero especialmente en Argentina, la xenofobia aparece más asociada al factor cultural, pero también más fuertemente influenciada por razones socioeconómicas. La mayoría de los casos de xenofobia identificados en Argentina tienen como objetivo a los bolivianos, los paraguayos y los chilenos . Todos ellos con los peruanos e incluso los ecuatorianos, llegan a Argentina (y en un grado inferior a Uruguay) en busca de trabajo.

Estos movimientos intrarregionales de la población tienen causas claramente socioeconómicas. Las dificultades de la supervivencia prueban que el empobrecimiento en sus países de origen los lleva a buscar otras oportunidades más allá de sus fronteras.

El caso de Argentina es particularmente interesante. Según el censo de 1991,la mitad de sus inmigrantes son de origen europeo, en particular italianos y españoles. Los extranjeros nacidos en Sudamérica representan aproximadamente la otra mitad. A finales de 1991 había 15.5% de paraguayos, 15.1% de chilenos, 8.9% de bolivianos, 8.3% de Uruguayos y 1% de peruanos.

Desde principios de siglo las cosas cambiaron. Actualmente Argentina es un país de emigración e inmigración, simultáneamente receptor y expulsor. Como consecuencia de la crisis generalizada de la sociedad argentina, ocurrida en los últimos cinco años, muchos argentinos (los mismos de origen migratorio europeo) emigraron con dirección a Europa o Estados Unidos, mientras que los nacionales de los otros países relativamente más pobres de América del Sur emigraron hacia Argentina. En el presente, el perfil de la población del origen extranjero ha cambiado. Según los datos más recientes los inmigrantes representan el 5% de la población urbana del país. Casi tres cuartas partes son originarios de Sudamérica, mientras que el porcentaje de europeos desciende a 32.5%.

¿Cuáles son las relaciones posibles entre la distribución verdadera de la población inmigrante y la probabilidad de actitudes de discriminación? No podemos dar una respuesta unívoca a esta pregunta. A este propósito se pueden examinar algunos ejemplos. La mayoría de la comunidad judía habita en Buenos Aires, la región más extensa, y es ahí donde el índice de discriminación es más bajo (2%). Al contrario al noroeste de Argentina, donde la presencia de esta comunidad no es particularmente fuerte, se constata un porcentaje de discriminación más alto (6%). En esta misma región, que es una de las más pobres del país, se encuentran también los porcentajes de discriminación más fuertes del país contra los árabes (6%). En ambos casos la xenofobia (judía y árabe) en el noroeste del país duplica el promedio nacional y se triplica en la zona metropolitana de Buenos Aires. Estas asociaciones nos indican la presencia eventual de una cultura tradicionalmente más predispuesta a la desconfianza y al rechazo contra todo lo que se presente como “extranjero”.

Otro caso interesante es el de los bolivianos y el de los paraguayos. Por razones de proximidad geográfica, los primeros se concentran en el área del noroeste (aquí el 70% de los extranjeros son bolivianos) y los segundos en el noreste del país donde el 75% del total de la población es extranjera. Sin embargo, las actitudes negativas hacia los bolivianos no son particularmente significativas en el noroeste, mientras que la xenofobia hacia los paraguayos alcanza el porcentaje más alto del país justamente en el noreste.

Estos conjuntos nos invitan a pensar que existen dos formas típicas de xenofobia

(…)  La primera supone una condición de coparticipación: aquel que discrimina tiene al menos cierta probabilidad de “conocer” o “reconocer a los sujetos discriminados.” En el segundo caso, la discriminación es una predisposición del espíritu que no está fundada sobre el “contacto directo” con los sujetos discriminados. En este caso, la predisposición tiene un origen totalmente indirecto que puede ser “transmitido”. Por supuesto, hace falta reconocer que se hace una distinción muy esquemática y que merece una discusión y un debate de mayor profundidad que no hacemos aquí.

En lo que concierne a Argentina, la xenofobia hacia los bolivianos, los paraguayos y los chilenos es una consecuencia subjetiva y probable de una situación objetiva de competencia y de lucha para acceder aun recurso cada vez más exiguo: el trabajo, tanto formal como informal. Por una parte los argentinos expresan que: “los extranjeros han venido a robamos el trabajo”. La verdad es absolutamente diferente puesto que es bien sabido que los inmigrantes se ocupan generalmente de tareas penosas que los argentinos no están dispuestos a realizar, tales como la cosecha agrícola, el trabajo en la construcción, etc. Pero la situación de crisis y de decadencia social favorece el desarrollo de actitudes de xenofobia para una proporción considerable de los ciudadanos.

Se debe considerar que los paraguayos (23.4%), los bolivianos (16.2%) y los chilenos (11.3%) son las minorías más nombradas entre aquellos que vienen de la región Sudamericana. Si tomamos en cuenta esta nueva realidad se puede comprender aún más la distribución de actitudes xenofóbicas de los profesores argentinos.

(*) Fragmentos de una nota publicada en el Boletín Digital del Canal Iberoamericano de Noticias sobre Educación (CINED

 

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