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FOUCAULT – BOURDIEU Algunas nociones sobre el Poder…

08 Jul

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Algunos conceptos sobre “el poder” en Michel Foucault y Pierre Bourdieu
Mikaela Roel Pérez

mikaelaroelperez@hotmail.com


Algunos conceptos sobre “el poder” en Michel Foucault y Pierre Bourdieu.

Estos pensadores franceses contemporáneos, quienes indudablemente marcan la línea de pensamiento actual, han abordado diferentes aspectos sobre los que rige la sociedad actual. Uno de estos elementos, prioritario en la manera actual de conformación social, es el poder. Tanto P.Bourdieu como M.Foucault, analizan el poder como eje de funcionamiento, pero cada uno con matices diferentes.

El pensamiento de Michel Foucault.

En sus reflexiones sobre el poder, Michel Foucault se centra en el estudio de la historia de lo que somos y en lo que nos vamos transformando, para lo cual investigó archivos, legajos y documentos, en los que intenta develar cómo, en cada época, las instituciones y las normas influyen y modifican a los individuos.

Foucault piensa el poder como una trama extendida en toda la sociedad, que involucra a todos los individuos y de la que nadie es ajeno. Dice Foucault: “En todo lugar hay poder, el poder se ejerce, nadie es su dueño o poseedor, sin embargo sabemos que se ejerce en una determinada dirección, no sabemos quién lo tiene, sabemos quién no lo tiene”

El poder tiene un gran espacio en el que se manifiesta y da lugar a distintas formas de represión, con lo que cualquier enfrentamiento con el poder aparece como transgresión. En su libro “Microfísica del poder”, Foucault determina un momento central en la historia de la represión: el paso del castigo a la vigilancia. Dice Foucault: “el momento en el que se ha percibido que era, para la economía del poder, más eficaz y más rentable vigilar que castigar”.

Habla del poder en su forma capilar de existencia; el poder se encuentra, entonces, en el núcleo de los individuos y alcanza su cuerpo, sus gestos, sus actitudes, sus discursos y su aprendizaje. Es decir que está presente en la vida cotidiana de los mismos.

Foucault ha señalado a lo largo de su obra que su objetivo no se remitía a analizar el Poder con mayúsculas, ni siquiera las instituciones de poder o las formas generales o institucionales de dominación, sino en estudiar las técnicas y los procedimientos por cuyo intermedio se pretende conducir la conducta de los otros: “sustituir la historia de las dominaciones por el análisis histórico de los procedimientos de gubernamentalidad”. Foucault intenta descubrir  las “tecnologías” que permiten una economía del ejercicio del poder, que lo hacen más efectivo. Intenta plantear la cuestión de la norma de comportamiento en términos “ante todo de poder, y de poder que se ejerce, y analizar ese poder que se ejerce como un campo de procedimientos de gobierno”.

Foucault contrasta la reclusión del siglo XVIII, que excluye a los individuos del circulo social,  con la que aparece en el siglo XIX, donde las instituciones como fábricas, escuelas, hospitales, prisiones, tienen por función ligar a los individuos a un aparato de corrección y normalización, si bien es sabido que los efectos terminan siendo los contrarios. En el siglo XIX aparecen una serie de instituciones más flexibles; las cuales no queda claro si forman o no parte del Estado, Foucault las denomina:  una “red institucional de secuestro infra-estatal”. De todas formas lo importante para el análisis son las funciones de ese aparato general de secuestro, una red en la que queda encerrada nuestra existencia.

La función de estas instituciones, ya sean pedagógicas, médicas, penales e industriales, sería la de contemplar el control, la explotación de la totalidad del tiempo de los individuos: son instituciones que se encargan de la dimensión temporal de la vida de los individuos.

