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OCTAVIO PAZ : “La revolución humana se nutre de otredad”.

09 Mar

La poesía es resistencia ante la inclemencia del transcurso del tiempo. Todas las soluciones posibles de un problema específico se pueden encontrar en el lenguaje poético. A veces, es un proceso difícil y arduo, pero las respuestas suelen llegar con algo de claridad.
Siguiendo con las enseñanzas de Octavio Paz, no deja de sorprender la magia de su pluma y el misticismo de sus palabras. Paz fue un profeta de la naturaleza humana, un poeta con una sensibilidad ilimitada que pudo entender cada grieta del hombre.
-Parecería que rebelión y fraternidad juegan papeles contradictorios dentro de la terminología cotidiana, pero en ellos se encuentra el complemento necesario para un movimiento opuesto en el que la ruptura sea la causa fundamental para una nueva realidad subjetiva. La génesis de este sentimiento contestatario inicia con una pregunta que tambalea a la condición humana: El dios-maíz, el dios-flor, el dios-agua, el dios-sangre, la Virgen, / ¿todos se han muerto, se han ido, cántaros rotos al borde de la fuente cegada? Pero en el desamparo vivencial actual, la mirada autónoma gira hacia otro horizonte: el propio. Así, con un mínimo de introspección que genere una mirada entrañable con nosotros, cabe la posibilidad de posicionarnos para tomar conciencia de nuestra personalidad, de nuestro espíritu libre.
En el curso de esta transición, la conciencia interna no es movimiento cadencioso ni armónico, sino que se formula con destrucción puntual y ruptura agónica, desdeñosa: he aquí al hombre que cae y se levanta y come polvo y se arrastra, / al insecto humano que perfora la piedra y perfora los siglos y carcome la luz, / he aquí a la piedra rota, al hombre roto, a la luz rota. El planteamiento de Paz suena como un alegato al pesimismo desahuciado por la insignificancia del hombre; como una tristeza totalitaria por el entorno en el que nos mostramos como seres vivientes. Pero en la magnificencia de la nimiedad maléfica, existe un camino en el que ‘transitar’ se convierte en ‘transformación’.
En el ciclo continuo, negado, contundente, hay una deformación geométrica que coquetea con la cadencia de la luz. Una formulación libertaria comienza a gestarse en la centralidad del hombre, hasta que el abismo sale de las sombras para enaltecer un viento cristalino: ¿Abrir los ojos o cerrarlos, todo es igual? / Castillos interiores que incendia el pensamiento porque otro más puro se levante, sólo fulgor y llama, / semilla de la imagen que crece hasta ser árbol y hace estallar el cráneo, / palabra que busca unos labios que la digan, / sobre la antigua fuente humana cayeron grandes piedras, / hay siglos de piedras, años de losas, minutos espesores sobre la fuente humana. La rebelión ha iniciado. Su desenvolvimiento es determinante. La iluminación del autoconocimiento encuentra un resquicio ante la penumbra de la crisis en la que el cuestionamiento de las causas se vuelve incesante.
La desavenencia del estado propio comienza con una nueva travesía, una nueva vereda que habrá de ser recorrida con un ímpetu imperial. Las interrogaciones interpretativas se trasladan a un nuevo plano; ya no se encuentran en la egolatría de lo mío, sino en la conveniencia de lo tuyo. La curiosidad innata se dirige hacia el otro, a esos compañeros fraternales quienes reciben el nombre de humanidad: ¿la luz nace frotando hueso contra hueso, hombre contra hombre, hambre contra hambre, / hasta que surja al fin la chispa, el grito, la palabra, / hasta que brote al fin el agua y crezca el árbol de anchas hojas de turquesa? Finalmente, la respuesta de Paz es un no rotundo: una negativa absoluta cargada de sueños, cánticos, palabras, raíces, manantiales, árboles y flores, es decir, una negación que se condensa en el afecto al prójimo.
“Amar es aprender a caminar por el mundo”
Desde el surgimiento a la vida se plantea un tema conmovedor y autóctono para el tránsito por ésta: el amor. Es una aparición primigenia que encandila con su majestuosidad. El hombre no requiere de un estímulo racional para sentir y vivir una experiencia amorosa. Pero en este recorrido vivencial, las preguntas se aglomeran paulatinamente en un intento desesperado por entenderlo con cierta nitidez.
Paz empieza su meditación amorosa con una advertencia característica: Las palabras son puentes. / También son trampas, jaulas, pozos. / Yo te hablo: tú me oyes. / No hablo contigo: / hablo con una palabra. / Esa palabra eres tú, / esa palabra / te lleva de ti misma a ti misma. / La hicimos tú, yo, el destino. Así como el lenguaje es un artefacto eminentemente humano, también lo es el contorno lingüístico del amor que fue construido a través de innumerables corazones que palpitaban hacia una misma dirección. La humanidad ha sentido el incendio en sus pechos, radicalizando el pensamiento en una especie de locura interminable. La búsqueda de él no es infortunio, sino una necesidad clavada.
La carencia legítima por el otro que nos complemente y alimente no tiene un límite delineado, pues su formación se va edificando en función de las experiencias continuas. Nos movemos en un torbellino de instantes en los que se dificulta el propio reconocimiento, pero en ese tornado de realidad, el sentido del amor es la unión, la unidad de almas que puede defenderse ante los arrebatos del entorno. Como en muchos temas, Paz no se queda atrás y ofrece varias definiciones desde su visión poética sobre el significado del amor en movimiento:
Amar: / hacer de un alma un cuerpo, / hacer de un cuerpo un alma, / hacer un tú de una presencia.
Amar: / abrir la puerta prohibida, / pasaje / que nos lleva al otro lado del tiempo.
Amar es perderse en el tiempo, / ser espejo entre espejos.
Amar: una variación, / apenas un momento en la historia de la célula primigenia / y sus divisiones incontables.
El arte de amar / ¿es arte de morir? / Amar / es morir y revivir y remorir: / es la vivacidad. Te quiero / porque yo soy mortal / y tú lo eres.
Con esto, sobran los tratados, las teorías o los manuales que intenten describir el sentimiento más puro que tiene la humanidad. El amor es transmutación, un instante cegador, una forma de emigrar a otro tiempo, el reflejo en tu mirada, intimidad asumida, el primer momento, una muerte fortificada, omnipresencia terrenal, un renacimiento ingenuo, un pronombre mortal, sencillamente un tú, un contigo incondicional.
Pero en el tratamiento sutil y prolífico no hay certezas absolutas. Con el afán de dejar abierta una obra que investiga la profundidad del amor, la esperanza se ve involucrada en su sentido más amplio porque Tal vez amar es aprender / a caminar por este mundo. Aprender a quedarnos quietos / como el tilo y la encima de la fábula. Aprender a mirar. Tu mirada es sembradora. Plantó un árbol. Yo hablo / porque tú meces los follajes.

Octavio Paz y su pluma envolvente: algunas lecciones para la vida cotidiana –
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