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La Sociologìa Clìnica – Entrevista a la Dra Ana Ma. Araujo.

18 Ago

La Sociologìa Clìnica - Entrevista a la Dra Ana Ma. Araujo.

Atenea 490 – II Sem. 2004: 177-189

ENTREVISTA

Diálogo con Ana María Araújo

Sociología Clínica, una epistemología para la acción

Jorge Ariel Madrazo

Ensayista, escritor y poeta. Buenos Aires, Argentina. E-mail: arielmadrazo@ciudad.com.ar
RESUMEN

La entrevistada enfatiza los conceptos teórico-prácticos fundamentales de la sociología clínica, en cuyo marco trabaja replanteando –y proponiendo estrategias de salida– en cuanto al impacto de los problemas del desempleo y otras situaciones de exclusión sobre la subjetividad de los actores sociales. Esta praxis insiste en que para aprehender el hecho social se necesita de un pensamiento pero más aún, de una actitud capaz de articular las dimensiones psico-simbólica y socio-histórica. Sin descartar el uso de los datos de la sociología tradicional, Araújo integra una corriente que reivindica una nueva relación, transferencial y contratransferencial, emocional y de escucha real entre “sujeto-sujeto”, y la articulación con el inconsciente cultural. Por ello, no concibe una labor investigadora que no se proponga una incidencia para la transformación del contexto político-social. Explica la tarea que desarrollan con trabajadores desempleados en barrios de Montevideo y otras ciudades uruguayas como Salto y Paysandú, así como con sindicatos, instituciones y universidades del país y del exterior.

Palabras claves: Dimensión psico-simbólica, historias de vida, actor social, desempleo, cambio.

ABSTRACT

In this interview, the investigator emphasizes the main theoretical-practical concepts of Clinic Sociology, in the framework of which she works, reconsidering and proposing strategies for finding a way out, as regards the impact of problems derived from unemployment -and other situations of social rejection- affecting the subjective life of social performers. This praxis points out that, in order to apprehend the social fact, faculty of thought is required but, even more important, an attitude capable of articulating the psycho-symbolic and social-historical dimensions. Without rejecting the contributions of traditional Sociology, Araújo integrates a current which recovers the importance of a new emotional relation, transferential and counter-transferential and of real listening subject-to-subject; as well as the articulation with the cultural unconscious. For this reason, she cannot conceive a research task which does not aim at an incidence to modify the social-political context. She explains the labor being developed with unemployed workers in neighborhoods of Montevideo and other cities like Salto and Paysandú, as well as with workers’ unions, institutions and universities of Uruguay and foreign countries.

Keywords: Psycho-symbolic dimension, life stories, social performer, unemployment, changes.

Ana María Araújo (Montevideo, Uruguay) es doctora en Sociología, Universidad París I, Panthéon Sorbonne, y DEA (Diploma de Estudios en Profundidad) en Psicología, Ecole Practique des Hautes Etudes en Sciences Sociales, París, Francia; posee una Maestría de Filosofía en la Universidad René Descartes de Estrasburgo, Francia. Investigadora Asociada del “Laboratoire de Changement Social”, Univ. París VII. Profesora e investigadora de la Universidad de la República, Uruguay, en la Facultad de Psicología y en la de Humanidades y Ciencias de la Educación. Ha publicado numerosos libros en Francia, Chile, Grecia y en su país.

Evitar la doble trampa de enfocar la vivencia subjetiva de lo social sin un entorno conceptual y teórico, y lo social sin la vida como deseo y conflictividad, única e inmanente: de eso se trata.

Las palabras –en diálogo con Atenea– de la prestigiosa investigadora uruguaya Ana María Araújo enfatizan una postura sustancial en el marco de la sociología clínica. Una corriente fuertemente renovadora que tutela el campo de investigación-acción de esta psicosocióloga cuya praxis, así como su corpus teórico, se han enriquecido gracias a los años de batallar político-social y al estudio e investigación en latitudes tan diversas como Francia, Canadá, Estados Unidos, Chile y la Argentina. Labor teórica y práctica que continúa hoy en América y en Europa a través de seminarios, proyectos comunitarios e investigaciones al frente de diversos equipos académicos. Enfocada, además, en el trabajo con grupos humanos en situación de desarraigo o marginación social y cultural; en particular, de exclusión social y desempleo.