En la sociedad feudal, por ejemplo, el control de los individuos se realiza a partir de la inserción local, por el hecho de que pertenecen a un determinado lugar. El poder feudal se ejerce sobre hombres que pertenecen a cierta tierra, así la inscripción geográfica es un medio de ejercicio del poder. En la sociedad moderna no interesa tanto el control espacial, como sí es fundamental que los hombres  inviertan su tiempo en beneficio de ella. El tiempo de los hombres se tiene que ajustar al aparato de producción. Así, el tiempo de los hombres es llevado al mercado y ofrecido a los compradores que lo cambiarán por un salario y ese tiempo de existencia del hombre, debe convertirse en tiempo de trabajo.

Otra función de estas instituciones de secuestro consiste en controlar los cuerpos de los individuos. Cuando Foucault dice: “el poder atraviesa los cuerpos” , plantea que si analizamos de cerca las razones por las que la existencia de los individuos es controlada por estas instituciones, veríamos que en esencia se trata de una apropiación de la máxima cantidad de tiempo y a su vez, controlar, formar, valorizar, según un sistema determinado, los cuerpos de los individuos.

Una tercera función de estas instituciones se relaciona con la creación de un nuevo tipo de poder: Un poder polimorfo, polivalente, en algunos casos como en la fábrica, un poder económico;  por otro lado, en todas estas instituciones rige también un poder que no sólo es económico, sino también político.

En estas instituciones se dan ordenes, se toman decisiones y se garantizan funciones como la producción o el aprendizaje, pero a su vez hay quienes tienen el derecho de castigar y recompensar; dice Foucault: “el micro-poder que funciona en el interior de estas instituciones es al mismo tiempo un poder judicial”.

Foucault considera que el poder siempre opera acompañado por una resistencia, y concibe la resistencia como parte del poder, no como algo que se opone a éste.

El poder no es algo inmutable, es una dinámica constante, una relación de fuerzas que atraviesa toda la sociedad, la constituye y transforma a la vez.

 

 

 

 

 

El pensamiento de Pierre Bourdieu.

 

Por su parte, Bourdieu ha producido una extensa obra en la que se esfuerza por develar lo que el sentido común calla y oculta, la tarea consistía para él en descubrir el orden social que se esconde tras el orden simbólico. En este sentido, Bourdieu entiende la sociología como una “ciencia de lo oculto”, que trata de poner en evidencia, dar visibilidad a los presupuestos tácitos, las naturalizaciones, que bajo apariencias de inevitabilidad se entretejen en el entramado del espacio social.

Una de estas nociones centrales en el pensamiento de Bourdieu es la de espacio social, el cual se constituye como un conjunto de relaciones o sistema de posiciones sociales que se definen, unas en relación con las otras.

Otra de las herramientas conceptuales de Bourdieu es la de “campo social”, noción que alude a un “espacio social específico”, en el que las relaciones se definen de acuerdo a un tipo de “capital”; que puede ser cultural, económico o simbólico. Dicho capital permite acceder a tomas de posición en uno u otro campo; pero, sobre todo, consolida el habitus”, que según Bourdieu “puede funcionar como capital”.

El análisis del campo social implica tres momentos, para Bourdieu:

En primer lugar, la posición del campo social en relación al campo del poder.

En segunda instancia, establecer la estructura objetiva de relaciones entre las posiciones ocupadas por los agentes o las instituciones que están en concurrencia en ese campo.

Por último se trata de “analizar los “habitus” de los agentes sociales, los diferentes sistemas de disposiciones que han adquirido a través de la interiorización de un tipo determinado de condiciones sociales y económicas y que encuentran en una trayectoria definida en el interior del campo, considerado una ocasión más o menos favorable para actualizarlo”.

En su libro “La Nobleza de Estado”, Bourdieu define el campo del poder como un campo de fuerzas y a la vez un campo de luchas. El campo del poder es un campo de fuerzas que está definido en su estructura por el estado de la relación de fuerzas entre formas de poder o diferentes tipos de capital.

Los agentes e instituciones que poseen determinada cantidad de capital específico, como el económico o cultural, utilizan diversas estrategias para transformar la relación de fuerzas que los lleva a ocupar posiciones dominantes en sus respectivos campos.

