Los niños con diagnostico de TDAH, presentan un nivel intelectual dentro del promedio poblacional, lo que implica que no tendría que tener inconvenientes para adquirir los aprendizajes necesarios acorde a su edad y grado escolar.
No obstante, debido a su elevado nivel de desatención, desmotivación hacia las tareas escolares en general y su impulsividad y necesidad constante de “estar haciendo algo”, presenta consecuencias en su rendimiento escolar.
Esta conducta se viene manifestando desde muy pequeño, y sus papás lo han atendido adecuadamente sin embargo no han encontrado solución para poder modificar esta conducta y actitud del niño que no solo genera “desacomodos” en el medio familiar, sino también en el social y escolar.
Le ha costado sin duda y le cuesta llevar el ritmo del grupo en el aula, se dispersa , habla en momentos que no corresponde, molesta a sus compañeros o asume una conducta oposicionista ante la tarea. De este modo, queda como “desconectado” de lo que se da en clase, situación que también se constató en la clínica, ante las consignas de la pruebas de la Batería Neuropsicológica aplicada. Con frecuencia, era necesario repetirle dos o tres veces la consigna de la tarea a realizar, la pregunta en un subtest de información general, o la situación problemática a resolver.
En la pruebas de evaluación de conocimientos generales, así como de lengua y matemática, se observo un nivel descendido respecto a lo esperado para un niño que comienza a cursar 2do grado. Se le aplico una batería psicopedagógica que evaluaba los conocimientos necesarios para aprobar un primer grado, y estos nos fueron alcanzados en su totalidad en ninguna de las áreas exploradas.
A causa de los principales síntomas del TDAH los niños que lo padecen suelen presentar dificultades en todas aquellas tareas que requieran una atención sostenida, así como en las actividades en las que sea preciso memorizar material para su posterior recuperación. Al niño hiperactivo le cuesta trabajo seleccionar, filtrar de entre toda la estimulación que le llega, cual es la más importante en cada momento, a cual debe atender y cual puede obviar, esto hace que incurra en muchos errores.
Por otro lado, y como consecuencia también de las alteraciones neurofisiológicas de este síndrome, se puede quedar fijado en un detalle trivial, que logra captar su atención durante un largo tiempo, o incluso obsesionarle.
Cuando las tareas requieren mayor capacidad de abstracción es posible que se complique aun mas. El razonamiento abstracto exige no solo prestar atención, sino manejar mentalmente una serie de datos, operar con ellos y buscar una respuesta. Para el niño hiperactivo este proceso resulta, en la mayor parte de los casos, sencillamente imposible, ya que le requiere poner en marcha precisamente aquellos procesos para los que está menos preparado. En su “almacén de datos” la información sólo se mantiene un tiempo corto y debe salir inmediatamente para permitir la entrada de nueva información de manera continua. Esto provoca que su memoria a corto plazo sea algo deficiente, gran inconveniente de cara a las tareas escolares más habituales. No ocurre lo mismo con la memoria a largo plazo, que suele estar muy bien desarrollada: al estos niños quizás le cuesta mucho recordar lo que ha sucedido tan solo unos momentos antes, pero si la información pasa al almacén a largo plazo (bien porque el material se repita con frecuencia o porque sea de gran interés para él podrá retenerla por mas tiempo).
¿De qué modo promueven las conductas características del trastorno de hiperactividad y déficit atencional las estructuras cerebrales y los defectos genéticos que se van encontrando? La raíz parece estribar en el deterioro de la inhibición conductual y del autocontrol según Barkley,R. que viene estudiando este tema desde hace varios años.
El autocontrol, la capacidad de inhibir o frenar las repuestas a un estímulo es una función crucial para la realización de cualquier tarea. La mayoría de los niños conforme van creciendo, adquieren la capacidad de poner en práctica las funciones ejecutivas, actividades mentales que les ayudan a apartar las distracciones, fijarse unas metas y dar los pasos para alcanzarlas.
En los primeros años, estas funciones ejecutivas se exhiben al exterior, los niños hablan en voz alta mientras juegan y hacen las actividades. A medida que crecen van interiorizando estas funciones ejecutivas desapareciendo las verbalizaciones.
Las funciones ejecutivas pueden agruparse en cuatro actividades mentales:
1. La memoria operativa, tener en mente la información mientras se trabaja en una tarea.
2. La interiorización del habla, que permite a uno pensar para sí, seguir reglas e instrucciones.
3. El control de las emociones, la motivación y el estado de alerta, que ayuda a conseguir metas y diferir las emociones que nos interfieren.
4. La función de la reconstitución que nos ayuda a ser flexibles y creativos al fragmentar las conductas observadas y volver a combinarlas en nuevas acciones.
Según las investigaciones más recientes, debido a causas genéticas, los niños TDHA no adquieren estas capacidades y en consecuencia despliegan un comportamiento y un habla excesivamente “públicos” No son capaces de guiarse por instrucciones internas, ni de modificar su comportamiento.