Freud, Horkheimer, Sartre, Reich, son algunos de los grandes pensadores cuyos aportes epistemológicos fecundaron sustancialmente esta concepción. Ensanchados y desarrollados, luego, por importantes pioneros contemporáneos: desde Cornelius Castoriadis –entre otros “clásicos” modernos– hasta los fundadores y referentes claves de la sociología clínica: Georges Devereux, Vincent de Gaulejac, Jacques Rhéaume, Max Pagés, Eugène Enriquez…

En tal marco conceptual, destaca Araújo, surge el desafío de articular lo teórico con la acción “trabajando el binomio hombre-sociedad desde una actitud nómade, sin esquemas referenciales teóricos que pretendan dar respuesta a todo y totalizar el mundo y la vida”. En otras palabras: “se trata de atreverse a transgredir la norma de un análisis socio-económico esclerosado, o de un psicoanálisis centrado solamente en “la falta”: la sublimación y la ley. Intentamos, por el contrario, incursionar en un territorio donde los fantasmas existen y el imaginario es real”.

Araújo no duda en citar un caso altamente ilustrativo y que remite a toda suerte de problemas actuales: “Después de Wilhelm Reich, por dar sólo un ejemplo, parece ya imposible analizar el racismo en la actualidad, basándonos exclusivamente en un análisis marxista materialista-histórico; esto es, sin tener en cuenta el peso de lo irracional y de los fantasmas colectivos, y sin interpretar la autoridad y la imagen del padre”.

Es básica la comprensión de que “nadie, ni seres humanos ni comunidades, puede eludir el deseo. El complejo fenómeno llamado ‘hecho social’ no escapa al juego de las pulsiones. Un juego donde hombres y mujeres se viven, en sí mismos, conflictivamente tironeados entre el reconocimiento de su deseo y el deseo de reconocimiento. O identificación”. Ello implica que el hecho social necesita, para ser aprehendido, de un pensamiento pero más aún, de una actitud capaz de articular las dimensiones psico-simbólica y socio-histórica, resalta Araújo.

Tal comprensión es un elemento fundante dentro de la orientación epistemológica de la sociología clínica, cimentada en el reconocimiento de que el actor social es la clave de toda investigación social y psicológica. Por tanto: para conocer, profundizar e interpretar su palabra es necesario acercarse a su dimensión “inconsciente”.

Araújo hace hincapié, aquí, en el concepto de “inconsciente cultural” de Devereux, quien en su obra Ensayos de etnopsiquiatría general, Barcelona, 1973, resaltó: “Cada cultura permite a ciertas fantasías, pulsiones y otras manifestaciones del psiquismo, acceder y permanecer en un nivel consciente, y exige que otras sean reprimidas. Por ello, los miembros de una misma cultura poseen en común un cierto número de conflictos inconscientes que los caracterizan, los identifican”. Reconocer dicho inconsciente cultural se convierte así en un prerrequisito para (conjuntamente con los actores sociales) comprender la realidad social. Y transformarla.

Seguidamente, los tramos esenciales de este diálogo que deja vislumbrar un riquísimo ámbito de ideas y de acción, conjugadas en un interjuego incesante y dinámico:

–¿Podría ampliar un poco más lo relativo a la génesis de la sociología clínica?

–Un antecedente fundamental fueron las ideas de Devereux como antropólogo y psicoanalista. Otro, más lejano, la Escuela de Frankfurt en su interés por unir lo social, lo político y lo psicológico; esto es: el inconsciente. Asimismo, hay que resaltar el importante papel de Carl Rogers en la esfera de la psicología y en la concepción de la no direccionalidad de la entrevista durante la investigación. También, el vasto movimiento que se dio en Francia, en Europa y el mundo entero en el ’68, por lo que significó para el cuestionamiento de unas ciencias sociales mucho más ligadas a lo cuantitativo, y a lo supuestamente objetivo, que a lo vivencial y a lo subjetivo-cultural.