Los distintos tipos de capital son poderes específicos que accionan tanto en el campo de fuerzas como en el de las luchas.

La percepción estructural del campo del poder permite descubrir que cada uno de los campos que éste engloba, se organiza según una estructura homóloga a la suya; en un polo, con las posiciones dominantes económicamente y dominadas culturalmente; en el otro, con las posiciones dominantes culturalmente y dominadas económicamente.

El campo de poder es el campo donde se encuentran y enfrentan los que detentan diferentes poderes o especies de capital, que luchan por imponer el “principio de dominación dominante” o el “principio legítimo de dominación” intentando hacer valer “su poder” como el capital dominante en el conjunto de los campos sociales.

La noción del campo del poder permite ir más allá de la idea de la clase dominante para entender la relación de dominación.

Las relaciones de dominación en una sociedad o espacio social, son fijadas por la estructura de distribución de ese campo del poder en el que luchan quienes ocupan las posiciones de dominación y no es simplemente efecto directo de la acción ejercida por un conjunto de agentes.

Bourdieu sostiene que las relaciones de comunicación son siempre relaciones de poder, dependientes en su forma y en su contenido, del poder material o simbólico acumulado por los agentes o las instituciones implicados en esas relaciones.

Es en tanto que instrumentos estructurados y estructurantes de comunicación y conocimiento, como los “sistemas simbólicos”, cumplen su función política de instrumentos de imposición o de legitimación de la dominación y de ese modo contribuyen a asegurar la dominación, suministrando el refuerzo de su propia fuerza a las relaciones de fuerza que los fundan y contribuyendo así, como lo señalaba Weber, a la “domesticación de los dominados”.

El poder simbólico sólo se ejerce si es reconocido, o sea desconocido como arbitrario, por lo cual este poder no reside en los sistemas simbólicos sino que se define en y por una relación determinada entre quienes ejercen el poder y quienes lo sufren, es decir, en la estructura misma del campo donde se produce y reproduce la creencia. Señala Bourdieu que “lo que genera el poder de las palabras y las palabras de orden, el poder de mantener el orden o de subvertirlo, es la creencia en la legitimidad de las palabras y de quien las pronuncia”.

El poder simbólico es una forma irreconocible, transfigurada y legitimada, de otras formas de poder que implican la transmutación de las diferentes especies de capital, en capital simbólico, transformando las relaciones de fuerza en poder simbólico, capaz de producir efectos reales.

Convergencias y divergencias en las perspectivas de Foucault y Bourdieu.

De las lecturas de algunas de sus obras, podemos observar que ambos autores están preocupados respecto a las formas de generación, expresión y reproducción del poder en el mundo social.

En la obra de Foucault la idea de un poder que se ejerce de forma invisible y anónima, se puede relacionar a la concepción de Bourdieu del poder de la violencia simbólica.

Foucault define al poder como una relación de fuerzas, apunta a producir una develación de la temática, vinculando poder y saber; para ello ha hecho un profundo y extenso recorrido por las formas de poder que se ponen en juego respecto a la producción de saberes en torno a la salud y en torno al cuerpo y en cómo han evolucionado las formas de disciplinamiento que culminan con su enunciado: “el poder atraviesa los cuerpos”.

Bourdieu, por su parte, dedica la mayor parte de su obra a desarrollar herramientas de análisis para dar cuenta de las formas en que el poder atraviesa todas nuestras prácticas sociales.

Para Bourdieu, el poder es una presencia ineludible y éste aparece como un enfrentamiento: “todo poder de violencia simbólica, o sea, todo poder que logra imponer significados e imponerse como legítimo disimulando las relaciones de fuerza en que se funda su propia fuerza, añade su fuerza propia, es decir, propiamente simbólica, a esas relaciones de fuerza”.

