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PUBERTAD Y ADOLESCENCIA.

04 Sep

“El  crepitar de los fuegos sagrados”

En latín la palabra adolescentia, proviene del verbo adolesco, que no deriva de ad y doleo como se sostuvo bastante tiempo,  haciendo de esta palabra un sinónimo de doler, padecer,  sino de ad y oleo y su incoativo olesco. Este verbo expresa la idea de “el crepitar de los fuegos sagrados; los que llevan y transmiten el fuego; el crecer, desarrollarse, desenvolverse la razón, el ardor”. Los romanos, le daban el significado: “el que porta el fuego de la vida nueva”.

La pubertad y la adolescencia son los periodos de la vida que van preparando al niño para enfrentarse a una serie de cambios fisiológicos y psicológicos que lo irán introduciendo paso a paso en el mundo adulto.

Alrededor de los 11, 12 años, los niños se enfrentan a una  acelerada modificación de su talla y peso, a la aparición de los caracteres sexuales secundarios, y el progresivo crecimiento de los huesos largos.

A consecuencia de estas transformaciones, el púber debe reajustar la imagen que tiene de si mismo, enfrentándose a su propio cuerpo que de pronto se le presenta con un aspecto insólito debido al rápido crecimiento físico.

“El que quiere nacer tiene que destruir un mundo” 

DEMIAN – Herman Hesse.

 

El crecimiento aparece como una cosa invasora, extraña y que sobreviene abruptamente y no de un modo continuo y progresivo, que  le de tiempo a procesar lo que esta pasando.

Pero las angustias del cambio corporal están relacionadas con las angustias del desarrollo sexual.

La diferenciación del esquema corporal no está aun lograda, y los púberes pasan por diferentes crisis internas acerca de su Identidad,  quien soy?  ¿Qué soy?

 

“Quería tan solo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mi ¡Por qué habría de serme tan difícil! ” 

 

Estas angustias se traducen a veces ante los adultos como irritabilidad, oposicionismo, llantos inmotivados, trastornos en la alimentación, berrinches, verbalizaciones de aburrimiento, de cansancio.

Asi como las hormonas van modelando la figura externa, también producen cambios en lo interno que sumen mucha s veces a los chicos en una sensación de confusión, que se ve reflejada en su vida diaria.

Desde la mirada paterna, “está insoportable”, “es vago”, “se hace el vivo”, “para evitar responsabilidades dice que es muy chico todavía, que no puede…pero para otras cosas se hace el grande”.

A pesar de todo esto, y de lo difícil que resulta para los padres a veces poder “bancar” estos procesos de sus hijos, poder decodificar que hacen, que dicen, poder acercarse a ellos a través de una charla, o de compartir actividades, esta etapa es fundamental y  es la más favorable para comunicarse.

Aunque el lector padre o madre piense: “es fácil decirlo, pero más difícil hacerlo”, los púberes establecen una comunicación más directa que los adolescentes, aceptan mucho mas la dependencia infantil, no apareciendo tan obstinada la rebeldía y la desconfianza tan características de aquellos; es fundamental prestar atención a esta etapa, no perder este momento previo a la adolescencia para “hacer contacto” con los chicos.

El adolescente (hablamos de los chicos entre 13 y 17 años), interpone una barrera entre ellos y el adulto, ya sean, docente, terapeuta, familiares, una barrera que hace más difícil conocer que piensan, que sienten, esto hace que sea mucho más favorable pensar en un tratamiento psicoterapéutico en los casos que sea necesario con los grupos de púberes.

Los padres en especial viven con mucha angustia esa barrera, que por momentos se vuelve una especie de agujero negro, sabemos que ahí dentro hay energía, hay “algo”, pero cuando nos acercamos hacia ellos, nos sentimos destruidos, heridos, fagocitados por sus demandas, por sus verbalizaciones de rechazo, o por sus actitudes de indiferencia.

Los padres también experimentan mucha culpa en esta etapa, se atribuyen “la mala onda” de sus hijos a acciones realizadas por ellos, a sus ausencias debido a los compromisos laborales, a lo no hecho, a no haber estado en la circunstancia justa, a las separaciones y divorcios, entre otros.

También aparecen síntomas de depresión en algunos padres, en especial en las madres, que se sienten desbordadas por la angustia que les genera este “no poder llegar” a su hijo-hija que está creciendo y va estableciendo una distancia mayor en el vinculo con ella.

Los padres muchas veces dicen que el chico desestabiliza la familia, pero en especial en la consulta, vemos como una familia puede desestabilizar al niño que esta transitando esta etapa.

Las situaciones de vida por las que hayan transitado estos niños, ahora púberes, ahora adolescentes, van dejando determinadas huellas que  iran conformando modelos actitudinales, formas de responder a determinados problemas que se les presenten, formas de abordar la afectividad, la pareja, el trabajo futuro, y sus vínculos en general. Autores como Peter Blos, hablan de los “nutrientes sociales y sensoriales” , los sistemas de valores, las normas, la simbolizaciones compartidas, que son imprescindibles para lograr un funcionamiento orgánico y psíquico optimo.

Pero existe un proceso de “ajuste” entre el mundo interno del la persona, su self, y el entorno una pauta de interacción que poco a apoco va conformando la individualidad y la singularidad personal.

La autonomía psíquica y la madurez emocional se logran merced al uso selectivo que hace el niño y el adolescente de sus particulares elementos ambientales y constitucionales dados, que con el tiempo configuran pautas adaptativas peculiares.

Además, la agitación psicológica característica de los años adolescentes produce inevitablemente cambios significativos en el sentimiento del self, cambios que se convierten en parte permanentes de la representación de uno mismo.

No lo olvide, comunicación franca, honesta, no haga a sus hijos lo que no quisiera que ellos le hagan a Ud.

Recuerde que los hijos aprenden mucho más de lo que ven, del ejemplo, que de lo que se les dice.

La adolescencia, no tiene necesariamente que ser una etapa para sufrirla, si los padres se “preparan” adecuadamente, puede ser una etapa donde descubra aspectos de su hijo y propios que pueden llegar a ser muy disfrutables.

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