Esta orientación nace entonces en París alrededor de los años 70-80, y estoy convencida de que el hecho de haber conocido personalmente a De Gaulejac, sociólogo con una fuerte formación en trabajo social y en psicoanálisis, y de estar buscando yo misma salirme de una sociología donde prevalecía lo descriptivo y que no daba cuenta de las vivencias del ser humano y de la sociedad como tal, me hizo bucear en la psicología y el psicoanálisis: la psicología social, fundamentalmente.

Vincent de Gaulejac estaba echando las bases de esta concepción en el Laboratorio de Transformación Social –Le Laboratoire du Changement Social–, que él dirige, de la Universidad de París VII. Sobre todo a través de él y de su experiencia en investigación, como también de Enriquez, otro investigador francés que es hoy profesor emérito en la Universidad de París VII, y junto a Jacques Rhéaume, quien se imbrica en esta corriente desde Montreal en el Canadá francófono, va generándose a nivel internacional una importante red entre investigadores universitarios. Hoy por hoy, la sociología clínica está insertada de una u otra manera en el mundo. Por supuesto, lo está en Francia, Bélgica, Suiza, Italia, Grecia, sorprendentemente en la actual Rusia, y en América Latina: esencialmente en Brasil, de forma muy notoria en distintas universidades; además, en Uruguay –en especial en Montevideo y ahora en Salto–; y en México, Chile y Santo Domingo. En República Dominicana, justamente, estamos trabajando ya hace dos o tres años con un grupo en el que actúan, entre otros compañeros, la socióloga Patricia Revagliatti y un núcleo muy interesante de investigadores y profesores.

Y se realizan congresos anuales. Algunos solemos reunirnos en los congresos de la Asociación Internacional de Sociología, cada cuatro años. Pero también convocamos nuestros propios congresos: el próximo tendrá lugar en Nápoles, en el 2005. Dichos encuentros han venido celebrándose en América Latina, en Canadá y en Europa durante todos estos años.

–Desde tales orientaciones teóricas, ¿en qué medida y forma el actor social influye en su trabajo como investigadora?

–En este momento, y desde hace mucho tiempo, yo estoy trabajando sobre las repercusiones psico-sociales y culturales del desempleo en el Uruguay de hoy; los desempleados son los actores sociales. Cuando trabajé acerca de la prostitución, lo eran las prostitutas. Los actores sociales cambian. Y ese actor social, para expresarse y llegar –también él– a profundizar en su mundo cotidiano, necesita por parte del investigador una actitud de escucha. De comprensión empática. Y cuando digo así, hablo de pathos; del afecto que necesariamente debe establecerse a medida que la investigación se va profundizando. De la importancia que reviste una actitud transferencial y contratransferencial, tanto del actor social hacia el investigador como de éste hacia aquél.

En manifestación por la reforma estudiantil, París, 2003.
Con el psicólogo uruguayo prof. Juan Carlos Carrasco (de barba) y el psicosociólogo prof. Eugéne Enriquez, directivo del Comité Internacional en Sociología Clínica.
Esto, por cierto, es difícil de lograr, pero estamos convencidos de que si no existe la capacidad de llevar adelante una empatía y una buena transferencia en la investigación, ésta quedará en el nivel de lo manifiesto. De lo dicho. Pero no se podrá alcanzar todo aquello no dicho y latente, esencial en nuestro tipo de investigación. Considero importante, sí, respaldarse en las estadísticas, encuestas y metodologías cuantitativas, como una aproximación a nuestra temática. Pero, sin duda, la aprehensión profunda del problema o hecho social que uno estudia pasa necesariamente por una nueva actitud entre sujeto y sujeto.

–Además, ambos en un plano de paridad, ¿no es así?