Ambos autores coinciden en que el poder es una relación de fuerzas, la imposición de unos sobre otros, estableciendo una arbitrariedad y ligando así a los individuos, imponiendo significados legítimos. Se pasa de relaciones donde la dominación es clara a relaciones legítimas de dominación.

A través de sus respectivas investigaciones, ambos tenían como objetivo común indagar cómo los discursos, en especial el discurso científico, ejerce efectos de poder sobre determinadas prácticas instauradas socialmente.

La perspectiva sociológica de Bourdieu, enmarcada dentro de lo que se denomina sociología de la cultura, analiza el poder simbólico y la violencia simbólica. Acentúa que “lo real es relacional” y por lo tanto, toda relación social funciona como relación de fuerza o de poder. Será especialmente en el campo científico, dice Bourdieu, como campo de producción simbólica que el poder y las prácticas de violencia simbólica juegan un papel fundamental. Pues los sistemas simbólicos, cumplen la función política de instrumentos de legitimación de la dominación, que contribuye a asegurar la dominación a través de su poder propiamente simbólico, y que se ejercerá sólo en la medida que sea reconocido, legitimado. La particularidad de este poder simbólico, es que genera y legitima una cosmovisión del mundo, categorías que brindan pautas para percibir las cosas desde determinada perspectiva; la lucha por el poder, implicará entonces una lucha por detentar la cosmovisión dominante.

Ambos autores centran al poder como eje rector de sus análisis críticos del campo científico. Examinan el comportamiento político de una sociedad atravesado por una práctica discursiva determinada y descriptible. Por un lado para Foucault la relación entre poder y saber se centra en los efectos del poder que circulan en los enunciados científicos. Por su parte Bourdieu plantea que la lucha política es una lucha cognitiva, tanto practica como teórica, librada por el poder de imponer la visión legitima del mundo social.

Bourdieu sostiene que la razón contiene en si la virtualidad de un abuso de poder que cuando es producida en los campos de producción simbólica basados en la “escuela”, se involucran objetivamente en la labor de dominación . Esa virtualidad funcionar como capital simbólico que a su vez funciona como instrumento de dominación y legitimación.

Ambos concuerdan en que el poder atraviesa a toda la sociedad, y a medida que se va autolegitimando, también se va institucionalizando.

Para Bourdieu, la institucionalización “es una economización del ejercicio del poder”. Observa en la institucionalización algo similar a lo que observa Foucault con respecto a las tecnologías disciplinarias: el valor social se desarticula y la autoridad se diluye.

La disciplina, como técnica racional de dominación, se ejerce por medio de las instituciones, tanto en las escuelas como en las fábricas se utilizan los mismos mecanismos para lograr el efecto normalizador. Pero además Bourdieu considera que el mismo “habitus” funciona como “estructura estructurante”, es decir como principio de generación y estructuración de prácticas y representaciones que pueden ser objetivamente “reguladas” y “regulares” sin que esto sea el producto de obediencia a reglas.

Bibliografía.

Foucault, M – Microfísica del poder. Ediciones de La Piqueta. Madrid, 1992.

Foucault, M – La verdad y las formas jurídicas. Gedisa Editorial. Barcelona, 2003.

Foucault, M – Vigilar y castigar. Siglo XXI. Buenos Aires, 2008.

Bourdieu, P –  La nobleza de Estado. Educación de elite y espíritu de cuerpo. Siglo XXI. Buenos Aires, 2013.

Bourdieu, P –  Razones prácticas. Sobre una teoría de la acción. Editions de Seuil. Paris, 1994.

Bourdieu, P – Poder, derecho y clases sociales. Descelée de Brouwer. Bilbao, 2001.

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2 Respuestas a “FOUCAULT – BOURDIEU Algunas nociones sobre el Poder…

  1. cubayaranga

    junio 3, 2014 at 8:41 pm

    Muy interesante…me ayudo a refrescar algunas ideas ahora que trabajo en una mezcla de Derechos Humanos y Neurociencia…gracias…

     

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