Su memoria operativa o “buffer” para almacenar información que deberá utilizar en otra instancia o paso de la misma tarea que realiza es muy lábil, debido sin duda a su dificultad en prestar atención, y eso hace que se quede con información fragmentada, que escuche solo parte de una consigna, y por lo tanto obtenga resultados negativos a la hora de resolver la tarea.
Inhibir, o controlar sus impulsos le resulta muy difícil, porque no ha madurado convenientemente el soporte de circuitos neurológicos que le permiten adquirir este autocontrol, de modo que podemos observar de acuerdo a lo informado por la maestra, pero también a lo que cuenta el propio Lucas, que no puede contenerse de molestar a otros niños, que no quiere ir a la escuela, que no quiere acatar la pauta del trabajo grupal, que no quiere jugar con los demás porque lo pelean.
Esta es una patología de origen neurobiológico, que no “se cura” sola, ni con los años ni la maduración, requiere de tratamientos especializados de reeducación de las funciones cerebrales alteradas, y en muchos casos, de medicación psico-estimulante que logre mejorar sus niveles de atención y que debe ser solamente indicada y controlada por un neurólogo o psiquiatra de niños. Obviamente, la medicación logra estabilizar los niveles de atención del niño y mejora su control de impulsos y su toma de decisiones, pero no alcanza para que adquiera los conocimientos de base , que por diversas razones anteriormente expuestas no adquirió, así como para ponerlo “al día” con su grupo escolar, por lo cual, aun tomando medicación necesita tratamiento especializado.
Este tratamiento, debe ser realizado por profesionales del área de la salud o educadores del área de rehabilitación, no puede llevarse adelante por una maestra de “apoyo escolar”, ya que al tratarse de una patología de origen neurobiológico, exige una intervención neuropedagógica e interdisciplinaria que provoque cambios en la estructura neuronal que tiene un comportamiento disfuncional o alterado, es decir, especialistas que actúen sobre el sustrato neuronal de la memoria, la atención, las emociones, las funciones ejecutivas, el sistema motriz y los módulos cerebrales responsables del lenguaje y el razonamiento.
Respecto al trabajo de la maestra en la Escuela, partimos de la base que todo docente, da lo mejor de si para sacar adelante a niños que presentan determinadas dificultades en diversas áreas, más aun hoy día donde se tiende a la integración de chicos con diferentes capacidades. El equipo de tratamiento externo que atienda al niño con TDAH puede asesorar y brindar a la maestra determinados materiales, adecuar las evaluaciones que le tomarán, darle contención respecto a las frustraciones que generan este tipo de alumnos, pero consideramos que muchas veces se depositan en las instituciones escolares, expectativas que exceden sus responsabilidades y cometidos educacionales , y ante la frustración se tiende a subestimar y desvalorizar la labor del maestro de aula. No debemos olvidar que el rol central de educación en valores de un niño debe ser la familia.
De lo anteriormente expuesto, se puede observar claramente, la angustia que sin duda vive este niño, al no poder controlar su conducta, sus impulsos, y como externaliza esa angustia, de una forma que resulta paradójica para el adulto, como indiferencia, oposicionismo, actitudes de aislamiento, de meterse en problemas, de no poder medir las consecuencias de sus acciones.
Estos chicos no suelen pedir ayuda, por lo menos de la forma verbal que esperaríamos.
Asi, los adultos en general, en una mirada rápida y desde nuestras urgencias de cumplir con las responsabilidades inherentes a nuestro rol ( padres, educadores, familia, etc), tendemos a ser bastante poco tolerantes con estas “personitas”, que realmente alteran, nuestro ritmo y vínculos familiares y nuestra planificación escolar.
Estos niños requieren tratamiento especializado, profesionales preparados para contenerlos, y para ponerles límites, para “educar” esas estructuras neurales que determinan su comportamiento rebelde y disruptivo, y que lo llevan a tener tan baja opinión de si mismo.
Y para trabajar junto con la familia y los docentes en las modificaciones ambientales, sociales, conductuales y cognitivas que mejor se adecuen a las necesidades y al estilo cognitivo del niño.
Niños hiperactivos y “difíciles”, hubo siempre, pero la sociedad y la familia, eran más solidas en el mantenimiento de determinados valores y pautas de educación y respeto, actualmente, vemos que se van haciendo más laxas, por diversas razones.
En las entrevistas con padres de niños con TDAH, ellos mismos reconocen que el niño “se les va de las manos”, que “ya no saben que penitencia implementar “, que no pueden mas… y si los papas no pueden, imaginen la frustración del maestro que procura desplegar todas sus estrategias posibles de seducción y contención para que el niño se motive a trabajar, y ese niño le presenta un muro infranqueable.
La tarea por delante no es fácil, pero en nuestra experiencia, todos estos niños, si han sido bien diagnosticados, y en especial el diagnostico a tiempo, en la infancia, y tienen un tratamiento acorde a sus necesidades pedagógicas, emocionales y conductuales, y un buen acompañamiento escolar y familiar, salen adelante, y en algún momento de su vida y de su escolaridad hacen ese “clic”, tan necesario y tan esperado por todos.
Prof. Neuropsic. Ing. Silvia Pérez Fonticiella.
Consultora en Neurociencias.