–Evidentemente. Siempre recuerdo un diálogo entre Alain Touraine y De Gaulejac: Touraine dice, en un momento: “El hecho social es el que, en sí mismo, nos da los elementos para interpretarlo”. Y De Gaulejac le responde: “Sí, pero son los actores sociales los más capacitados para resignificar ese hecho social”.

–Es decir, los propios protagonistas…

–Los propios protagonistas. Por eso hablaba antes de una actitud de escucha y, también, de humildad epistemológica. En el sentido de que, como psicosociólogos, es importante reconocer que no hay absolutos, que la verdad se va construyendo en el diálogo y a través de la escucha con el otro. Y que, en el caso de una población, los sujetos que forman parte de ella son los más aptos para significar su realidad. Esto no pasa necesariamente por la capacidad o la formación intelectual-cultural en el sentido más restrictivo de la palabra “cultura”. Un caso puede ser la prostitución: estoy convencida de que cuando logré establecer una comunicación y un vínculo profundos con algunas prostitutas, ellas estaban mucho más capacitadas para decodificar su sufrimiento –o no– y lo que significa en sus vidas tener al sexo como mercancía. Incluso, para tratar de interpretar las vidas de sus compañeras. En el caso de los desocupados, trabajamos sobre las repercusiones en –y con– el desocupado; no sobre “la” desocupación. Aunque en realidad habría que decir “desempleado”, ya que ocupados estamos todos, sobre todo, la mujer. Y en el curso de estas investigaciones sobre el desempleo nos encontramos con que los hombres y mujeres sin empleo en nuestras sociedades, al describir lo que sienten están dándonos su sensibilidad, su sufrimiento más profundo. Nosotros vamos luego a procurar comprender; a racionalizar y decodificar. Pero siempre a partir de sus palabras y actitudes en tanto protagonistas. Hay en la sociología clínica una concepción muy sartreana de la existencia como posibilidad abierta y construcción: el ser existente, que construye su vida y su historia.

–Ese ida y vuelta teórico-práctico, ¿implica tomar mayor contacto o participar en algún grado de sus vidas y contextos familiares?

–Los antropólogos sociales, sin duda Levy Strauss, Margaret Mead y otras grandes figuras, son los primeros que en ciencias humanas han trabajado mediante la investigación-acción. Y en otros casos por medio de la investigación participante, que no es lo mismo. Devereux, a quien admiro mucho, vivió dieciocho años con los indios Mohave de Baja California, y a partir de eso trabajó sobre su sexualidad, sus mitos, etcétera. No se limitaron a insertarse uno o dos meses en las vidas cotidianas, sino que han consagrado mucho tiempo a aprehender a determinada población. En sociología clínica realizamos un trabajo bastante específico por sus soportes metodológicos, mediante “historias de vida”. Ahora bien: como investigadora creo que es posible acceder a espacios de sus propias vidas pero sólo en la medida en que ellos así lo deseen. No creo en el travestismo epistemológico; por ejemplo, que si voy a trabajar con un sindicato o una curtiembre del norte de Montevideo, deba disfrazarme de obrera y hablar como obrera. Eso sería menospreciar a la gente, a los obreros y a la población que se investiga. Yo soy yo, con mi historia, mi cuerpo y mi forma de hablar. Es importante decir esto, porque uno de los principios de la sociología clínica es la actitud ética ante el otro; saber por qué y para qué hago estas historias de vida, quién soy yo, qué institución me financia y adónde va la investigación que realizo. Explicitar, desde el comienzo “el encuadre” de la misma. Cuento una anécdota: tras publicarse mi penúltimo libro –Impactos del desempleo – Transformaciones en la subjetividad– que junto a trabajos míos incluye los de un equipo que dirigí, organizamos en la Facultad de Psicología el Coloquio Trabajo-No Trabajo con sociólogos, psicólogos, economistas, abogados, asesores de nuestra investigación, parlamentarios y dirigentes sindicales, así como desempleados de varias fábricas. Habíamos interactuado mucho –incluso en asambleas y en las casas, conversando con sus hijos adolescentes– con los ex obreros de una antigua curtiembre de Nuevo París, un barrio al norte de la ciudad; la empresa había cerrado pero ellos se reunían allí en ocupación permanente para intentar continuar con el trabajo y autogestionarse…; sentían que les iba en ello sus vidas e identidades. Cuando el Coloquio, volvimos a verlos para pedirles participar: tenían muchísimo que decir. Rompieron el miedo y aceptaron felices. Como sabíamos que no tenían dinero para pagar dos ómnibus de ida y dos de vuelta, ofrecimos pagárselos. Nos miraron enojados: “Pero no, compañeros. Venimos viendo todo esto juntos, ¿no? Porque pueden ayudarnos. Y para que esto se denuncie y se difunda. ¿Y ahora nos van a pagar el pasaje? Nosotros lo pagamos. ¡Es un orgullo estar con ustedes ese día, que les quede claro!”. Emocionalmente fue muy fuerte, y ratifica cuán importante es establecer un vínculo mutuo. Y va a lo del travestismo: una sigue siendo una misma, ni obrera desocupada, ni prostituta, ni mujer golpeada.

–¿Cómo se da el primer contacto con los pobladores?

–Para acceder a una población se trabaja con lo que en sociología se llama “informantes calificados”. Ellos nos habilitan y abren las puertas a la dimensión social-simbólica de esa comunidad. Cuando empezamos a trabajar con los obreros de la cervecería Norteña, en Paysandú –otro enclave muy frecuente de nuestra actividad–, expulsados de sus puestos tras ser comprada por la transnacional belga Ambev, una de las más fuertes en muchos países en el rubro bebidas, fuimos a ver a algunos obreros que conocían el tema; a quienes además conocíamos y que estaban llevando adelante la lucha. Eran los más “capacitados” para introducirnos en ese universo simbólico y real. El informante calificado puede ser un sindicalista, un historiador, un maestro, incluso el intendente, o un obrero común que conozca a fondo la situación. Ellos nos desbrozan el camino hacia aquellos con los que haremos, sí, las historias de vida.

–Son los nexos o dialogantes primeros…

–Así es. Ultimamente veíamos que nos faltaban elementos históricos para comprender algunas cosas. Y ahí echamos mano a la bibliografía pero también al referente –un historiador, en este caso de la ciudad de Salto donde trabajamos sobre todo con las cortadoras de naranja–, lo que nos posibilitó dar un marco referencial a las historias de vida. Y articular la historia personal con la colectiva.

–¿Y hasta qué punto esa gente les abre su intimidad?

–La historia de vida tiene distintos soportes metodológicos que es importante desarrollar juntamente con el entrevistado. Tratamos de trabajar en las casas, pero no necesariamente a través de una investigación participante. Ahondamos, por ejemplo, en la historia y el “árbol genealógico”, “el proyecto parental”, las “novelas familiares”, la “trayectoria socio-laboral”, etc. Quizás lo más relevante de toda esta orientación sea la importancia que para nosotros tiene la investigación y su implicación en la realidad social. No concebimos una investigación sin una incidencia en la transformación del contexto sociopolítico que nos rodea. La sociología clínica es una epistemología para la acción, basada en el vínculo teórico entre el campo de lo inconsciente y el social-histórico y en la relevancia dada a lo simbólico y cultural.

Setiembre de 2003, Centro Cultural de la Cooperación, Buenos Aires. Acto de la revista Trilce a 30 años del golpe militar en Chile. Izq. a der: León Rozitchner, Ana M. Araújo, Fernando Quilodrán, Omar Lara, Jorge Ariel Madrazo y Juano Villafañe, de la dirección del CCC.
Estos últimos años, en Uruguay, con mi equipo constituido por colegas de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República –en el cual hay gente formada en filosofía y sociología así como psicólogos y antropólogos–, trabajamos especialmente el tema del desempleo. Manejamos, es claro, datos concretos y estadísticos sobre Montevideo y el litoral norte: Salto y Paysandú. Pero lo que más nos importa son las transformaciones en la subjetividad y la vida cotidiana de los seres que están viviendo esta realidad. La sociología clínica nos aporta, en este sentido, una riquísima batería metodológica: desplegamos historias de vida en profundidad, dándole la palabra a los actores sociales; y a la vez, tratando de implicarnos con la vivencia “del otro” aunque resguardando la necesaria distancia para, al mismo tiempo, hacer teoría. Mantener nuestro rol de intelectuales, pero junto y con la población donde estamos trabajando.

Fuimos a trabajar asimismo en barrios carenciados de Montevideo, como Nuevo París o La Teja o El Cerro, con obreros de fábricas vaciadas, elaborando juntos lo que significó su trayectoria laboral, social, familiar.

Esto, ante todo, inyecta una dinámica fundamental para tratar de evitar el aislamiento y generar grupos de reflexión, a través de los cuales se verifica una doble incidencia: en un sentido, el trabajo nos es devuelto a nosotros; porque lo que allí se elabore va a ser un insumo importantísimo de nuestra labor. Pero también repercute sobre el grupo mismo través de la ruptura del aislamiento y de la creación de grupos de desempleados donde interactuamos a la vez sobre la autoestima, los sentimientos de culpa y de vergüenza: eso de sentirse, en algún lugar, impotentes frente a su realidad. El hecho mismo de colectivizar y poner en común lo que se está viviendo a nivel subjetivo, ayuda a verse no como víctimas solitarias sino como producto de una injusticia social a nivel macro. A emerger de una posible cadena de derrumbe en la depresión y la apatía, y muchas veces incluso en la marginalidad y la exclusión.

Esto generó, por parte de algunos sindicatos de trabajadores, la demanda de que nuestro equipo acudiera para realizar un seguimiento y apoyo concretos en circunstancias en las que existió y existe la posibilidad de cierres de fábricas, durante huelgas muy fuertes que hubo y hay en mi país. Esperaban de nosotros –desde la universidad pero conjuntamente con los trabajadores– una labor de sostén, visualización y racionalización de lo que están viviendo y que ellos conocen mejor que nadie. También, claro está, con el fin de aportar una elaboración y una síntesis que posibilitara co–elaborar posibles estrategias de salida. Y de acción.

Tal demanda por parte de sindicatos con una intensa experiencia es muy interesante: muestra que la función sindical no es sólo la de luchar por reivindicaciones concretas y de resguardo de los puestos de trabajo, sino que apunta también a una integración social-cultural. Esta fue, por ejemplo, una de las demandas de la directiva del sindicato de Norteña, comprada, se ha dicho, por Ambev. Cuando Ambev se adueña de la planta en Paysandú, los trabajadores de ese sindicato hicieron una doble demanda: por un lado, el sostén psicosocial, comprendiendo que la lucha concreta debe articularse paralelamente con un trabajo a nivel del individuo y del grupo familiar. Por otro lado, justamente, realizarlo con las familias y en particular las mujeres. Algo de gran significación: cuando la mujer está involucrada en la lucha sindical (aun sin formar parte en este caso particular del sindicato, fundamentalmente masculino), ello posibilita llevar adelante una acción mucho más integral. En Paysandú también trabajamos con otros sindicatos. Es una de las primeras ciudades industriales más importantes del país. Y en estos últimos quince años ha sufrido una crisis feroz, producto de las políticas económicas actuales y de la ruptura de la cadena agro-industrial-comercial de la zona. Paysandú es vivida, en el imaginario social de la sociedad uruguaya toda, como un ciudad paradigmática, heroica, en las luchas por la autonomía e independencia. Lo ha sido ya desde 1864-65, cuando en el célebre sitio de Paysandú murieron 600 hombres resistiendo a las invasiones brasileras por una parte, y de otra los ataques del gobierno capitalino montevideano y de los barcos de guerra ingleses y franceses.

En su estudio, Montevideo.
Otro tanto ocurre en Salto y en la frontera con Artigas, un espacio también emblemático y donde existe una situación de características semifeudales en el trato patrón–trabajador rural.

A través de nuestra investigación fuimos introduciéndonos en ese mundo del Uruguay del Norte, donde ciudades de 30 mil o 40 mil habitantes desaparecieron en su mayor parte; donde familias enteras que se dedicaban a la caña de azúcar quedaron desempleadas tras el cierre de Ancap. Esto implicó para nosotros un fecundo aprendizaje.

Al tiempo que trabajamos, entonces, sobre el hecho puntual del desempleo hoy y aquí, estamos reconstruyendo la memoria colectiva de un pueblo, de una ciudad, de una comunidad; y este tipo de labor es uno de los rasgos que caracterizan a la sociología clínica.

Hace muchos años, en la Introducción a mi primer libro, cité una frase de Octavio Paz: “La conquista de un futuro implica siempre la reconquista de un pasado”. De allí nuestra preocupación por interconectar y articular la historia, la sociología y la psicología. Incluso, en la comunidad global.

–¿Qué tipo de labor realiza, con su equipo, en mancomún con otras entidades del país o del exterior?

–A través de los tres pilares de la Universidad de la República: la docencia, la investigación y la extensión, la Comisión Central de Extensión viene financiando desde hace varios años nuestro trabajo en dichas zonas. E importa señalar que en el ámbito de la Junta Nacional del Empleo, constituida por la representación de los trabajadores a nivel central –el PIT-CNT– así como por los delegados de la asociación empresarial y del gobierno, hemos mantenido fluidos contactos con los representantes de los trabajadores. A partir de eso estamos elaborando un programa nacional para instituir Centros de Atención y Apoyo a los desempleados, tanto en lo psicosocial como en lo jurídico, ya que en la jurisprudencia hay una gran laguna en lo relativo al nuevo tipo de desempleo y también respecto del trabajo precario o informal, la flexibilización y desregulación del trabajo. Otra faceta básica es la económico-financiera: cómo generar posibilidades sobre la base de cooperativas y de creación de pequeñas empresas, con el debido asesoramiento. Veremos qué sucede con este programa, en el que estamos trabajando pero que debe tener un respaldo e impulso a nivel nacional.

Paralelamente, durante cierto tiempo hemos sido consultores de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, en lo que se refiere al ya citado –y esencial– apoyo psicosocial al trabajador desempleado.

Al cabo de la entrevista queda impresa con fuerza, en el grabador y en la conciencia, la propuesta activa de Ana María Araújo: “Romper los círculos del poder disciplinario, del poder del discurso y del poder de la ‘Magna Ciencia’, para cuestionar –y cuestionarnos– permanentemente. Para apostar a la esperanza y al cambio”.

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2 Respuestas a “La Sociologìa Clìnica – Entrevista a la Dra Ana Ma. Araujo.

  1. gloria Helena aldana garcia

    agosto 19, 2013 at 7:42 pm

    excelente entrevista me enseño muchísimo
    muchas gracias

     
    • EQUIPO DE NEUROCIENCIAS

      agosto 19, 2013 at 8:24 pm

      Estimada Gloria, me alegro tu interès por esta publicaciòn de la entrevista a la Dra Araujo, ella fue mi profesora de Psicologìa Social cuando cursè la Lic de Psicologìa y con ese exàmen me graduè, asi que la recuerdo especialmente, tanto por su nivel profesional como por su caracteristicas personales de compromiso con la tarea docente y con la sociedad en general.
      La sociologia clinica es aùn poco conocida e implementada en America Latina como metodo de trabajo que articula las dimensiones sociales y la subjetividad, a medida que me compenetro con su marco teòrico me voy enamorando màs y estoy trabjaando en una tesis sobre el tema. Si puedo aportarte algun otro material que te interese, escribeme a mi email iinnuar@gmail.com . Saludos . Silvia.

       

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